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La palta es cada vez más popular entre las personas. Muchos la consumen, ya sea en ensaladas, o sin acompañamiento, por su gusto liviano, sus propiedades positivas para la salud y por la facilidad para comerla. Se trata de una fruta muy versátil que se mezcla con todo tipo de comidas y que ayuda a controlar el apetito de una forma sana.
Sin embargo, muchas personas se enfrentan a un problema cuando la abren, coman o no una parte, y después quieren guardarla para más tarde o al día siguiente. El problema es que esta fruta entra en un proceso de oxidación natural que le empieza a sacar manchas marrones y a degradar el contenido en aspecto y gusto. ¿Cómo se conserva una palta una vez abierta?

Para que una palta no pierda su consistencia una vez que su interior entra en contacto con el aire, existen varios trucos muy útiles.
Es central recordar que una palta por la mitad no puede estar más de dos o tres días en conservación. Su gusto puede ser desagradable después de ese lapso de tiempo. Estas estrategias no son para siempre.

La conservación no es el único punto importante cuando hablamos de paltas. Hay otros puntos a considerar para comer estas frutas, por ejemplo su frescura, su sabor y su madurez.
Antes de cualquier cosa, es fundamental resaltar que las paltas nunca se lavan al comprarlas. El contacto con el agua puede poner en contacto a la fruta con distintas bacterias que aceleran su proceso de maduración y oxidación. Si se desea lavar, hay que hacerlo en el momento justo antes de comerla.
Para seleccionar una palta en el punto justo de maduración hay que agarrarla con la mano, apretarla levemente con la punta de los dedos (sobre la cáscara) y notar el punto. Si parece firme, pero cede cuando hay una presión ejercida por los dedos, es el fruto ideal. El color exterior no siempre tiene las respuestas al interior.


