
Consumo responsable
El consumo de bebidas alcohólicas, principalmente entre los adolescentes, es un tema que preocupa, no sólo por el daño que pueda provocar, sino porque pueden resultar peligroso para terceros. Quienes trabajamos con el vino u otras bebidas somos muy conscientes y respetuosos de esta realidad, aunque consideramos que el desorden o exceso en la ingesta de alimentos, particularmente del alcohol, en la mayoría de los casos es consecuencia de problemas sociales que atañen a los individuos y por ello tenemos una percepción bien diferente.
Vemos al vino como un alimento, tal como lo considera el código alimentario, también conocemos el trabajo que demanda llevar un vino a una botella. Está claro que nosotros sólo lo vinculamos al placer, al lujo y al gusto que cada consumidor pueda darse. Lleva para los argentinos una carga cultural muy grande.
Es una absoluta realidad que el consumo de vinos por persona, por año, ha bajado estrepitosamente en los últimos tiempos. La pregunta entonces será: ¿por qué se penaliza tanto al vino?
La cerveza ocupó una gran parte de ese volumen, consecuencia de un buen trabajo de los productores, un precio competitivo y una comunicación atractiva; sin embargo, contiene un alcohol relativamente bajo.
A su vez el consumo local de bebidas destiladas es también menor comparativamente a tantos otros países del mundo.
Es tema de reflexión y análisis los motivos que llevan a una persona a tomar por demás mientras que otros debatimos si con la educación sensorial no podríamos acercar a mucha gente a apreciar tantas bondades que los vinos y otras bebidas son capaces de ofrecer, que nada tienen que ver con ingerir alcohol.
En Europa se han desarrollado programas muy alentadores que hablan de consumo moderado, por lo que algunas personas vinculadas al sector ya estamos trabajando para sumarnos a esta dinámica y difundir algo que promovemos y se llama consumo o ingesta responsable.






