
El hogar de esta familia que eligió la frescura de las afueras para todos sus días hace gala de un diseño abierto y sensible con materiales nobles, deco rústica y mucha naturaleza
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El estudio de los arquitectos Nano Greschek y José A. Cunzo tomó el encargo de esta vivienda para un matrimonio con hijos. Con un pedido de rusticidad y algunas cuestiones funcionales propias de una familia tipo, el proyecto se fue definiendo con la premisa principal de combinar el estilo deseado con la dinámica de la casa. Así, los 475m2 de la construcción se presentan, a primera vista, como una estructura articulada. "La separación de volúmenes en la entrada genera espacios y rincones que comienzan a seducirte mucho antes de ingresar", apuntan los arquitectos. En el frente, un gran portón marca la entrada a un patio soleado donde el revoque texturado de las paredes combinado con las plantas y los detalles de la decoración hacen que se perciba la inimitable sensación de estar en un hogar. Una vez adentro, los interiores se plantean en forma despojada y muy amplios, unificados con un mismo piso de Travertino natural. Al contrafrente, hacia el jardín y la laguna, la propiedad se muestra completa desde el living y el comedor como un hogar abierto, lleno de luz, con imponentes vistas desde casi todos los ambientes y generosos espacios intermedios para disfrutar del sol y el aire de las afueras. Con un equilibrado contraste entre prolijidad y rusticidad, se combinaron materiales simples y de gran calidad como piedra, madera, cristal y acero para lograr ese delicado equilibrio que hace que la casa se vea tan bien como se vive.
Producción: Virginia Calvo.






