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Jardinería

Cuáles son las plantas ideales para cultivar cerca del mar

Florencia Cesio
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17 de enero de 2019  • 00:00

Las gazanias pueden vivir en condiciones extremas y suelos arenosos.
Las gazanias pueden vivir en condiciones extremas y suelos arenosos. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Las plantas de los jardines muy cercanos al mar crecen bajo condiciones especiales: vientos que llegan a ser fuertísimos, brisa con sal y suelos muy arenosos e incluso salinos. Sin embargo, hay numerosas y llamativas especies que pueden cultivarse en ellos.

La elección es fundamental. Muy cerca del mar es importante que se elijan plantas que crezcan bien en suelos arenosos, que tienen la característica de retener poco el agua que percola, ya que se escapa rápido hacia la profundidad y se evapora fácilmente en la superficie. Además, son suelos con pocos nutrientes, que sufren cambios bruscos de temperatura.

Izquierda: Thevetia peruviana. Derecha: Perovskia atriplicifolia.
Izquierda: Thevetia peruviana. Derecha: Perovskia atriplicifolia. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

En los jardines que están ubicados muy cerca del mar la salinidad también es un factor muy limitante. El aire salino puede quemar las hojas más sensibles y, en un suelo con alta salinidad, es posible que el agua no pueda entrar en las raíces en la mayoría de las plantas. Sin embargo, hay numerosas especies que conviven con estas condiciones exitosamente: las plantas halófitas. Su mecanismo básico de supervivencia es acumular sales en los tejidos, de manera de mantener más concentración de sales que el agua del suelo y así hacer posible su absorción por las raíces.

En cuanto a la creación de jardines, las dificultades varían según la locación –más o menos cercana a la orilla– y la alta variabilidad a escasa distancia que suelen tener los suelos.

Para tener en cuenta

  • Poner énfasis en la elección de plantas que soporten las condiciones costeras sin demasiados cuidados. Que sean de larga floración o que florezcan durante el verano, cuando más se disfrutan.
  • Los vientos se atenúan rodeando el jardín –en sus ángulos más vulnerables– con el freno de barreras verdes, que pueden ser de arbustos . No deben ser impenetrables para no originar turbulencias.
  • Al hacer la plantación, es adecuado cavar un hoyo grande y acondicionarlo con buena tierra para que en los primeros años las plantas estén más protegidas. No olvidar de tutorar fuertemente los árboles y también los arbustos.
  • En algunos jardines es factible agregar una capa de tierra rica en materia orgánica o mejorar el suelo existente con compost.
  • Usar mulch, por ejemplo, colocando una capa de chips de corteza, lo que disminuye la evaporación y protege a la planta de los cambios bruscos de temperatura del suelo, muy comunes en los arenosos. Con el tiempo, ese mulch se incorpora al suelo y lo mejora (y habrá que renovarlo).
  • En algunos casos, considerar la incorporación de riego.

Izquierda: Pittosporum tobira. Derecha: Westringia fruticosa.
Izquierda: Pittosporum tobira. Derecha: Westringia fruticosa. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Algunas especies aptas para jardines costeros

Los subarbustos son una maravillosa opción para los jardines cerca del mar. Hay opciones sumamente rústicas que permanecen floridas y en forma de primavera a verano. Uno muy noble, -que soporta suelos arenosos, algo salinos y mucho sol, es Phlomis fruticosa, la salvia de Jerusalén. Su follaje grisáceo contrasta con las inflorescencias de un amarillo azufre, que aparecen durante la primavera y el verano. Crece cerca de un metro de altura y algo más de diámetro. Otro es el Leonotis leonurus, de hasta 1,5 m de altura cuando se encuentra en plenitud. Su lugar de origen es Sudáfrica y recibe el nombre de oreja de león por el aspecto de las flores color naranja intenso, que se disponen en verticilos en las inflorescencias. Es una planta que atrae colibríes y que requiere algo de riego en verano y cierto acondicionamiento del suelo con materia orgánica. Se propaga por división de matas en otoño.

Izquierda: Leonotis leonurus. Derecha: Phlomis fruticosa.
Izquierda: Leonotis leonurus. Derecha: Phlomis fruticosa. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Ver un Echium candicans en flor es admirarse. La planta en estado vegetativo no dice mucho, es poco más que una roseta de hojas algo glaucas; pero todo cambia cuando al florecer se elevan más de un metro. Tiene largas y gruesas espigas compuestas por pequeñas flores de color entre azul y lila, que en la mezcla crean un efecto tornasolado. Es una planta de corta vida, por lo que hay que propagarla separando los renuevos que crecen de la base en primavera, para tener recambio a mano.

Lavatera maritima es un subarbusto de corta vida, de la familia de las malváceas, que se puede propagar por esquejes en primavera o por semillas. Es muy resistente y muy agradable con sus inflorescencias verticales. Da un lindo aire silvestre a los jardines y se adapta a suelos arenosos.

Izquierda: Callistemon citrinus. Derecha: Eleagnus sp.
Izquierda: Callistemon citrinus. Derecha: Eleagnus sp. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

La Perovskia atriplicifolia, la salvia rusa, soporta casi todo: ambiente salino, sequía, gran insolación. Florece de primavera a otoño, con una extensísima floración color lavanda. Tiene un porte algo desordenado, que es incluso un plus en jardines de estilo silvestre. Alcanza hasta 1,5 m de altura y algo menos de diámetro, y durante el invierno desaparece. Se reproduce por división de matas.

Las hortensias son arbustos que, bajo el influjo del aire húmedo, tienen una larga floración. Hay que ubicarlas en lugares protegidos de los vientos fuertes y acondicionar bien la tierra en la plantación. Necesitan mucha agua y hay que proveérsela, pero vale la pena.

El australiano Leptospermum scoparium está siempre preparado para todo. La especie tipo tiene flores blancas, y rojas la variedad ‘Red Damask’. Esta última alcanza 2 metros de altura y uno de diámetro. Las hebes ( Hebe speciosa) son pequeñas, pero floríferas y atraen mariposas.

Izquierda: Pittosporum tobira. Derecha: Westringia fruticosa.
Izquierda: Pittosporum tobira. Derecha: Westringia fruticosa. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Otros arbustos que soportan las condiciones de los jardines de la costa marina son el Pittosporum tobira en todas sus versiones, los muy rústicos Elaeagnus x ebbingei, la Thevetia peruviana y Nerium oleander (hay que recordar que estos dos últimos son tóxicos). También el calistemon, con el fuego de sus flores a veces difíciles de armonizar en un jardín, pero siempre impactantes. El Raphiolepis umbellata soporta bien la salinidad y es interesante por su follaje, aunque las flores aparecen a fin de invierno o inicio de primavera. Las encantadoras budleias tienen la compañía inseparable de las mariposas; como las nativas lantanas, con sus multicolores floraciones. Las correctas westringias ( Westringia fruticosa) están siempre prolijas, con sus frecuentes flores blancas chicas, y alcanzan de 1 a 2 metros de alto y de diámetro. Los romeros ( Rosmarinus officinalis) dan la posibilidad tener el lujo de un cerco fragante.

Izquierda: Escholtzia californica. Derecha: Buddleja davidii.
Izquierda: Escholtzia californica. Derecha: Buddleja davidii. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Entre las herbáceas, los formios ( Phormium tenax) son todoterrenos: crecen en diferentes condiciones, soportan el viento con sus flexibles hojas y sirven para crear reparos que permiten el cultivo de plantas bajas y más sensibles al viento. Con el mismo fin, las nativas cortaderas son también insuperables en cuanto a capacidad de supervivencia. Se llaman así porque la epidermis de sus hojas acumula sílice, especialmente en los bordes de las hojas, que tienen un filo cortante; esto disuade a los herbívoros. Luego, durante el verano, aparecen los penachos con el blanco más acentuado y hasta con tintes lilas.

También podemos considerar la Dianella tasmanica, con su follaje llamativo de hojas acintadas y sus pequeñas flores azules como suspendidas en el aire; o las bulbosas crocosmias, con el naranja-rojo de sus inflorescencias. En pequeñas plantas floridas no hay límites. Entre las perennes florales, las gazanias pueden vivir en condiciones extremas, en suelos francamente arenosos.

La Lobularia maritima, el aliso, puede formar un delicioso cubresuelo blanco con su interminable floración con perfume a miel. Son plantas anuales, pero suelen resembrarse solas, como la amapola californiana (Eschscholzia californica), igual de rústica y florífera. También las caléndulas toleran situaciones muy comprometidas.

Como flores perpetuas, aquellas que pueden utilizarse -incluso como flores secas- se pueden sembrar los limonium, muy resistentes a la salinidad del suelo.

Entre muchas trepadoras están la Muehlenbeckia complexa, que también permite crear acolchados cubresuelos, o la vibrante Santa Rita ( Bougainvillea).

Las pioneras

En la primera línea cercana al mar, en las dunas, pueden crecer plantas pioneras que lo resisten todo y modifican el ambiente, como el Tamarix gallica. También es común ver a la sudafricana uña de gato (Carpobrotus edulis) esparcida sobre las dunas. Tienen hojas suculentas, una característica que comparten muchas plantas halófitas, y son capaces de sobrevivir en condiciones extremas. "Uña de gato" se llama por la forma de los hojas triangulares y erguidas. Entre las súper plantas que resisten vivir en la arena, también están las acacias, como la australiana Acacia longifolia, un arbolito o arbusto que no alcanza más de 5 metros de altura o la Acacia melanoxylon, la acacia negra. Estas plantas fijan las dunas, modifican el suelo aportando materia orgánica, con lo cual permiten que crezcan otras. Muchos pinos también son resistentes, como: Pinus pinaster, P. radiata, P. pinea, P. canariensis, P. nigra.

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