
Cuando uno de los dos se aburre: fin del romance de la reina de corazones y el Nobel escritor
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“Definitivamente” es la palabra más impactante que usó la socialité Isabel Preysler para anunciar que después de ocho años de noviazgo ponía punto final a su relación con el escritor peruano Mario Vargas Llosa, convirtiéndose así en la última pareja de famosos que decide romper en este aciago 2022. Pensábamos que el divorcio de Shakira y Gerard Piqué, o el de la infanta Cristina y Undargarín ya habían sacudido lo suficiente a la prensa rosa, pero ahora el Nobel y la protoinfluencer más casadera de España (vale recordar que fue la primera celebridad en comercializar su imagen en los medios y sacarle provecho a los tres matrimonios que logró con sendos personajes poderosos) deciden terminar un romance que nos llenó de ilusión en el comienzo y que, aun con este final sin perdices, sigue dejando una valiosa moraleja.

“Mario y yo hemos decidido poner fin a nuestra relación definitivamente. No quiero dar ninguna declaración más y agradezco a los amigos y medios de comunicación que nos ayuden en esta decisión” rezaba el comunicado difundido por la reina de corazones, ex de Julio Iglesias, Miguel Boyer y Carlos Falcó. Las palabras eran escuetas y muy estudiadas, pero aun así dejan entrever que la cosa no andaba bien hacia tiempo. Según los trascendidos la relación había detonado a mediados de este mes de diciembre, cuando tras una escena de celos él habría abandonado la casa de Isabel en la que convivían, regresando a su domicilio en el centro de Madrid. “La de diciembre no era la primera vez que Mario abandonaba la casa”, explica la periodista Mamen Sánchez en la revista ¡Hola!. “Ya había sucedido en una ocasión antes por la misma causa, y que esta actitud sea recurrente es lo que ha convencido a Isabel de que no merece la pena seguir apostando por una relación sin futuro que a los dos los hace infelices”.
Claro, no hay que quedarse donde a uno ya no le quieren. Sin embargo, desde el círculo íntimo del escritor se han deslizado otras versiones menos pasionales, “cantadas” de antemano en las últimas obras publicadas por el Nobel: el hombre se aburrió más pronto que tarde, así de simple. Aunque tuvo tiempo para darse cuenta de que ambos provenían de entornos distintos, se dejó encandilar y hasta sacó inspiración de la experiencia romántica para seguir produciendo literatura, hasta que de a poco lo apagó el bostezo de esas veladas rodeado de gente con preocupaciones banales y el agobio de una sobreexposición mediática a la que no estaba acostumbrado, tal como desliza en su cuento más reciente: “La cena me impresionó mucho, es cierto, no por la comida, nada del otro mundo, sino por los hologramas. Toda la noche estuvimos rodeados de esos personajes fantasmales, duplicando a camareros o camareras, sirviendo la mesa, pasando las fuentes con bocaditos y bebidas” decía el personaje de Los vientos, un cuento que escribió durante su relación con Preysler y que en 2021 apareció publicado en Letras Libres, según da cuenta un artículo publicado en el diario El País. En la ficción, el protagonista abandona ese ambiente superficial y se refugia en su antigua casa…. en la calle de la Flora de Madrid, que es la casa donde Vargas Llosa vivía con su prima y exesposa, Carmen Patricia Llosa, a la que dejó por Isabel. “Todas las noches, parece mentira, desde que cometí la locura de abandonar a mi mujer, pienso en ella y me asaltan los remordimientos. Creo que solo una cosa hice mal en la vida: abandonar a Carmencita por una mujer que no valía la pena (…). Todas las noches pienso en ella y le pido perdón. Ya me olvidé del nombre de aquella mujer por la que abandoné a Carmencita. Nunca la quise. Fue un enamoramiento violento y pasajero, una de esas locuras que revientan una vida. Por hacer lo que hice, mi vida se reventó y ya nunca más fui feliz (…). Fue un enamoramiento de la pichula, no del corazón. De esa pichula que ya no me sirve para nada, salvo para hacer pipí”… admitía el culposo protagonista de la obra.

Sean cuales fueren las causas del fin de ese romance que nació con pronóstico reservado, su mensaje sigue siendo ejemplificador. Preysler y Vargas Llosa representaron aquello de que a la tercera edad la pasión sigue intacta y que nunca es tarde para dar grandes golpes de timón con tal de ser feliz. Y más: que tampoco es tarde para arrepentirse y pasar página.






