
Debut ¿y despedida? en la polémica Masa Crítica
Conmovido por los ciclistas atropellados, un fan de las bicis explora el movimiento
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Debo confesarlo de entrada: soy un talibán de la bicicleta. La defiendo con todas mis fuerzas como medio de transporte en la ciudad. Creo que Buenos Aires sería mucho más linda con menos autos y más bicis. Menos ruidosa, menos contaminada, más amable, más relajada. Detesto ver automovilistas que van solos al centro en coche tocando bocina y quejándose del tránsito, sin darse cuenta de que ellos mismos son el tránsito.
Voy pedaleando al trabajo todos los días en alguna de las bicicletas amarillas del gobierno de la ciudad. Tampoco es una gran hazaña: a una cuadra de mi casa, en Independencia y Bernardo de Irigoyen, hay una estación del programa Mejor en Bici. Tardo unos 15 minutos y llego contento, en general con ganas de seguir. Siempre me gustaría andar un poco más.
Además, creo que no debe haber registro en Buenos Aires de un accidente fatal provocado por una bici, contra el tendal de muertos que dejan todos los años autos y colectivos.
Por eso, cuando escuché hablar de Masa Crítica, ese movimiento de ciclistas que inunda las calles de varias ciudades del mundo para reclamar por sus derechos, me sentí representado enseguida. Me gustó mucho la idea de mostrarles a los automovilistas que las calles también son de los ciclistas y que podemos andar por donde queramos, sin restringirnos a las ciclovías y bicisendas. También me resultó muy simpático el concepto anarquista de que la Masa se reivindique como una no organización, sin autoridades ni socios, simplemente una unión de voluntades con un interés común.
La noticia del taxista que atropelló a uno de los ciclistas de la Masa Crítica nocturna me conmovió. Sobre todo por la cantidad de gente que apoyaba en las redes sociales al agresor. Incluso algún periodista totalmente fuera de forma trató casi de delincuentes a quienes eligen moverse por la ciudad en bici. Es por eso que el domingo pasado decidí sumarme.
Voy al Obelisco a las 4 de la tarde con mi bici playera azul (por cierto, su nombre es Blue Demon) y me encuentro con un clima de fiesta, con música, disfraces, globos y pelucas. Si bien la mayoría son jóvenes, hay gente de todas las edades y con estilos muy diferentes, desde neohippies hasta ciclistas con ropa de competición. También, familias enteras y varios que llevan a sus hijos pequeños en asientitos sobre la bici. Incluso se ve a una joven mamá con un bebe de meses pegado a su espalda. Todos conviven en armonía.
Hay todo tipo de bicicletas. Viejas, flamantes, de carrera, plegables, playeras, dobles, un par que van a ras del suelo e incluso unas bicis muy altas hechas artesanalmente que me hacen acordar a aquellas antiguas en las que el ciclista iba encaramado a dos metros del suelo. Muchas tienen en la parte trasera cartelitos con frases como "1 auto menos", "Revolución en bici" y "+ amor, - motor".
María Laura, una guía de turismo referente de la Masa, me explica por qué cortan el tránsito, lo que más irrita a los automovilistas: "Es para que todas las bicis vayan juntas, para que no se junten con los autos, es por seguridad". El argumento me resulta bastante convincente.
A las 17.30, la bicicleteada arranca. Tomamos Diagonal Norte hasta Plaza de Mayo, rodeamos la Casa Rosada y seguimos por Alem. La cantidad de bicis es realmente impresionante. Es muy difícil calcular, pero deben ser unas 2000. La Masa se adueña de calles y avenidas, y los autos deben frenar. Hay un sentimiento lúdico, pero también algo de revancha frente a los coches y colectivos, amos y señores hasta hace poco de las calles porteñas. Luego, tomamos Figueroa Alcorta. El sol ayuda y la ciudad parece más bella en bicicleta.
Hay ciclistas que van oficiando de "tapones", cortando las calles transversales y recibiendo los bocinazos y los insultos de los automovilistas. La Masa dobla en Pueyrredón y alguien aporta música atronadora. Suena "Azul", de Cristian Castro, y muchos gritan o sueltan alaridos cual indios. Hay uno que pedalea en slip.
En Pueyrredón y Santa Fe la cosa se pone álgida. El tránsito vehicular queda frenado en las dos manos de Santa Fe y en una de Pueyrredón. Los automovilistas rugen. Una mujer asegura llevar a una niña con vómitos, pero no tiene mucha suerte. Nadie pasa. Un colectivo de la línea 68 da una vuelta en U. Lo imita una camioneta con vidrios polarizados, desde donde una mujer nos extiende su dedo mayor. Ojo: los peatones también se quejan. Una chica muy bonita nos grita: "¿Che, y si van todos a laburar?". Le respondo que es domingo, pero la verdad es que me angustia un poco estar tanto tiempo impidiendo que otras personas circulen por donde les venga en gana. Me parece que el anarquismo deriva en autoritarismo con demasiada facilidad.
Algunos pasajeros se bajan de un colectivo y discuten con los "tapones", pero el diálogo es imposible. Son universos paralelos. ¿Cómo convencer a alguien que está apurado de que las bicis "también son el tránsito" y de que pedalear "no contamina y tiene innumerables beneficios para la salud"?
Doblamos en Córdoba y debe haber "tapones" en 10 cuadras transversales. Alguien con un altavoz ruega: "Más juntos, que no se estire". Mucha gente se asoma a los balcones y saluda. Algunos, desconcertados, preguntan a los ciclistas de qué se trata y reciben una explicación y un volante que detalla las principales ideas del movimiento. "Están totalmente locos", dice una señora de a pie, indignada.
La Masa toma Estado de Israel, sigue por Ángel Gallardo, luego Gaona, se desvía por Donato Álvarez y continúa por avenida San Martín. Las bicis se dirigen a Agronomía y yo decido que es suficiente para mí. Estoy agotado y había quedado en ver a Boca por la tele con mi viejo, que vive en Constitución. Así que pego la vuelta y, exhausto, compruebo que debo recorrer media ciudad para ver al equipo de Bianchi con mi padre. Al llegar, miro el Runkeeper, la aplicación de mi iPhone, que marca que recorrí 25,55 kilómetros en 3 horas y 23 minutos. Creo que es un exceso. La verdad, no sé si voy a volver.
- ¿Cuándo y dónde?Los primeros domingos de cada mes. Salen del Obelisco a las 16 y regresan a la Plaza de la República a las 23. También se hace una Masa nocturna por mes, las noches de luna llena
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