
De Las Vegas a Detroit
El año arrancó con todo, con tres ciudades que fueron parte de una experiencia profesional y personal que no tuve en muchos años. La CES de Las Vegas, uno de los encuentros tecnológicos que marca el ritmo de la industria, y la feria automotriz de Detroit fueron los motores de las primeras producciones periodísticas de 2017.
Todavía estaban frescas las experiencias de dos citas que, a simple vista, parecen tener pocas cosas en común. La 50a. edición de la CES sirvió para recordar todos los adelantos tecnológicos que tuvo en sus pabellones durante sus cinco décadas. La radio, el televisor, los videojuegos hogareños, las reproductoras de cintas de video, el disco óptico compacto y tantos otros desarrollos fueron algunas de las muestras del futuro que anticipó la feria.
Luego partí con destino a Michigan, el centro de las grandes automotrices estadounidenses, y en una experiencia inédita para mis habituales coberturas tecnológicas. Dearborn, la ciudad de Henry Ford y de la compañía que lleva su nombre, me recibió con temperaturas de 10 grados bajo cero. A todo esto, ¿qué tienen en común estas dos ferias para justificar un viaje de 2800 kilómetros rumbo a la zona de los Grandes Lagos?
De forma silenciosa, los avances en la asistencia en la navegación, el análisis del estado del vehículo y otras tecnologías transformaron de forma paulatina a los rodados en pequeños smartphones con cuatro ruedas.
Como una pequeña muestra, Ford tuvo una presencia simultánea tanto en la CES de Las Vegas como en su habitual espacio en la North American International Auto Show (NAIAS) con sus tecnologías de conducción autónoma. Equipados con sensores, GPS, cámaras y un sistema láser denominado LiDAR, su modelo Fusion planea moverse en entornos urbanos sin la intervención de los humanos.
Luego de experimentar de primera mano este inevitable cruce entre dos mundos, uno de una revolución industrial que transformó el siglo 20 y otra que ya lo está concretando en estas últimas décadas, partí hacia Buenos Aires. Lejos de ser el destino final, el aeropuerto de Ezeiza fue el nuevo punto de partida rumbo a Tokio, destino inédito y bien conocido por historias familiares, que fue la inspiración de las anécdotas de las próximas entregas.
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