
Cuando las mujeres hablan de hombres
Desde el escenario, ellas se ríen de los hombres y abren la ventana de un mundo que hasta hace unos años era estrictamente confidencial. La clave no es el feminismo, sino el humor y la recompensa son éxitos de boletería que no dan señales de declinación.
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Dice una voz popular que las mujeres avanzan sobre el teatro a paso redoblado.
Una mecha que se encendió en el verano de 1991 con el estreno de Brujas y que viene a culminar en el año del Señor de 1997, con la séptima temporada en cartel de esta obra, rodeada de varias otras que vinieron detrás quizás aprovechando el camino abierto, quizá porque es el momento justo. Sea por lo que fuere, las salas se llenan de carcajadas femeninas, de oídos de mujeres atentas que acuden en masa a ver cómo otras mujeres, desde el escenario, echan leña más claramente que nunca a un fuego que fue encendido en la noche de los tiempos: el hombre, la mujer y las relaciones que los unen o los separan. Acido y pimienta para hablar de un tema que quita el sueño en más de una noche de domingo y no aburre jamás.
Nosotras que nos queremos tanto, Ella y yo... dos mujeres, Tres mujeres altas, Extrellas, Confesiones de mujeres de treinta, Flores de acero . Con más o menos éxito, la lista de títulos es extensa. Y ahora, desde enero último, se agrega ¡Hombres! , de la catalana Companyia T de Teatre, que ya durante las primeras cinco funciones fue vista por 1400 espectadores.
Lo cierto es que por todo el ancho mundo ya no queda demasiada gente dispuesta a festejar con maracas el dicho que reza que las mujeres son úteros rodeados de otros órganos o animales de cabellos largos e ideas cortas. Directoras con visiones tan femeninas como Jodie Foster y Jeanne Campion se abren paso en un universo que hasta ayer era de señores.
Confesiones de mujeres de treinta se expone con idéntico éxito en Brasil, la película El club de las di- vorciadas revienta taquillas en todo el mundo y hasta tiene una dirección en Internet. Moda, tendencia o momento excelente del mercado, la novedad consiste en que estas obras dicen lo que pocas veces antes se ha dicho tan claramente y con humor. Desnudan las obsesiones femeninas, las indiferencias masculinas, las ansiedades y los miedos, y despiertan entre el público -en su mayoría mujeres- guiños cómplices, como quien dice: "Me río, pero me pasó en serio".
En nuestro país, Brujas desmalezó el camino y detrás vinieron más, atropellando. Hoy el terreno está lo suficientemente abonado.
Tanto que los encargados de producción del complejo La Plaza reconocen que no tuvo poco que ver el hecho de que ya existieran obras de este tipo con buena concurrencia de público para decidirse a traer ¡Hombres!, el crédito catalán que vieron en España más de cuatrocientas mil personas. Las actrices, Mamen Duch, Miriam Iscla, Marta Pérez, Eli Iranzo y Carme Pla encargaron los textos a cuatro autores (Sergi Belbe, también director, Ferran Verdés, Francesc Pereira, Josep M. Benet y Jornet) y escribieron dos cuadros ellas mismas (una conversación entre mujeres, una clase de sexualidad masculina) que resultan ser los más despiadados. Historias de hombres escritas por hombres e interpretadas por mujeres que hacen de hombres.
Las cinco actrices hablan con un jugoso acento español bajo la sombrilla de un barcito porteño. Una de ellas, Miriam, dice que no puede creer el éxito que tienen en la Argentina las obras con una temática que atañe a las mujeres. Una rubia pequeñita de rulos cortos, Carme, intenta una conclusión.
-La mujer tiene más capacidad de reírse de ella y del hombre. Y luego que es la mujer la que más va al teatro. Le interesa más el tema de la problemática hombre- mujer. El hombre tendrá la misma problemática... pero como que no se preocupa tanto.
Comenzaron en Barcelona haciendo Pequeños cuentos misóginos , de Patricia Highsmith, en 1991. Nadie las conocía, entonces buscaron un texto que incluyera a cinco mujeres de la misma edad. Ensayaron, lo representaron... y empezaron a treparse con éxito a los escenarios para contar obsesiones extremas: una mujer que queriendo tener hijos tuvo 17; otra que queriendo casarse entregó la mano... pero la mano real, cortada de un hachazo. ¡Hombres! , la obra que presentan en Buenos Aires, es más piadosa.
-La crítica que hacemos aquí es muy a grosso modo -sonríe, angélical, Carme-. Si hubiésemos querido ser un poquito más malas... hubiésemos podido. Porque somos muy buenas.
-Si la Highsmith hubiera estado viva, nos escribía ella los textos y los deja a los hombres mucho peor -se ríe Mamen, un perfil catalán como seguramente no hay dos.
-Claro, meterse con los miedos de ellos, ir más al fondo, a sus corazas, a todas esas cosas que les impiden relacionarse con nosotras, más de tú a mí -se entusiasma Carme-. Encargamos los textos a hombres para que hubiera más puntos de vista. Porque si hubieran sido mujeres escribiendo, actuando y dirigiendo, hubiera sido todo muy lineal.
Sentadas en semicírculo sobre el escenario en el único cuadro en el que hacen de mujeres, repasan el mundillo masculino con una cotidianidad tan sutil como un clavo: hablan de los hombres que sudan, duermen con las ventanas abiertas y ocupan toda la cama, los barrigones, los que dicen te llamo y no te llaman, los inútiles, los bobos. Es la otra cara, el resultado de lo que ellos obran a conciencia pero que nunca ven, la mujer en la intimidad de su queja por un llamado que no llegó, la desilusión de la muchacha que confirma que él no va a subir a su departamento, la chica que en realidad no sabe cómo presentarlo en sociedad: mi novio, mi marido, mi concubino, mi amante, mi chico... mi cosa.
-Con esta obra, ellos espían nuestro mundo -dice Mamen-. Observan cómo los vemos nosotras. Muchos luego nos dicen: "Pero cómo os dais cuenta de que si te acompaño a tu casa de tal modo o tal otro significa que me quiero quedar, o que no voy a pasar la noche contigo". Parece como que se sorprenden de que seamos tan vivas y de que veamos lo que hay detrás de sus intenciones. Ellos lo hacen, pero piensan que nosotras no nos damos cuenta. Y les encanta. Porque es como si nosotras fuéramos a un vestuario de hombres a ver cómo hablan de nosotras. A mí me encantaría verlos por un agujerito a ellos, pero creo que a las mujeres les cuesta menos hablar sinceramente de sus sentimientos. A los hombres les cuesta más hablar con un amigo íntimo, pueden no llegar a decir: "Estoy fatal, porque me pasa esto, porque esta mujer me ha hecho esto o lo otro". Siempre hay como un disimulo.
Si hay algo ausente en estas puestas es el disimulo, la mirada indulgente. Pero no todos parecen disfrutar. Las mujeres se miran como quien dice ya entiendo y los hombres... sí, algunos hombres se levantan y se van.
-Pero poquitos, ¿eh? -dice Mamen.
Parece haber llegado el momento de hablar de ronquidos, de plantones de dos horas, de la costumbre de mirar el fútbol cada domingo hasta el fin del mundo. Ha llegado el momento, parecen decir ellas, de que entiendan que lo sabemos todo, que podemos ser peligrosas como hojitas de afeitar, que incluso hay derecho al odio, al rencor, al abandono y al hartazgo. Ramón se llama el hombre que en un cuadro de ¡Hombres! lee el periódico sin atender a los reclamos de su mujer, que finalmente lo abandona.
-Pero lo de Ramón deja muy mal paradas a las mujeres también, ¿eh? -se adelanta Carme, para igualar los tantos-. Esa mujer no le explica nada, es todo a los gritos y él ni se entera de qué está pasando. Es una explosión histérica y las explosiones no sirven. En ese cuadro salen mal parados los dos.
-Lo del periódico es cierto -dice Mamen-. Cuando estás en pareja, él está con el periódico y tu comentas: "Ay, mira la noticia y tal..." y él, bueno, está con su periódico y te mira casi con odio. O cuando está mirando el fútbol, que entonces ahí ni dices ni comentas ni nada. Entre los hombres de treinta quizás hay menos como éste, pero los de cuarenta... Pero los de treinta lo son un poco menos porque van en camino de serlo.
-Yo creo que el Ramón gusta mucho porque afecta a las mujeres de cincuenta -sacude sus rulos y deja los ojos en reposo Carme-. Son mujeres que han seguido lo que tocaba, pero que tienen esta queja adentro. Que sienten por parte de él que no trabaja la relación, que no se preocupa por ella. Por eso creo que gusta mucho a mujeres de cierta edad, que tienen necesidad de reivindicarse, reírse de todo eso.
-Claro, planteado como un drama no vendría tanta gente. Si el drama lo tienen en casa -se ríe el perfil magnífico de Mamen.
-Hemos vivido esto, es más una propuesta de divertimento y no otra cosa -dice Miriam, seria y segura-. Hay muchas cosas que ni nos han tocado a nosotras. Ramón no nos ha tocado.
-Mi padre se llama Ramón... y es bastante como el de la obra -se ríe Carme.
-Y luego que todas hemos tenido un novio o pareja que se llamaba Ramón -se ríe Mamen.
-Pero lo hemos visto en nuestras familias o en nuestros amigos -sigue Miriam-. Siempre viene uno y te dice: "Yo tengo un amigo que es igual a tal..." y bueno, por no decir: ése soy yo. Algunos opinan que tampoco nos pasamos tanto con los hombres. Hay otros que se quejan: "Salimos mal, cómo nos han puesto". Las mujeres dicen que somos light .
Ellas dicen que serían mucho peores. Una mujer que lleva treinta años de casada nos dijo: "Yo tengo tema... pero para mucho más".
-El otro día vino un actor a vernos y nos dijo: "Pero qué bien, qué bien la obra, y además qué bien nos dejáis, nos tratáis con mucho cariño, mucha ternura" -cuenta Mamen-. Y yo digo que es verdad. Porque es una comedia, entonces hay ternura. Donde hay risa hay ternura. El cuadro de la alopecia igual es muy duro, porque te metes con los calvos.
Pero igual estás diciendo que, bueno... un calvo es más viril.
Se ríen a coro. Estas obras, puentes sobre un río que separa dos mundos que se atraen, se seducen, se mordisquean y a menudo se despedazan, logran que todo el mundo se ría de todo el mundo. Que a fuerza de no tomarse en serio nada las señoras y señoritas miren con cariño al marido arrastrado hasta el teatro, el mismo marido que en casa no deja de ver Fútbol de Primera ni ante un tornado grado cinco. -Es que el hombre no es un enemigo, sino un igual -sigue Mamen-. Ahora ya no tiene sentido el feminismo radical. El solo hecho de ponerle una etiqueta, ya sabes, es como si la mujer fuera una cosa marginal. No creo que uno tenga que reinivindicarse como mujer, sino como persona. La etiqueta de Día de la Mujer... yo la encuentro una animalada.
Creen que los hombres son más directos, menos complicados. Que, a la hora de encontrar explicaciones, las mujeres son las campeonas del oficio de dar vueltas. Miriam mira hondo con sus ojos claros.
-El hombre piensa: "Esto es así y asá". Y nosotras pensamos: "No, esto debe venirle porque ya su madre era así... y su padre... él ya no me quiere... antes no hacía estas cosas". Y quizás es que sólo tiene un mal día.
-De todos modos, ahora se han puesto las cartas sobre la mesa -se entusiasma Carme-. Hasta ahora, la mujer tragaba mucho. Y llegado un momento dice: "No trago más, o trago menos". Por eso parece que las relaciones con el hombre ahora estuvieran más difíciles que nunca. Pero creo que eso no es cierto. Es igual de difícil que antes, o menos difícil.
-Lo cierto es que las mujeres se identifican con la obra -dice Mamen-, porque muchas veces ves la platea en primera fila y las mujeres están asintiendo con la cabeza, entusiasmadas, y ves que agarrarían las sillas y se subirían al escenario a hablar contigo. Si no reconoces una cosa, si no te identificas mínimamente con ella, no te ríes. Si pones un esquimal allí dentro, no se reirá, seguro.
La compañía se compone de dos mujeres casadas -Martha y Eli- y tres solteras. En total, de cinco mujeres que no pueden entender la vital importancia que tiene en la Argentina estar casada, soltera, ser concubina o amante. Tener o no tener un hombre al lado, esa cuestión que desvela por estas pampas, las sorprende. Mamen, en representación de las solteras, dice que ellas se llevan bien con su estado.
-Bueno, hacemos lo que se pueda. De todo: novios, amantes, concubinos. Pero mira, aquí en la Argentina la manía de que si tienes treinta ya tienes que estar casada y tener hijos es terrible. Aquí es muy importante estar casada o no estar casada. En España, nunca en una nota me han preguntado si estoy casada. Y tener hijos a esta edad, o que no tengas pareja... En España, la gente tiene hijos a los 35. No tienen nada de prisa, porque al ver que la gente se ha equivocado tanto... no hace falta correr para equivocarse. Tener un hijo y adiós muy buenas... no.
Eli, 33 años, doce de casada, dice que decidió hace tiempo no tener hijos. Y que son las mujeres las que menos la entienden. Aun en España, y aun entre actrices.
-Mira, yo no quiero tener hijos, pero eso aquí y en Pekín. Y lo que me da por las narices es que las mismas mujeres te dicen: "¡Pero cómo... !" Es como que por ley de vida tú no puedes decidir. Tienes que ser madre. Lo peor es que los hombres nunca me han dicho nada. Son las mujeres las que dicen: "Qué espanto, que desalmada". La gente dice que si no tienes hijos no te sentirás realizada. No sé lo que se entiende por realizada. Yo he visto gente que no está nada realizada y tiene un montón de hijos.
-En todo caso, en España a las mujeres que están solas a los treinta años... pues bueno, no se las mira ni un poquitín distinto. Yo recuerdo una anécdota de una amiga casada que hacía muchos años que no veía. Entonces la encuentro y me dice que tiene un montón de hijos. Yo le digo: "Ay, qué bien". Y me dice: "Bueno, ya ves, tú haces funciones y yo hago hijos". Figúrate. "Igualito que hacer funciones", pensé.
Se ríe. No sin su cuota de ácido. De ácida mujer bañada en mieles.
A partir del gran imán que fue la presencia de Moria Casán, Brujas abrió el camino para el éxito del género. Hubo algunos reveses, pero la tendencia triunfal de las obras femeninas no termina
Las actrices de Brujas han realizado más de 2000 funciones. Las vieron 1.300.000 personas y están entrando en su séptima temporada. Pero aún los involucrados en el proyecto dicen que el éxito que lleva, temporada tras temporada, aluviones de señoras a ver la obra en la que se habla de traiciones, angustias, desengaños, hipocresías, no tiene mayores explicaciones.
-Yo soy enemigo del marketing en el sentido de que no me gusta hablar de los éxitos antes de hacerlos... y después no tiene sentido -dice Carlos Rottemberg, productor de Brujas -. Si yo supiera por qué tuvo éxito, habría hecho quince Brujas más.
Suena divertido y sincero a través del teléfono desde el teatro Corrientes de Mar del Plata, ahora que la obra rueda sin cesar entre esa ciudad y Carlos Paz.
-No creo que esto de las obras con mujeres y para mujeres sea una tendencia. Se han hecho cientos de obras con mujeres, escritas por mujeres, dirigidas por mujeres, que no las fueron a ver ni los maridos. El año último en el Tabarís yo estrené La mujer invisible , con dirección de China Zorrilla, con Inda Ledesma y Norma Pons. Y no fue a verla ni el sobrino de China Zorrilla. Entonces, qué sé yo por qué esto es un éxito. No tengo ni idea. Si yo hago memoria, son más los fracasos que he tenido con obras de mujeres hechas por mujeres que los éxitos. Puede ser que estas obras tengan un punto de vista distinto, pero creo que lo mismo hacía Oscar Martínez con El último de los amantes ardientes , por ejemplo. Y bueno... eso no fue una tendencia o un fenómeno.
Graciela Dufau, una de las brujas , reconoce con orgullo que al teatro van en su mayoría mujeres, pero se queja de que haya que destacarlo, señalarlo, recortarlo como un fenómeno.
-Siempre que las mujeres hacemos algo, nos ponen bajo la lupa. Me parece que las mujeres todavía estamos pidiendo disculpas. "Perdón, ¿eh? Vamos a ocupar un lugar en la televisión", "Perdón, ¿eh? Vamos a ocupar el teatro". Perdón, disculpe, perdón, uy, disculpe. Yo creo que el tema femenino siempre ha sido interesante, para Chéjov, para Lorca, para Shakespeare. De pronto hay obras más triviales, como Brujas , que tocan el tema más superficialmente.
Brujas es una obra comercial en el buen sentido de la palabra: engancha, entretiene. Tiene éxito. No creo que ese éxito se deba a una tendencia.
Nora Cárpena, también actriz Brujas , reconoce que puede tratarse, más que de una tendencia, de una moda.
-Detrás de Brujas vinieron otras obras hechas por mujeres, escritas para mujeres. Yo creo que también es una cuestión de mercado. En la televisión pasa: cada vez que aparece una comedia o un programa musical o uno de concursos, todos salen a hacer lo mismo. Cuando estaba de moda Grande Pa , todas eran comedias familiares.
Felizmente sobresaltadas porque encuentran sobre las tablas expuesto lo que les viene pasando desde hace años, las mujeres siguen llenado las salas, riéndose, reconociendo con un gesto resignado que sí, que es así. Que a ellas también les tocó la quimera de la rutina y el marido indiferente.
-Yo creo que la mujer es más teatrera que el hombre -simplifica elegante Perla Santalla, que forma parte del elenco de Flores de acero -. Ella arrastra al marido al teatro porque le interesa ver la temática femenina reflejada en un escenario. Creo que se toma como fenómeno porque lo común es ver al hombre siempre en lugares preponderantes.
Pero ahora el hombre tiene tantos problemas como la mujer.
Su compañera de elenco, Aída Luz, pequeñita y vivaracha, dice que nunca recibió tantos aplausos como en esta obra.
-Yo pienso que el éxito de las obras hechas por mujeres es que... son épocas. Vos te acordás cuando estaban los galancitos. Parecía que en el mundo eran todos galancitos y se llenaban los teatros donde estaban los galancitos. De cual- quier manera, es la mujer la que arrastra al marido, al novio, al amante o al marido al teatro. Ahora está de moda el tema femenino. Entonces hay que ir a ver estas obras. Es una cuestión de modas.
En Confesiones de mujeres de treinta , que pasó las 250 funciones, tres actrices -Virginia Inoccenti, Alejandra Flechner y Andrea Politti- enhebran con ritmo de café concert distintos cuadros en los que se proponen los treinta años como una barrera que separa el antes y el después de algo. Un límite en el que cualquier mujer aprendió algunas cosas, o se convenció para siempre de que no las aprenderá nunca. Meten el dedo en la llaga hablando de hombres traicioneros, obsesiones de mujer analizada, agendas repletas sin un minuto de tiempo para nada que no sean los trámites y el trabajo, pérdidas y ganancias en estas décadas de liberación femenina. "Chicas, salimos perdiendo, quiero volver a la cocina", confiesa Virginia Inoccenti, desatando carcajadas. Carcajadas que demuestran cierta aprobación. El teatro está repleto de mujeres de todas las edades. Las cabezas claramente masculinas, los bigotes y las barbas, son las menos.
-Los tipos se matan de risa -dice Andrea Politti-. Empiezan un poco tensos. Cuando escuchan mi primer monólogo, que habla de lo espantosa que era mi vida de casada y cómo me sentí de aliviada cuando me separé, los tipos hacen cara de "uuuhhh, otra vez el mismo discursito"..., pero cuando digo que esa euforia me duró una semana y que después vino la depresión... los pongo de mi lado.
El humor es la llave de entrada a un mundo con aristas duras. Un mundo en el que en la superficie se mueven las risas, y en lo hondo babean soledades asesinas, fracasos aplastantes, temores de acero.
-Venganza contra los hombres, no -se ríe Andrea Politti-. Los tipos siempre ejercen una presión sobre las mujeres. Y un poco la mujer se empezó a reír de eso. A decir: "Bueno, pero ustedes también tienen defectos". Somos bastante piadosas. Somos más malas con nosotras mismas, y creo que es eso lo que pega. Muchas mujeres te dicen: "Yo me estaba riendo y en un momento no sabía de qué" o "Tal cual, a mí me pasó tal cosa". Nosotras lo exageramos y ponemos el acento en esas cosas que dichas de otro modo te harían llorar.
A pesar de la angustia, las mujeres reconocen pequeños gestos cotidianos, miserias íntimas, dolores y quejidos de una generación que se crió la mitad del tiempo con vocación de esposas, la mitad del tiempo con vocación de independencia.
-La risa y la broma tienen un mensaje también -dice la socióloga Josefina Semillán-. Yo creo que la tendencia a este tipo de obras es un síntoma social. Una sociedad donde se da un gran crecimiento de la mujer provoca el reacomodamiento del pensamiento masculino. El humor es una de las vías más sanas, más elegantes, menos irritantes de decir cosas que el consciente social no deja que se expliciten de otra manera.
Siempre se han escrito obras de teatro con protagonistas femeninas, siempre ha habido geniales Rositas solteras y señoritas de Tacna, y el teatro ha brindado heroínas a granel, pero en estas puestas las mujeres hablan de experiencias tan trascendentales y cotidianas como la de esperar clavada junto a un contestador automático la llamada que no llega, del pasmo insoportable de no saber qué hacer el primer sábado a la noche espués de la separación, del poco amable hábito masculino de ocupar los dos lados de la cama, y de la costumbre despiadada de hacer promesas que jamás se cumplen.
Quejas que se disparan sobre los dos bandos, patinadas con un humor casi obvio, pero efectivo. Con semejante artillería, perdigones en amplios abanicos, toda mujer podrá exclamar antes o después: "A mí me pasó". A todas les ha tocado esperar tres semanas y media el llamado de un hombre que alguna vez dijo: "Te llamo en un ratito", o vivir la soledad siniestra de un domingo pegada a la tevé por cable.
-Antes, las obras de este tipo se hacían con un discurso feminista -dice Politti-. Y ahora ya no es necesario, podemos hacerlo con humor. A veces escucho a una feminista radical y digo: "Qué antigüedad". Porque hablan del hombre como si fuera un tarado. Y el hombre no es un tarado. Yo creo que si hablamos de un fenómeno de estas obras hechas por mujeres... las mujeres empezaron a trabajar y a unirse. Pero los hombres lo hacen desde hace mucho tiempo. Yo admiraba mucho eso de los tipos. Ellos se juntan para jugar al fútbol, para lo que sea. Nosotras no nos juntamos salvo "para charlar". Jamás nos juntamos para algo simple, como ir a andar en bicicleta. ¿Por qué siempre hay que andar por ahí con la responsabilidad de ser mujer ? Es doble trabajo.
-Estas temáticas no se han hablado hasta ahora, y brotan en este momento -sigue Andrea-. Por eso el éxito de estas obras, porque no hay nadie mejor que las mujeres para decir estas cosas. Siempre se han dicho a través de los hombres.
En general, las obras las escriben hombres y el papel de la mujer está hecho desde un punto de vista masculino. La mujer es la buena, la mamá, la que sufre, la bonita o la mala. Pero en estas obras hay una visión más real. Más cruda también.
Creo que la autocrítica es lo que pega. Mostrar a una recién separada que cuenta lo que le pasa desde un lugar ridículo.
Alejandra Flechner lleva durante la obra un vestido verde de lentejuelas que le va de perlas a su pelo negro y su cuerpo filoso. Parada en un rincón del escenario habla de los treinta años como un momento en el que, obligatoriamente, hay que concretar proyectos: "Si a los treinta años tengo un hombre que me quiere, pero no tengo mi nombre bien grande colgado de la marquesina de un teatro de Corrientes, no voy a ser feliz. Ahora bien, si a los treinta años tengo mi nombre bien grande colgado de la marquesina de un teatro de Corrientes, pero no tengo un hombre que me quiera, no voy a ser feliz. Ahora bien, si tengo mi nombre bien grande colgado de la marquesina de un teatro de la calle Corrientes y además tengo un hombre que me quiera.... ¡¡¡tampoco voy a ser feliz!!!"
-Los hombres salen medio sorprendidos de la obra -sigue Politti-. Los tipos dicen: "Ah, pero ¿ustedes hablan así entre ustedes?" Creo que los tipos con estas obras ven cómo los vemos a ellos. Se sorprenden... gratamente.
Las miradas cínicas se extienden como seda amarga sobre las mujeres en general y los hombres en particular. Los tiempos han cambiado. Ahora ya nadie puede decir que a ellas no hay nada que les venga bien. Son ellas mismas las que lo gritan a pulmón, con un gesto al mejor estilo "¿y qué?" Un poco de humor, un poco de sinceridad, un poco de verdad revelada. De todos modos, no alcanza para saber si es ésa exactamente la fórmula del éxito.
Las actrices invocan cada noche guiños cómplices, balanceos de cabezas que asienten cuando desde arriba del escenario se les recuerda que no todo es tan terrible. Que mire un poco, señora, señorita, yo también he pasado por esto y si usted tiene paciencia hasta puede encontrarle un poquito de gracia. Con regusto amargo, eso sí, pero muy a tono con los años que corren.
Convivencia
Las cinco protagonistas conversan sentadas en semicírculo.
Miriam: -Estamos obligadas a compartir el planeta con ellos, vamos.
Eli: -Ay, no sé; a veces puede ser muy divertido, me parece, ¿no?
Mamen: -Hombre, compartir el planeta, mira, pero... compartir casa...
Marta: -Hombre, eso sí que es peliagudo, ¿eh?
Carme: -¿Por qué lo dices, porque te da seguridad?
Eli: -Entre otras cosas, claro.
Miriam: -Pues no sé cuáles.
- (De ¡Hombres! )
Manías
M
amen:
-Y luego batallas para ver quién estira y se queda con las mantas...
Carme: -Siempre se las queda él...
Eli, Miriam, Mamen y Marta: -¡Pues claro!
Miriam: -¿Y la manía de abrir las ventanas en pleno invierno?
Marta, Came, Eli y Mamen: -¡¡¡Ohhhhh!!!
Marta: -Hombre, lo peor de todo, aparte de que se queda con las mantas, suda como un cerdo y abre las ventanas... ¡los ronquidos!
- (De ¡Hombres! )
"Señoras y señores. He sido víctima de una estafa. A los 20 años no quise tener hijos. Creía que iban a complicar mi carrera. De manera que pensé: Mi familia, mis amigos, mis hermanos van a ser mi apoyo. Los hombres, mi fuente de inspiración . Pero ahora, a los 30, no entiendo nada. Tengo la sensación de haberme dormido y perdido una parte de la película. Porque a los 30 soy madre de mi madre, de mi padre, de mis hermanos, de mis doce sobrinos, madre de mi novio, de un gato, de un perro que no son míos. Y yo sigo sin tener hijos."
- (Monólogo de Virginia Inoccenti en
Confesiones de mujeres de treinta )
"Cuando me separé de mi primer matrimonio, de esa vida de m.... de casada que llevaba, la primera sensación que te viene es como la de ese remedio que anuncian mucho en televisión: alivio inmediato. ¿Puedo ganar más plata que él? Puedo. ¿Puedo cortarme el pelo sin tener que pedirle permiso? Puedo. ¿Puedo acostarme a la hora que se me cante? Puedo. ¿Puedo ir al baño y no encontrar la tabla mojada? Puedo.
Entonces, puedo llamar a aquel tipo interesante, tener una charla interesante y hasta, quién sabe, empezar una relación todavía mucho más interesante. Y al día siguiente llamar a ese tipo que todavía es mucho más interesante, ir a ver esa obra que se estrenó que dicen que es interesantísima, ir a ese bar tan interesante de ese actor interesante donde sólo hay gente interesante. Qué interesante, ¿no? Ese estado me duró una semana."
- (Monólogo de Andrea Politti en
Confesiones de mujeres de treinta )
Leila Guerriero
Fotos: Rubén Digilio



