
Correr sin dorsal, un error
San Silvestre, en la Argentina, representa la última carrera del año en la ciudad de Buenos Aires. En 31 de diciembre de 2014 se corrió la 5° edición. De un año a otro, la prueba cambió su fisonomía y mejoró sensiblemente en varios aspectos: horario, hidratación, circuito y cantidad de inscriptos. El cambio de horario, de las 16 a las 8, permite aumentar el volumen de participantes. Además, en pleno verano, el calor y la humedad se soportan mejor en las primeras horas del día. Un ajuste que se hizo imprescindible hace dos ediciones, ya que correr con el sol en plena ebullición vespertina es un condimento nocivo y perjudicial para la salud. En la última edición, el crecimiento fue notable. De menos 3000 inscriptos llegó a más de 6000. El número habla por sí solo y allí aparece un disparador que se torna peligroso. ¡Para todos! Los atletas, de elite o amateurs, quieren correr siempre. En el caso de San Silvestre, solemos argumentar, es para despedir el año. Pero surge un interrogante que viene en franco ascenso en todas las competencias callejeras. Un mal ejemplo, una mala costumbre. Los corredores que participan sin dorsal. Una práctica negativa que esconde una verdadera falta de respeto.
La idea no es hacer una defensa del organizador desde el punto de vista económico, sino entender que quienes no se inscriben en la carrera y aun así la corren están perjudicando a su par, a su compañero de entrenamiento. El calendario de carreras suele regalarnos pruebas todos los fines de semana. Incluso hay domingos en los que hay varias competencias el mismo día. Basta elegir una para comprobar cuántos corredores participan sin estar inscriptos. "Está bien porque la calle es libre", suelen esgrimir algunos. Desde ese punto de vista es verdad. Pero, ¿es correcto que se aprovechen y utilicen los puestos de avituallamiento para hidratarse? ¿Es correcto que se apropien de la medalla de finisher al pasar la meta? En todos los casos, la respuesta es no.



