
Creamfields: el país de las Fantasías
Viajamos a la ciudad donde nacieron los Beatles para confirmar que, tras seis años en la ruta, el festival de música electrónica continúa siendo una de las atracciones más importantes del nuevo milenio
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LIVERPOOL.- Un rejuvenecido Paul McCartney deja la estación de tren de Liverpool, derecho por Lime Street. Se detiene frente a la luz roja de un semáforo, le sonríe cómplice a un John Lennon cualquiera y sigue en carrera hacia el concurso que lo convoca en esta ciudad inglesa que vive al ritmo de su propio soundtrack. Es un día clave de la Semana Beatle Internacional, además de un sábado especial. Los clones de estos emblemáticos personajes con look 60 empiezan a confundirse entre una legión de jóvenes modernos llegados de todas partes del mundo para participar, evidentemente, de la celebración de otra cultura: Creamfields, el festival de música electrónica más prestigioso en su tipo, está a punto de empezar en el ex aeropuerto de Liverpool. Toda una experiencia.
Desencajado, Superman sobrevuela el cielo siempre plomizo -y algo llorón- respondiendo a la inequívoca señal del logo de Cream. El y su pulposa compañera son los protagonistas del cómic creado por Rufus Dayglo y el colorista Len O´ Grady, la imagen elegida para Creamfields 2003, a propósito de la gran comunión de superhéroes de la música electrónica. Ocho carpas gigantes, dos escenarios, un parque de diversiones, espacios de recreación y relax, decenas de puestos gastronómicos, tiendas de merchandising y hasta una red de cajeros electrónicos conformaron la metrópoli que, en total, más de 50 artistas -entre DJ y bandas- encendieron sobre un gigantesco predio sembrado de césped.
En tren, bus, taxis, minicoopers y hasta a pie, ya a las tres de la tarde (horario de apertura del escenario outdoor , con Gus Gus) el desembarco del público pasa a ser una variable constante. Del otro lado del mundo los veinticuatro grados se viven como uno de esos días en los que, a la sombra, la sensación térmica supera los treinta. Igual, aire es lo que sobra y, aunque hay mil modos de paliar la sed, unos amables Cazafantasmas, con tanques de sidra como mochila, interceptan la caminata con sus surtidores free de Strongbow -la marca de bebida alcohólica también tuvo su "arena", donde pinchó y dio que hablar por su fama de hijo pródigo Luis Osbourne, el mayor de Mr. Ozzy-. Así y todo, nadie pierde la línea (estética), mucho menos la remera: la superproducción personal se mantiene inalterable con el paso de las horas, más y menos cool (con o sin uno de esos disfraces demodé), desde los pies tecnológicos hasta los pelos más sofisticados.
Un pedido masivo de paz en el escenario principal
- Cuando los islandeses de Gus Gus le pasaron la posta a Mint Royale, el Main Stage ya prometía ser inolvidable. Y bastó la sincopada frase "It´s the Staton Warriors crew", salida de la boca de un MC, para ratificar que comenzaría a desplegarse allí una programación artística impecable.
James Lavelle, con su fiel compañero de producción Richard File, puso en escena el show de UNKLE Sounds, invitando con una intro acústica a rememorar su primer disco y alcanzando sus más recientes trabajos en una hora de show. El desconcierto generalizado llegó cuando un muchachote blondo y rollizo se coló entre las máquinas dando por sentada una modificación improvisada en el line up del escenario. ¿Qué hacía allí Timo Maas? Nick Warren perdió el avión que lo llevaría directamente de Eslovenia y, en consecuencia, el alemanote tuvo su doble cita: primero con la desconcertada audiencia, y terminada la face reemplazo, en la carpa Essential Mix.
Suprema. Potente. Conmovedora. La aparición de Massive Attack fue un imán humano. Principal exponente de la música electrónica fuera de pista, la banda de Bristol - headliner del festival- entregó una hora y media de pleno disfrute musical y contundente anclaje visual. Desde escalofriantes presupuestos bélicos y porcentajes de emisión de dióxido de carbono hasta cantidades de muertos por bombas se plasmaron como un matrix sideral en la pantalla LCD que sale de gira con Robert "3D" del Naja . Una amalgama de trip hop ideológico y profundo que jugó con la ironía hasta plantear "¿El mundo es un lugar seguro?"
Con Grant Daddy G Marshall de regreso de la paternidad que lo alejó del último disco, la cantante escocesa Dot Allison (excelente equivalencia a la participación de Sinéad O´ Connor en el último disco), la morena Debbie (una voz que los acompaña desde sus inicios) y un quinteto de músicos, Massive entregó un hipnótica síntesis de 100th Window , partiendo de Future Proof. "¿Puedes sonreirme, por favor?", suplicó por cuarta vez un fan emocionado que mantenía en alto un cartel con el símbolo de la paz. Bajo un cielo completamente encapotado (¿o acaso aquel gris era parte de la metáfora?), sonó el himno: Unfinished Sympathy.
La hora y media de fiesta restante en el escenario (se apagó a la medianoche) corrió por cuenta del gran Oakie. Jugando de local, con hinchada propia, el superstar volvió a demostrar cuánto le gusta pinchar su propia música. Parecería que tendremos Bunkka para rato.
Cattáneo siempre está y la barra argentina, agradecida
- En la Essential Mix Arena de BBC Radio 1, el argentino Hernán Cattáneo navegó a través de diferentes estilos, climas y estados de ánimo. El set que comenzó apenas con cuatro personas en la pista, y que una hora y media más tarde ofrecía a carpa completa una versión personal y celebradísima de God Put A Smile Upon Your Face ( Coldplay), congregó a la delegación argentina en Liverpool. Como si el fervor celeste y blanco no fuera suficiente para identificarlos, portaban escarapela . La clásica camiseta a rayas que Guido llevaba en la cintura o el tatuaje "made in Argentina", expresado en código de barras, que Salvador selló de por vida en su tríceps. Residentes en Madrid y Londres, ellos movilizaron a sus novias y amigos en nombre del fanatismo. "Seguimos a Hernán por toda Europa -gritó, eufórico, uno de ellos-. El último año junté 14 argentinos y fuimos a escucharlo a Ibiza. Todos con remeras de la selección con el número 10. Al final de la fiesta terminó firmándolas, una por una."
De aquí para allá
- Calzado cómodo, buena resistencia y el schedule siempre a mano. Puntos claves de la acelerada corrida hacia los monstruos de cada carpa. Para el caso, Cream contó en sus listas con Tiesto -el DJ N° 1 hizo saltar a la gente hasta el techo- y Paul Van Dyk, para su sobredosis trance de 15 horas. El set de los Chemical Brothers, horas después de la maginífica pasada de Erol Alkan, movilizó Bugged Out, la arena que cerró su papi, Justin Robertson. Essential Mix puso en vivo a su conductor: con micrófono en mano, Pete Tong presentó en directo su programa subido a la cabina, durante la última hora del set de Sasha (en el aire, la música del galés estuvo pisada con separadores y todo). De la carpa del sello discográfico Subliminal no hubo por destacar mucho más que la presencia de Yousef (que fuera residente del Cream, el club) y Audio Bullys Soundsystem (por estos días llamados "los nuevos hermanos químicos"), mientras que la arena de la revista Mixmag, Frantic, Strongbow apenas si fueron sitios de tránsito.
La versión criolla del festival: ni tan lejos ni tan cerca
- Cuando en noviembre de 2001 Creamfields desembarcó en Buenos Aires, la sola idea de tener en el mismísimo Sur del Sur un festival como el de la escena electrónica más desarrollada del mundo era deslumbrante. Un año después -profunda crisis mediante- la segunda edición aparecía como un milagro representado con un notorio crecimiento de montaje y amplitud de criterios en todas las escalas. Sin embargo, la idea de que Creamfields BA es una adaptación de la versión original hecha para la Argentina siempre estuvo presente.
Después de "vivir" el backstage y la última gran fiesta en Liverpool, la conclusión sorprende (para bien): lo que tenemos en Buenos Aires es Creamfields, con todas las letras. Es cierto que en Inglaterra todo es más grande (el predio del ex aeropuerto triplica en espacio la sede de Puerto Madero) y la coyuntura económica del país hace que no sea disparatado pensar tanto en montar un parque de diversiones hasta pagar cachets de cientos de miles de dólares. Pero no hay muchos más secretos. Tenemos las mismas carpas, con similar tecnología y montaje, e igual tratamiento para un pretigioso team de DJ y músicos que, en su gran mayoría, ya pasaron por la Argentina.
El 15 de noviembre, nuevamente en el Dique 1 de Puerto Madero, la experiencia se repetirá. Creamfields BA crecerá en superficie (el perímetro se ampliará en una hectárea), en estructura (esta vez habrá dos escenarios y se sumará una carpa a las que ya estaban) y se multiplicará y mejorará la oferta gastrónomica. De las decisiones artísticas dependerá, finalmente, la calidad y el éxito de la propuesta. Aún sin nombres confirmados, se sabe que el line up internacional estará cerca de la veintena (entre DJ y bandas emblemáticas del género) y que la programación local tendrá no sólo a los exponentes de la electrónica sino a músicos provenientes de otros géneros (¿alguien escuchó hablar de Catupecu Machu o de la reincidencia de Babasónicos?). Todo, en el mismísimo Sur del Sur: The Real Creamfields .
La periferia musical
- De los autitos chocadores a la caída libre en un carro ubicado en la cumbre de una altiiiiísima torre luminosa, de la vuelta al mundo a una suerte de bungee jumping para dos. El parque de diversiones quizá sea el condimento extra musical más conocido de este festival que, además, invita aventurarse en experiencias poco ortodoxas. Como probar la "reoxigenación", una sesión de sólo tres minutos en la que el paciente en cuestión inhala oxígeno aromatizado a través de una sonda nasal. Otra particular propuesta del sector Aftershock (¡vaya nombre!) es la Brainmachine o una estimulación de ondas cerebrales a través imágenes y sonidos. La periferia artística de Creamfields se completa con un completo shopping de objetos clubbers -cornetas de todo tipo, color y tamaño, silbatos, gorros, rain poncho´s (sí, así le llaman a las capas de lluvia), cámaras de fotos, y merchandising alegórico.
Presupuesto
- Se sabe, Inglaterra es uno de los países más caros del mundo, pero veamos cuánto cuesta “vivir Creamfields”. La clave: multiplicar por 4,5 cada libra para entender su equivalente en pesos criollos. La entrada al festival cuesta £ 47; un taxi desde el centro, £ 15; el programa (elemental tener uno), £ 5; un agua mineral o una gaseosa, £ 2; una hamburguesa con queso, £ 4,50; una vuelta en algún juego mecánico, £ 4. Total: £ 77.50 (lo mismo que decir: $ 348,75).





