Del dicho al hecho

En las tres primeras entregas del dossier de este mes, los chicos se expresaron acerca de la violencia, los conflictos armados y la preocupación que les genneran los contextos de marginación y falta de empleo. En este marco, muchos adultos se preguntan cómo inculcarles valores que los pequeños ven enfrentados con su realidad cotidiana. Aquí, padres, hijos y especialistas acercan respuestas alentadoras
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25 de abril de 2004  

Hay que reconocerlo: el escenario que nos rodea no favorece los grandes ideales. En un mundo repleto de hostilidades, los valores enfrentan un sinfín de contradicciones.

En efecto, se presenta la paz como un bien supremo, pero el mundo es un polvorín; se hacen grandes discursos sobre el bien común, pero crecen el desempleo, la pobreza y la marginalidad; se habla de transparencia y suben los índices de corrupción; se habla de moralidad, pero impera la impudicia...

Los padres -víctimas ellos mismos de estas contradicciones- enfrentan la compleja misión de educar a hijos que están rodeados de mensajes confusos, en un tiempo que -además- les ofrece ideales chatos, ilusiones mediocres, aspiraciones superficiales y casi siempre ligadas al exitismo o al consumo.

Se trata, sin duda, de un cóctel explosivo.

La filósofa Paola del Bosco, profesora de Etica en la Universidad Austral, recuerda que un valor es un bien ideal que se presenta como un fin deseable para nuestros actos libres, personales y grupales, que trasciende el mero interés del que lo realiza.

"Lamentablemente, en los últimos tiempos se ha ido vaciando de contenido: hoy, la alusión más frecuente al tema de los valores es el lamento por su ausencia", afirma.

¿Vivimos realmente en un tiempo que carece de valores, o los valores que profesamos nos conducen por un desfiladero sin retorno?

Hoy, la realidad nos muestra que los valores que mandan son los del mercado: dinero, bienestar, marcas, comodidad, pasarla bien, disfrutar, divertirse, darse gustos, vivir para sí mismo, tratar de sacar siempre la mejor tajada de las cosas.

Por otra parte, los proyectos de los padres para con sus hijos -hacia los que dirigen todos sus esfuerzos educativos- también suelen ser enfocados hacia el afuera: éxito, buenas notas, ingreso en la Universidad para seguir una carrera rentable...

"Las palabras servicio, ideales, sentido verdadero de la vida, no figuran en el vocabulario usual, no suelen estar presentes en la actualidad", dice el educador chileno Diego Ibáñez Langlois, autor de un best seller con varias reediciones: "Sentido común y educación en la familia".

"Es la asfixia de la mediocridad, que termina ahogando cualquier germen de aspiración a ideales y a valores", asegura.

Carencias

El panorama es confuso, y la confusión -dice el especialista chileno- parece estar liderada por los propios padres.

"La permisividad carece de valores. La indecisión o la comodidad de los padres acaba en permisividad. Los valores no son transables por las costumbres o modas del momento. No se someten al abuso de las mayorías, reales o aparentes. Lo que la mayoría hace o dice hacer no puede elevarse a la categoría de valor, aunque pese en el ambiente."

Ya lo advirtió el filósofo y educador Jaime Barylko, que exploró como pocos la grave tendencia de los padres de nuestro tiempo a la permisividad y al "psicologismo".

"Las normas en principio se dan, se adquieren y se practican, y luego, lentamente, se van incorporando y funcionan con naturalidad", dijo.

"Las normas se refieren a valores, y los valores no brotan del entendimiento, sino de la vida, de la conducta y de los modelos de conducta."

¿Se puede transmitir lo que no se tiene?

Eduardo Padilla, médico psiquiatra y psicoanalista, presidente de la Fundación Familia y Comunidad, sostiene que los seres humanos aprendemos mucho más de las conductas de los otros que de sus dichos. "De allí la importancia de la coherencia entre lo que se predica y lo que se hace. Un ejemplo notable de cuando ello no se da es la decadencia de la credibilidad de los políticos actuales, y de muchos padres también", afirma.

Para Padilla, lo más importante es dar testimonio y no peroratas. "En la actualidad, la idea de ecosistema biológico está difundida y diría que bien comprendida por muchos. Pero hay un ecosistema humano, integrado por las familias y por las comunidades donde éstas se desarrollan, que no puede funcionar si cada uno cree que puede vivir su vida como más le plazca, sin entender que sólo puede hacerlo en conjunción con el otro y con todos los demás", señala.

Claroscuros

En un tiempo en el que la mayor preocupación parece ser educar para el trabajo, para la eficiencia, para la realización personal, para la inmediatez, ¿es contradictorio inculcarles a los hijos valores como la solidaridad, la honestidad, la ética, la compasión, el servicio, la preocupación por los demás?

Al respecto, Antonio Battro sostiene que los valores son eternos: libertad, dignidad, solidaridad, belleza, verdad, paz. Se encuentran en todas las culturas y en todos los tiempos.

"El tesoro no pierde jamás su valor. Algunos seres humanos han logrado encarnar estos valores, en nuestro siglo, en un grado eminente: Gandhi, la Madre Teresa, Einstein, Mahler, Piaget", afirma.

"Cada uno de nosotros hará su lista de modelos ejemplares. Podrán diferir las personas, pero los valores que ellos representan se conservarán siempre.

Los fascinantes estudios de Howard Gardner sobre los diferentes tipos de liderazgos y de inteligencias nos ofrecen una guía segura para introducir estos valores en la educación. Una educación basada en el valor, una educación con sentido, integral", asegura.

Para Paola del Bosco, un ingrediente indispensable de la educación es el conocimiento de la realidad, con sus claroscuros.

"Pero no es el desorden de nuestro mundo una razón para que nosotros actuemos también desordenadamente. Si lo que queremos es enseñar a nuestros hijos a ser personas de bien, gente cuya presencia signifique para los que la rodean un verdadero beneficio, entonces debemos trabajar para el largo plazo, para que vivan coherentemente una vida buena. Las aparentes derrotas en el corto plazo deben ser examinadas a la luz del sentido de la vida. Una gran nación también se enriquece con personas que se animan a pensar a lo grande, con una proyección amplia de sus capacidades, sus obligaciones, sus realizaciones", asegura.

Sin embargo el "valor" que parece primar en la sociedad actual está en función de los apetitos, los intereses y los deseos.

Se manipulan los conceptos. Libertad, por ejemplo, se interpreta como independencia.

"Los chicos, y especialmente los adolescentes -"clientes" débiles en el mundo de hoy- consideran que lo valioso está a merced de sus caprichos o de las modas", dice María Inés Minervini, orientadora familiar y profesora de la Escuela Argentina Modelo.

"Sin embargo, valor es lo que mueve la voluntad, y ésta se educa, básicamente, en la familia. Allí se enseña con el ejemplo de los padres, con el esfuerzo, reflejado en la lucha cotidiana de todos, y vivido aun en las situaciones más simples", dice.

Este proceso de aprendizaje debe comenzar cuando los niños son pequeños, ante los forcejeos interiores de los "sí" y los "no".

"Cada hijo, por ser único e irrepetible, necesita una atención personalizada, un diálogo permanente y un oído atento a sus inquietudes y preocupaciones. Los padres deben enseñarles a reconocer valores superiores, trascendentes, para que sepan ver en los demás a personas, y valorarlas por lo que son, no por lo que tienen."

Para Minervini, los valores son atemporales, es decir que están por encima del individuo y del tiempo. Permanecen inalterables en el devenir de la historia y del progreso cultural y científico.

Ejemplos

Hace algunos años, se difundió por televisión en Estados Unidos un anuncio en contra del abuso de drogas. Un chico de unos 13 años estaba en su habitación. En un momento dado, irrumpe su padre, furioso, llevando unas drogas que había encontrado antes en ese mismo cuarto.

-¿De quién has aprendido esta porquería? -le preguntó indignado.

-De vos, papá.

El terapeuta y educador norteamericano Michael Gurian, autor de numerosos ensayos sobre las relaciones humanas y familiares, ha señalado que la base de nuestra capacidad para enseñar valores morales y espirituales descansa sobre el propio conocimiento del código de integridad, honestidad, honor, responsabilidad y cuidado del alma que rige nuestra vida de adultos.

Adrián Dall´Asta, director ejecutivo de la Fundación Proyecto Padres, entidad preocupada por brindar a las familias herramientas para que puedan ayudar a sus hijos en el desarrollo de virtudes y valores, lo dice sin rodeos: "El ejemplo no es una forma válida de enseñar: es la única".

El adolescente necesita modelos valiosos y no discursos, requiere respuestas a los numerosos interrogantes que se presentan en esta etapa clave para la formación de su personalidad. "¿Cómo contestar esas preguntas sin valores ni modelos por seguir?", se pregunta Dall´Asta.

"Es muy difícil. Por eso, las falsas respuestas, adicciones, violencia, alcohol, aparecen como panacea frente a la angustia existencial. Los jóvenes necesitan un proyecto vital, y éste sólo puede ir acompañado de valores, más en tiempos de crisis profunda como los que transitamos."

Ahora bien, ¿qué se le responde a un hijo que se compara con otros chicos y se siente tonto por cumplir con esos valores, un chico que, por ejemplo, razona: "Soy un idiota: encuentro algo en la calle y lo devuelvo, pero mis compañeros no lo hacen y no pasa nada. Y encima creen que soy un nerd?"

Dall´Asta responde, a su vez, con preguntas: "¿Quiénes inventamos los disvalores que hoy existen y que ahora no podemos manejar? ¿Quién siente que es un nerd?, ¿el chico o sus padres, que a lo mejor piensan que su hijo no es tan piola como ellos soñaban?".

Para el director ejecutivo de la Fundación Proyecto Padres, es tarea ineludible de los progenitores asumir un protagonismo y una responsabilidad, que son indelegables.

"Pero para eso hay que estar convencidos de que vivir los valores vale la pena y que uno no es un frustrado porque no tiene el mejor auto cero km en la puerta. La frustración o la felicidad se contagian: lo demás es palabra vacía."

¿Será, entonces, como dice Diego Ibáñez Langlois, que educar es autoeducarse?

A su entender, antes de exigir a los hijos hay que apren-der a autoexigirse, a no declarar la tregua con los defectos propios...

"Los padres no son seres terminados; también tienen que modelarse a sí mismos, formarse, y no exhibir su modo de ser como si fueran obras acabadas a las que no hay nada que añadir."

O como destaca Paola del Bosco: "Quizá nos toca hacer el gasto inicial de nuevo, porque las distintas crisis económicas, políticas y sociales nos han hecho vivir en el borde del colapso, instalando la tentación del sálvese quien pueda, que es lo contrario de la vida comunitaria, y por eso propicia la corrupción. Si queremos buenas personas, buenas familias, buenas instituciones, de nuevo debemos animarnos a remar contra la corriente hasta reinstalar una cultura distinta en la cual se valore lo que realmente es valioso. Estoy convencida de que eso es posible".

Enseñar con el ejemplo

  • "Puedo enseñar mejor aquello que yo practico. Puedo enseñar mejor lo que yo conozco. Los niños no aprenderán de mí aquello de lo que yo mismo no estoy seguro. Primero debo aclarar mi propia escala de valores antes de enseñarla a los niños que me rodean", asegura el terapeuta y educador norteamericano Michael Gurian.
  • "Hay que estar convencidos de que vivir los valores vale la pena y que uno no es un frustrado porque no tiene el mejor auto cero km en la puerta. La frustración o la felicidad se contagian", afirma Adrián Dall´Asta, director ejecutivo de la Fundación Proyecto Padres
  • Ellos dicen

    Los chicos consultados por la Revista aportaron su particular mirada sobre el tema de los valores:

  • "En el colegio nos hablan de paz, pero en la televisión salen guerras, bombas y todas esas cosas. Está mal. Yo le pregunté a mi maestra y me dijo que hay gente mala, pero que la mayoría es buena. La verdad, no entiendo...".
  • Tomás González, de 10 años.

  • "La profesora de Cívica nos explicaba por qué era importante pagar nuestros impuestos, y yo me paré y le dije: ¿Para qué nos enseña usted eso si los que mejor viven no lo hacen?".
  • Macarena Rey, de 15 años.

    Datos útiles

  • Contexto Educativo: http://contexto-educativo.com.ar
  • Fundación Crecer Sin Violencia: 4925-5884; e-mail: crecersinviolencia@infovia.com.ar
  • Zona Pediátrica: www.zonapediatrica.com
  • www.unicef.org
  • NYU Child Study Center (Centro especializado en la atención de niños y adolescentes. Talleres para padres y educadores): www.aboutourkids.org/parent
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