Convivir en la bicisenda. Nuevos códigos sobre ruedas

Las (cada vez más) transitadas ciclovías porteñas han sumado diversos actores, como las bicicletas asistidas o los monopatines eléctricos, y a veces el desplazamiento se vuelve complejo: ¿cómo circular en armonía en un terreno de reglas todavía difusas?
Las (cada vez más) transitadas ciclovías porteñas han sumado diversos actores, como las bicicletas asistidas o los monopatines eléctricos, y a veces el desplazamiento se vuelve complejo: ¿cómo circular en armonía en un terreno de reglas todavía difusas? Fuente: LA NACION
Sebastián A. Ríos
(0)
24 de agosto de 2019  

Una esquina porteña como tantas. Desde la mesa del bar cuya ventana ofrece una buena panorámica de la bicisenda que recorre la calle Borges, en Palermo, soy testigo de una discusión en la que un muchacho a bordo de un monopatín eléctrico le reclama el paso a un ciclista que habla por celular y pedalea lento. De este lado del vidrio no me llegan las palabras; sí más tarde escucho el "¡cuidado!" que una mujer en rollers lanza a un señor que, atento a los autos, puso un pie en la bicisenda sin mirar en sentido contrario (de donde viene la patinadora). En la ciclovía el tránsito fluye más veloz que por la calle, donde los autos se apelotonan en este mediodía invernal, pero de tanto en tanto surge algún entredicho que delata que no todos sus usuarios manejan un código en común.

"En las bicisendas veo mucha irresponsabilidad en cuanto al manejo y poco respeto de las normas", opina Juan Craig, que de lunes a viernes recorre cuatro kilómetros de bicisenda camino al trabajo en su bicicleta "eléctrica". "Hay que tener cuidado con las motos, que a veces usan las ciclovías, y con los peatones que caminan por ellas sin darse cuenta", agrega Cynthia Neumann, que pedalea por Villa Crespo tanto para ir a trabajar como en plan ocio.

La bicisenda de Borges, en la intersección con Guatemala, deja expuestos puntos críticos: la falta de cascos y el uso de celular en movimiento
La bicisenda de Borges, en la intersección con Guatemala, deja expuestos puntos críticos: la falta de cascos y el uso de celular en movimiento Fuente: LA NACION

Las bicisendas porteñas alcanzan una extensión de 236 kilómetros (llegarán a los 250 a fin de año), lo que permitió que el porcentaje de los viajes que se realizan en bicicleta en la ciudad pase del 0,4% al 4% entre 2009 y 2019. Pero el crecimiento no solo es numérico: se han incorporado nuevos actores, como las bicicletas asistidas eléctricamente o los monopatines eléctricos, y la convivencia, aunque buena, no está ajena de tensiones.

La falta de respeto a las normas de tránsito -las mismas que valen fuera de la bicisenda, como detenerse ante el rojo del semáforo- se cuentan dentro de las principales quejas de los propios usuarios. "La mayoría de los ciclistas manejan como si fueran inmunes a las señales de tránsito", se queja Silvana Bridas, de 42 años, usuaria habitual de las ciclovías de Núñez. "Es habitual que cuando freno porque se puso el semáforo en rojo me pasen por el otro carril y me miren como si yo fuera tonta por respetarlo", agrega. "Son los mismos ciclistas que, cuando no hay bicisenda, andan en contramano por las calles, o por las veredas, poniendo en riesgo a los que vamos caminando", señala desde su lugar de peatón Marcos Aguirre, de 47 años, vecino de Belgrano.

Otro mal hábito que rankea alto entre los usuarios de bicisendas es desplazarse con la atención puesta en el celular. "Hay ciclistas que manejan hablando por teléfono, muchos colegas lo hacen", advierte Emmanuel Ruiz, de 34 años, que con su bici brinda servicio para la firma de delivery Globo. "Yo trato de frenar cada vez que tengo que leer el celular porque me pasó de estar usándolo y empezar a perder el equilibrio", reconoce.

Otra de las faltas comunes sobre ruedas, de las más graves, es circular sin los requerimientos básicos de seguridad, como el uso de cascos o de luces reflectivas. "Hay problemas de educación vial y donde sí hay un déficit, y hago el mea culpa, es en el uso de dispositivos de seguridad", dice Manuel La Sala, arquitecto de 34 años, que utiliza los monopatines eléctricos públicos para viajes cortos que complementan el uso de colectivo o subte. "Al no ser tu vehículo y al tomarlo de la calle no usas el casco porque no andás con uno todo el día en la mano", explica a modo de reflexión.

Monopatines eléctricos, un nuevo actor que convive con las bicis en las ciclovías porteñas
Monopatines eléctricos, un nuevo actor que convive con las bicis en las ciclovías porteñas Fuente: LA NACION

Modificar estas conductas está en los planes de quienes fiscalizan el tránsito porteño. En los últimos meses se han comenzado a implementar controles a los ciclistas, que incluso implican la posibilidad de multar a quienes no cumplen con las medidas de seguridad (el valor de la multa es de 1480 pesos por cada infracción; así, si un ciclista circula sin casco y sin luces reflectantes deberá pagar 2960 pesos).

"Desde abril se comenzó a infraccionar a los ciclistas que realizan algún tipo de reparto, ya sea mensajería o sustancias alimenticias, y no cumplen con las medidas de seguridad correspondientes (casco, luces reflectivas) o circulan por la vereda o en contramano -comentó Juanjo Mendez, secretario de transporte de la Ciudad de Buenos Aires-. En un contexto en el que la cantidad de viajes en bici creció exponencialmente entendemos que es importante incentivar el cumplimiento de las normas básicas de circulación desde la fiscalización".

Miradas por sobre el hombro

La clásica conducta del "pistero" -tan argenta como el mate-, que adelanta a quien circula a velocidad normal y al pasar toca bocina señalando una aparente (pero falsa) lentitud se reproduce en las ciclovías. Y es algo que hoy queda especialmente expuesto por el hecho de que la cada vez mayor oferta de bicicletas públicas hace que mucha gente que tenía olvidado o al menos no ejercitado el hábito de pedalear empiece a desplazarse en bici.

Es el caso de Julieta Vargas, de 21 años, empleada de un call center, que usa las bicis naranjas en sus fines de semana. "No tengo bicicleta propia y siempre ando en la bicisenda porque me da miedo manejar en la calle con los autos -cuenta Julieta, mientras hace un descanso en su paseo con amigas por la bicisenda de Avenida Del Libertador, a la altura de Cavia-. Como yo ando normal tirando a lento hay muchas bicicletas que me esquivan para pasarme. Recién me pasaba que me desestabilizaba porque tenía el asiento un poco alto y otras bicicletas pasaban al lado mío y me miraban raro, como enojados".

Las diferentes velocidades de los diferentes vehículos que se desplazan por las bicisendas ejercen un efecto similar, que puede resumirse en el término intolerancia. "Uso rollers todos los días y me manejo siempre por la bicisenda -cuenta Flora Cerda, de 20 años; ella es francesa pero se encuentra en Buenos Aires estudiando-. Los rollers molestan a todo el mundo porque los ciclistas van más rápido que yo y los que caminan van más lentamente. Entonces siempre tengo que estar muy atenta a lo que tengo detrás o enfrente para no molestar. Nunca nadie se quejó, pero yo creo que es porque soy una chica".

Longboards, otro integrante de la vida en la bicisenda
Longboards, otro integrante de la vida en la bicisenda Fuente: LA NACION

Aun así, Flora señala diferencias que permiten una mirada más amigable con nuestra actitud en la ciclovía: "Comparado con París, que es donde vivo, acá la gente es más cuidadosa. Allá se chocan todo el tiempo y se pelean si una persona no está atenta", asegura.

Quienes entienden que la ciclovía es un espacio más de convivencia colaboran con que todo fluya mejor: "Tengo una bicicleta eléctrica que puede llegar a los 30 km por hora [la velocidad máxima permitida es de 25]. Cuando veo que no puedo pasar a una bicicleta normal, reduzco la velocidad, voy más despacio atrás de la bici", señala con normalidad Juan Craig, empleado bancario de 34 años, que cuenta que se compró una bici eléctrica para llegar al trabajo sin transpirar: "Me baño, salgo de casa y llego totalmente impecable al trabajo".

Peligro: peatones

Juan recuerda un mal momento reciente en la ciclovía: "Tuve un accidente con un peatón, que cruzó por la mitad de la calle y sin mirar para los dos lados; lo quise esquivar y me caí. Al cruzar una calle con bicisenda, los peatones suelen mirar solo para el lado del que vienen los autos", cuenta.

Es que sin lugar a dudas, uno de los factores más disruptivos en las bicisendas son los peatones: así como muchos ciclistas no tienen problema en pedalear por la vereda esquivando personas, no son pocos los porteños que aún no han incorporado la bicisenda como espacio público diferenciado de la vereda y de la calle.

Y si muchos peatones no contemplan la bicisenda en su esquema de movilidad urbana, aun más numerosos son los automovilistas que se resisten a hacerlo. Conductas como estacionar sobre la bicisenda o ignorarlas al doblar en una intersección por donde cruza una ciclovía son comunes. "En un cruce, algunos [automovilistas] que doblan permiten el paso pero otros directamente doblan, sin luz de guiño, sin prestar atención si por la bicisenda hay gente circulando", se lamenta Nicolás Fernández, de 25 años, que usa alternativamente monopatín eléctrico y uniciclo. "Los automovilistas se tienen que adaptar -sostiene Manuel La Sala-. Sobre todo en las calles de una mano, porque no miran a ambos lados cuando hay un cruce de bicisenda. Me ha pasado que te encontrás frenando de golpe con el monopatín en una esquina porque el automovilista no te vio".

Por último, están las motos. Para muchos de sus conductores, la bicisenda -cuando no la vereda- es otro carril más por el que optar si el tránsito está trabado...

Pero aunque con cierta tensión a veces, otras directamente con discusiones, el balance de la inclusión de las ciclovías no deja de ser positivo, ya que favorecen el uso de medios alternativos al automovil -bicis, rollers, monopatín, uniciclos-. El medio ambiente, la ciudad y sus habitantes, agradecidos. En todo caso, se trata de respetar ciertas reglas de convivencia.ß

Producción de Damián Frydman

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.