
Conrado Estol: “Dormir, socializar y controlar el estrés son tan importantes como los chequeos”
El neurólogo advirtió que la medicina todavía pone demasiado énfasis en tratar enfermedades una vez que aparecen y sostuvo que los hábitos cotidianos son la principal herramienta para prevenir problemas de salud y extender los años de vida
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La prevención va mucho más allá de realizarse estudios médicos de rutina. Esa es la principal idea que transmitió el neurólogo Conrado Estol, quien aseguró que los hábitos diarios tienen un impacto decisivo en la salud a largo plazo y que dormir bien, mantener vínculos sociales y controlar el estrés son tan importantes como los chequeos médicos.
En diálogo con LA NACION, el especialista cuestionó el modelo de atención centrado en tratar enfermedades cuando ya están instaladas y llamó a fortalecer una verdadera cultura de la prevención. Para el neurólogo, uno de los principales desafíos del sistema de salud es dejar de enfocarse únicamente en diagnosticar y tratar patologías para pasar a prevenirlas antes de que aparezcan.
“El problema es que no se hace una medicina preventiva correcta, sino que se va hacia una medicina reparadora”, afirmó. Como ejemplo, mencionó que una gran cantidad de personas convive con factores de riesgo que podrían controlarse con un seguimiento adecuado. “Una de cada tres personas tiene la presión alta. Y la hipertensión es el asesino número uno del planeta, porque causa infarto de corazón, ACV y demencia. Con el colesterol pasa exactamente lo mismo”, explicó.

El especialista también advirtió sobre la contradicción que existe entre la creciente preocupación por la imagen física y el deterioro de los hábitos de vida. En ese sentido, señaló que las redes sociales favorecen comparaciones permanentes que aumentan la ansiedad, mientras que muchas personas descuidan aspectos fundamentales para preservar su salud. “Dormir las horas necesarias, controlar el estrés, meditar, socializar, comer alimentos reales, hacer ejercicio, no fumar y limitar el consumo de alcohol son hábitos que tienen un enorme impacto sobre la salud”, sostuvo.
Para Estol, estos cambios deben incorporarse mucho antes de la vejez, ya que la longevidad comienza a construirse varias décadas antes. “Todo el mundo habla de la expectativa de vida, pero también tenemos que empujar la expectativa de salud, es decir, prolongar la juventud y la adultez saludables”, remarcó.
El neurólogo recordó que, mientras la expectativa de vida mundial ronda los 79 años, la expectativa de vida saludable suele ubicarse alrededor de los 65, lo que implica que muchas personas pasan más de una década conviviendo con enfermedades o limitaciones que podrían prevenirse.

Aunque destacó la importancia de los controles de salud, el médico aclaró que no todos los estudios preventivos aportan beneficios y cuestionó la idea de realizar exámenes indiscriminados. “Lo otro, el chequeo, es la medicina de encontrar el problema. La medicina tiene que ser preventiva, no reparadora”, explicó. En ese sentido, señaló que, con excepción de los controles recomendados para la detección temprana del cáncer, los estudios deben indicarse de acuerdo con la edad, los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona.
Además, hizo referencia a una investigación publicada recientemente en la revista científica JAMA, que analizó el uso de resonancias magnéticas de cuerpo entero como método de detección precoz. Según explicó, el trabajo concluyó que estos estudios pueden provocar más perjuicios que beneficios al detectar hallazgos sin relevancia clínica que derivan en nuevos procedimientos, algunos de ellos invasivos e innecesarios. “Se demostró que eso hace más daño que beneficio. Se pueden encontrar muchas cosas que no tienen importancia y terminar realizando estudios adicionales que sí generan riesgos”, indicó.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA a partir de un artículo firmado por Valeria Agis.



