
Las cosas de todos los días generan un universo alrededor y nosotros lo desarmamos en una tormenta de ideas.
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Por Cecilia Acuña
ARGENTINISMO. Solo en esta parte del mundo llamamos mamushkas a las famosas muñequitas usas huecas, las que se abren por la mitad para contener a otra más pequeña, y así sucesivamente hasta llegar a una última entera que no esconde nada más en su interior, al margen de todos los significados que se le atribuyen al objeto en su totalidad. En Rusia y en el mundo, a las mamushkas se las conoce más como matrioshkas.
HISTORIA SIN FIN. Si bien no hay un reglamento institucionalizado, se estima que una de estas muñecas debe contener al menos unas cinco en su interior y de ahí hacia arriba todo lo que se pueda, siempre –y por costumbre– en número impar. La mamushka más grande del mundo registrada por el Libro Guinness de los récords tiene 51 piezas en total realizadas a mano. La más grande mide casi 54 centímetros, mientras que la más pequeña unos 30 milímetros, menos que el tamaño de una Tic Tac.
¿MEDIEVALES? Debido a que las conocemos como uno de los símbolos más emblemáticos de la cultura rusa, suponemos que su presencia data de hace cientos de años, pero no. La primera mamushka fue creada en 1890, aunque se cree que su inspiración viene del Lejano Oriente.
INSPIRACIÓN ORIENTAL. Las enciclopedias mencionan a los muñecos que personifican a un famoso budista llamado Daruma, que perdió sus brazos y sus piernas después de meditar nueve años en una cueva. Se menciona a la escultura de madera Fukurumu como otra de las posibles iluminaciones para la creación de las mamushkas. Fukurumu viene a ser el dios de la esperanza, que lleva consigo otros seis dioses más pequeños.
EXHIBICIÓN UNIVERSAL. Lo concreto es que en 1890 los artesanos Sergei Maliutin, Vasiliy Zcezdochkin y Sergei Posad fueron los primeros en diseñar, dibujar, tallar y pintar a mano un juego de ocho muñecas concebidas bajo criterios estéticos rusos. Cuando la mecenas Savva Mamontov vio el juguete, lo inscribió inmediatamente para presentarlo en la Exhibición Universal de París, en 1900, donde ganó la medalla de bronce y su diseño se expandió por todo el mundo.
LOS HUEVOS DEL ZAR. Los rusos más conservadores intentan contrarrestar la teoría de la inspiración oriental con el ejemplo de los famosos huevos de Peter Carl Fabergé, el famosísimo orfebre instalado en San Petersburgo. El primero de ellos –de platino–, creado en 1885, tenía incluida en su interior una yema hecha de oro y, a su vez, en el segundo interior, una gallina y una corona. Se cuenta que el artista realizó alrededor de 69 huevos, de los cuales hoy se conservan 61.
CULTURA GLOBAL. Con el paso del tiempo, las mamushkas se globalizaron y, junto con sus diseños clásicos, dieron lugar a la creación de muñecas con toda clase de personajes, empezando con los líderes de la Unión Soviética, pasando por destacados políticos argentinos, desde personajes de Los Simpson y jugadores de fútbol hasta los protagonistas de Star Wars.
ARTE VS. INDUSTRIA. De acuerdo con la tradición, las muñecas rusas deben estar construidas con madera de tilo, debido a su liviandad y a su textura. La primera que se talla es la más pequeña porque es la que dará las medidas a las otras. El trabajo más complejo no solo es lograr un encastre perfecto entre las piezas, sino que la pintura encaje exactamente entre las mitades y constituya un todo identificable. Hoy, gran parte de las mamushkas se producen de manera industrial, aunque todavía quedan artistas dedicados a fabricarlas a mano.
EL COMPLOT UCRANIANO. Desde 2013, en Ucrania se utiliza la figura de la mamushka de modo despectivo en carteles y anuncios que ordenan no comprar productos rusos de ninguna clase.
GUARDIANES DE LA INTEGRIDAD. Recién en 2001, Rusia cuenta con el primer museo oficial de la matrioshka. Ubicado en Moscú, dispone de miles de muñecas y de cientos de colecciones valiosas. Allí se pueden adquirir desde los clásicos souvenirs que venden en todas las calles de la capital rusa hasta hermosas esculturas de auténticos artistas confeccionadas a mano. Hoy las mamushkas se han reencarnado en llaveros, globos, dijes, relojes, tatuajes, macetas, imanes de heladera, carteras y un sinfín de objetos de consumo cultural.
LA MADRE. La fertilidad y la maternidad son la carga simbólica más fuerte que se relaciona con la existencia de las muñecas rusas, debido al concepto de anidamiento que las identifica.
LA PROOVEDORA. La ciudad de Semionov, situada a unos 450 kilómetros de Moscú, produce más del 60% de las mamushkas de todo el mundo. En China, la ciudad de Manzhouli tiene una plaza repleta de esculturas gigantes de la muñeca rusa que no están construidas en madera, claro.
LA MODA. En 2010, y para conmemorar los primeros 10 años de la aparición de la Vogue Rusia, la revista convocó a algunos diseñadores internacionales para que realizaran mamushkas inspiradas en su estilo: Marc Jacobs, Dolce & Gabbana, Miuccia Prada, Stella McCartney y Moschino, entre otros.






