Criada en la panadería familiar, se formó como modelo y unió sus pasiones en un trabajo que derriba mitos: “Con esfuerzo se puede”
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Rosarina de cuna, Antonela Fredianelli (33 años), nació literalmente con el pan bajo el brazo. Su familia es la cuarta generación de panaderos. Fue su bisabuelo Francisco, que llegó de Italia en 1930, quien fundó “Daperno” y el Centro de Panaderos de Rosario; legados que continuaron sus hijos y nietos, en la década alfonsinista.
Inquieta, curiosa y siempre ávida por aprender, Antonela se crió entre facturas y tortas, pudo reconocer los estilos y nombres, y en unas pascuas, con el local lleno de gente y una larga fila en la vereda, comenzó -casi como un juego-, la atención al cliente, pesar el pan o servir las masas en las bandejas. Años más tarde, con la experiencia que había adquirido, oficializó su cargo como cajera.

Cultura de trabajo y esfuerzo
“Admiraba a mis abuelos, y a mis padres que, con tanto sacrificio comenzaban sus días a las cuatro de la mañana para que el pan y las facturas estuvieran listas a primera hora. De ellos aprendí la cultura del trabajo y del esfuerzo”, recuerda. Fue en ese semillero de esfuerzo y dedicación que, en forma paralela al trabajo que hacía en el negocio familiar, comenzó a estudiar comedia musical.
“Sentía que tenía una facilidad natural tanto para actuar como así también para bailar. Recuerdo que de chica quedaba fascinada viendo en la televisión programas infantiles donde bailaban y cantaban y yo jugaba a imitar esas actuaciones. Sin lugar a dudas es algo que me remite a mi infancia, a Rosario, a mi mamá dándome la merienda y yo prendida a la tele. Ya de grande, cuando decidí estudiar, viajaba 300 km hacia Buenos Aires para estudiar con Lito Cruz, Osvaldo Santoro, entre otros y regresaba”.
Fue en su infancia también que surgió el interés por el periodismo. “Por mi eterna curiosidad, miraba reportajes que le hacían a mis ídolos y me preguntaba: ¿por qué no le preguntó tal cosa o tal otra? Quería, sentía la necesidad de ser yo la que preguntara, Luego cuando comencé a estudiar y a trabajar como periodista quedé atrapada como un insecto en la telaraña. Dicen que los periodistas tenemos un mar de conocimiento pero con dos centímetros de profundidad y trato de esforzarme cada día, estudiando a mis entrevistados y reuniendo información en forma constante para que ese mar tenga muchos metros de profundidad en los temas que abordo”.
Primeros pasos

Mientras daba sus primeros pasos en el periodismo, pudo dar forma a un sueño: trabajar junto a un referente de la oratoria dinámica, Daniel Mongelli, “Ganar o Ganar”, un método que ambos ofrecían en formato de espectáculo con una interesante dosis de humor en diferentes espacios culturales y académicos. Llevaron aquella obra durante seis años por lugares prestigiosos como el Teatro Broadway de Rosario, el Paseo La Plaza, el Colegio Público de Abogados, la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), entre otros. Siempre fue fiel a la carrera de periodismo, trabajó en la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires y en el Consejo Económico y Social.
A los 26 años decidió emprender hacia el exterior para continuar con sus sueños. El proceso fue planificado, “con la constancia que requieren los grandes procesos. En principio acompañé a mi marido que fue a Miami a trabajar y después en forma lenta y constante fui dando pequeños pasos. Me llamaron de Argentina para cubrir el evento cuando arrasó el huracán Irma y después cuando había algún suceso relevante”.
Aunque estaba un poco alejado de las disciplinas en las que se había formado -o quizás no tanto como ella creía- las primeras oportunidades surgieron como modelo conductora de “Celebrity Cars”, edición Miami, y luego continuó con novelas como Betty en New York, La suerte de Loli, La mujer de mi vida, entre otras en Telemundo, uno de los principales canales de aire de los Estados Unidos. Luego cubrió carreras de autos, hizo participaciones en novelas internacionales y actualmente conduce dos programas de TV que salen a toda América Latina. “La preparación y capacitación siempre fue algo constante en mi vida y de ese modo llegan las oportunidades. Como decía Picasso: la suerte existe, pero nos tiene que encontrar trabajando”.
Reivindicar la profesión

Antonela asegura que la facilidad para adaptarse a nuevos escenarios y contextos es una de sus virtudes. “He tenido que adaptarme al paso de Rosario a Buenos Aires siendo chica y estando sola. Eso forjó mi carácter, gracias a la confianza que me brindaron mis padres. Después de Buenos Aires a Miami. Nunca las cosas son fáciles y si no son difíciles mucho no me gustan. Amo los desafíos”.
En todo su camino adquirió experiencia, conoció otras culturas, otra gente y pudo continuar con capacitaciones y formaciones. “No niego que también gané calidad de vida, estabilidad económica y seguridad. La experiencia de vivir en Miami es única ya que es el centro latino del mundo”.
Mientras, al otro lado del mundo, la panadería familiar se mantiene en pie. “Si no digo que hacen las mejores facturas me matan. A la panadería la sostienen mis padres con el sacrificio de toda la vida. Estamos en una situación difícil, pero ¿cuándo fue fácil algo en Argentina? Desde nuestros abuelos que la lucharon viniendo de Europa y para mí ese esfuerzo y capacidad de trabajo es inspiracional”.
A la distancia y a pesar de que es consciente de las dificultades que presenta en forma crónica en país, asegura que volvería. “¿Cómo no voy a volver si nunca me fui del todo? Una parte de mi corazón está en Rosario, ciudad que amo, donde también están mis padres, mi hermano, mi sobrinos, amigas y afectos. Lo mismo me sucede con Buenos Aires, ciudad en la que viví muchos años. Cuando una viaja no sustituye un lugar por otro sino que lo añade. Es como preguntar a quién quiero más a mi papá o ami mamá. Son amores distintos y una va allí en dónde se puede desarrollar, donde valoran su trabajo y se siente cómoda. Estados Unidos ahora es mi presente y mi futuro. Mi objetivo es convertirme en una modelo conductora que aporte originalidad, desmitificando la creencia de que las modelos no tenemos capacidad para conducir. Es una oportunidad para demostrarle a la generaciones futuras de chicas que con esfuerzo, disciplina y contenido se puede potenciar esta carrera apasionante”.
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