
Day Lewis: así en el cine como en la vida
El actor inglés es considerado como imprevisible por su inusual intensidad dentro y fuera de los sets. La misma que quizá lo lleve a ganar el Oscar como mejor actor por su trabajo en Pandillas de Nueva York
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Es Bill el Carnicero en Pandillas de Nueva York, y sus compañeros de filmación saben que, durante el rodaje, insistió en ser Bill durante las 24 horas y no sólo en el set, después de haber tomado lecciones con un carnicero verdadero. Pero eso no asombró a nadie: cuando protagonizó El último de los mohicanos (1992), Daniel Day-Lewis se pasó todo el rodaje viviendo en una carpa en el bosque; durante su anterior film dirigido por Scorsese, La edad de la inocencia (1993), insistió en armarse sus propios cigarrillos, y en el rol del pintor y escritor irlandés Christy Brown, víctima de parálisis cerebral, en Mi pie izquierdo (1989), del director Jim Sheridan, se pasó todo el tiempo en una silla de ruedas. "Lo que más disfruto es esa pérdida de mi propio yo, que sólo puede conseguirse mediante la profunda comprensión de todos los detalles de otra vida, no simplemente rengueando, o dejándose crecer el bigote", explicó el actor.
Y esa intensidad, junto con su enorme versatilidad –que le permitió pasar del gay de los barrios bajos londinenses de Thatcher que encarnó en Ropa limpia, negocios sucios (1985) al adúltero y torturado John Proctor de Las brujas de Salem (1996)– lo convirtieron en uno de los más aclamados, pero menos comprendidos actores de su generación: Day-Lewis ha recibido muchos premios a ambos lados del Atlántico, incluyendo el Oscar al mejor actor por Mi pie izquierdo, distinción a la que fue nuevamente nominado por En el nombre del padre, del director Jim Sheridan, actuación por la cual mereció además el Globo de Oro.
Day-Lewis es considerado imprevisible, extraño e incluso un poco loco. Suele desaparecer de la pantalla durante largos intervalos: así lo hizo entre 1993 y 1996. Y antes de filmar Pandillas de Nueva York con Scorsese (por la que está nominado al Oscar como mejor actor), Daniel se había esfumado de la escena de Hollywood desde 1997 . Según rumores, se ausentó para convertirse en zapatero en Italia, fascinado por el proceso de fabricación de zapatos a medida de la firma Gucci. "Si uno rechaza películas –declaró–, la gente cree que es porque tiene una vida extraña y misteriosa. Cuanto más tiempo paso alejado del ambiente, mayor es la curiosidad que provoco. La gente no imagina que uno pueda tener una espléndida vida cotidiana." Para Day-Lewis, lo mejor es pasar el tiempo con su esposa, la guionista y directora cinematográfica Rebecca Miller (hija del dramaturgo Arthur Miller), y con sus tres hijos (Gabriel, de 8 años, cuya madre es Isabelle Adjani, y los dos que tuvo con su esposa: Ronan, de 4 años, y Cahsel Blake, de 6 meses).
En cualquier caso, su imprevisibilidad es coherente con su educación. Nació en Londres en abril de 1957, hijo del laureado poeta (y escritor de novelas policiales con el seudónimo de Nicholas Blake) Cecil Day-Lewis y de la actriz Jill Balcon, que lo enviaron a la escuela pública del vecindario –donde abundaban las pandillas y los hooligans– antes de que asistiera a la escuela teatral Old Vic y al Bristol Arts Center. "Sin esa educación, jamás hubiera podido interpretar personajes tan variados. Les estoy muy agradecido a mis padres por eso."
Su vida sentimental ha sido igualmente variada: desde 1989 hasta 1994 sostuvo una intermitente relación amorosa con Isabelle Adjani, que en 1995 tuvo con él a Gabriel; vivió con Julia Roberts desde 1994 hasta 1995, y con Deya Pichardo, una preparadora física, entre 1995 y 1996.
A fines de ese año se casó con Rebecca Miller (a quien conoció durante la filmación de Las brujas de Salem), que ya había ganado premios en el Festival Sundance con su film Angela. Al parecer, comparten con placer su vida en común y se dice que Daniel protagonizará un film, Rose and the Snake, dirigido por su esposa, y cuyo guión fue escrito por ambos.






