DESNUDOS PARA COPIAR
Los modelos vivos, piezas insustituibles para la técnica de los artistas
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Primero se quita la ropa en un rincón del aula y la guarda en una bolsita de nylon del supermercado. Luego acomoda como todos los días la tarima de madera y la colchoneta, a veces sucia, donde igual se recostará. Y cierra obsesivamente las ventanas y enciende el caloventor, aun en primavera, cosa de no pescarse un resfrío, porque ni estornudar podrá durante los cuarenta minutos que dura la clase en la escuela Prilidiano Pueyrredón.
Pero el rito es sencillo para María. No en vano lleva 25 años practicándolo con la indiferencia vacuna que a cualquier mortal le demandaría tomar una ducha en el gimnasio, aunque su labor es más que eso, claro: nadie se desnudaría para los estudiantes de dibujo como lo hace ella, con esa elegante desvergüenza que otorgan la madurez y el oficio del modelo vivo, ocupación tan antigua como el arte mismo.
Ella, tan resuelta. ¿Quién sospecharía que esta rotunda mujer de 50 años y cabellera negra se desmayó de susto el primer día en la Asociación Estímulo de Bellas Artes, cuando tenía apenas 25 abriles y cientos de ojos escrutándole el cuerpo? Hoy gana 2000 pesos mensuales y es muy solicitada en el ambiente, no sólo por su currículum -que incluye trabajos con Carlos Alonso y Antonio Pujía-, sino porque su voluminosa anatomía domina la virtud de transmitir un sentimiento. No cualquiera puede poner en un gesto lo que el autor expresará en la tela. ¿Cuán famosa hubiera sido La Gioconda si Leonardo da Vinci hubiera retratado otra y no esa ignota mujercita de sonrisa magnética? Pocos han gozado el privilegio de despertar las musas ajenas. En Buenos Aires hay 50 modelos posando en relación de dependencia para las escuelas del Estado. Se estima, a ciencia incierta, que otros 300 circulan en instituciones privadas.
En la Prilidiano Pueyrredón, por ejemplo, trabajan en turnos de cinco horas diarias quince personas contratadas anualmente con cargo administrativo, que perciben un sueldo inferior a 300 pesos, más obra social, jubilación y vacaciones impagas (en verano no hay clase).
"Esto no es para cualquiera -dice Carlos Fels, profesor de dibujo de la Asociación Estímulo de Bellas Artes-. La función del modelo es provocar un conocimiento de la figura humana. En una época pensaban que sabiendo anatomía se podía dibujar mejor, y no es cierto, lo único importante es la representación de la forma. Es indispensable estar bien con uno mismo. Acá han venido actores y por más lindos o entrenados que fueran los hemos corrido, porque nadie pudo dibujarlos." La primera vez que se planteó en el nivel académico la inclusión de modelos vivos en la enseñanza artística fue en el siglo pasado, al inaugurarse la cátedra de dibujo en la Universidad de Buenos Aires. Aquel proyecto fue impulsado por José Gutt, un pintor suizo residente en la Argentina que planteó una moderna reforma del programa de estudios. Entre otras cosas, proponía continuar copiando grabados, pero también adquirir yesos para el estudio de la anatomía e incorporar modelos en las clases. La Universidad no aceptó la incitativa, pero dos años después, en la misma cátedra, el italiano Pablo Caccianiga redobló la apuesta: insistió en la reforma y, de paso, solicitó la construcción de un aula especial para los cursos con desnudos, argumentando que estimulaba la creatividad de los alumnos y ponía en práctica las lecciones de anatomía, materia que entonces estaba incluida en la carrera, pero que dependía de la Facultad de -¡oh, curiosidad!- Ciencias Exactas.
No hay antecedentes de talleres independientes en ese tiempo, salvo, recuerda el crítico de arte Marcelo Pacheco, el del sacerdote Castagneda, que en 1815 inauguró uno propio en la Recoleta, aunque no hay datos acerca de si utilizó o no los beneficios de la figura humana en vivo y en directo. Sólo en 1876, con la apertura de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, los estudiantes trabajaron sobre seres de carne y hueso.
Ya en 1910, a partir de la reforma del plan de estudios introducida finalmente por Pío Collivadino en la antes llamada Academia de Bellas Artes, quedó instituido el modelo como un elemento básico en la educación artística. Desde esa fecha hasta hace diez años, los modelos fueron considerados empleados con cargo docente en las escuelas públicas.
Célebres escandaletes desató la presencia de los modelos vivos en los estudios de los grandes maestros, en la Europa del siglo XIX. Famoso fue el amorío de Edouard Manet y Victoria Meurent, distinguida dama de la sociedad que, además de ser su amante, se desnudó para la Olimpia. La pobre soportó insultos y humillaciones el día en que la identificaron en la obra, a posteriori más conocida como El retrato de Victoria Meurent. Paul Cézanne llegó lejos: se casó con su musa. Durante su etapa en Holanda y antes de arrancarse la oreja, el genial Vincent Van Gogh se enredó con la prostituta Cristine, convirtiéndola enseguida en concubina y modelo exclusiva.
Otra loca pasión fue la que unió a la escultora Camille Claudel con su colega Auguste Rodin, e intensa fue la gravitación personal que tuvo sobre él: pese a no ser modelo profesional, ella inspiró una serie de dibujos eróticos en acuarela que horrorizaron a toda Francia, actualmente expuestos en el Museo Rodin de París. También el italiano Amedeo Modigliani veía en la figura femenina un objeto sexual, por lo que difícilmente haya podido mirar con otros ojos a las mujeres de sus cuadros.
Los maestros españoles no se quedaron atrás: la maja vestida, y la desnuda, de Francisco de Goya y Lucientes, no es otra que la aristocrática duquesa de Alba, por años ligada sentimentalmente al aragonés. Su retrato la pone en evidencia, exactamente en el anillo que lleva en su mano izquierda, que reza: Sólo Goya. Dalí exageró un poco con la imagen de su esposa Gala, aunque ni de casados hayan sido amantes, y Pablo Picasso retrató obsesiva y metódicamente a cada una de sus esposas, amantes y concubinas.
Conseguir quien se quitara la ropa por pura profesión suponía un lujo difícil de costear en estas tierras, claro, no menos fogosas. En su autobiografía, Adolfo Belloq describe las noches frías que soportó el grupo conocido como Los Cinco Artistas del Pueblo en el taller de Barracas, donde se turnaban para posar y hacer croquis. Los rasgos del escultor Sesostris Vitullo se revelan en dos obras destacadas de su colega y compañero de estudios, Alfredo Bigatti.
En la década del 30 en la escuela de Ernesto de la Cárcova, un notable bailarín ruso ofrendó su anatomía hasta avanzada edad a prestigiosos pinceles. Pero en la Prilidiano Pueyrredón recuerdan especialmente a Flora, la modelo que desde los 14 años posó para Miguel Victorica, luego integrada por él al equipo estable de la institución. Quienes alcanzaron a pintarla afirman que posó desnuda, y muy orgullosa de su fama, hasta los 84 años.
Gordos, blancos, ancianos, niños, pelados, famélicos y bajos, con dientes o sin ellos. La humana es la figura más hermosa y perfecta que ha dado la naturaleza de manera que, lejos de los valores estéticos cultivados por la generación de la silicona, en el mundo del arte cualquier criatura es susceptible de ser admirada y dibujada en todo su esplendor.
Acá, las exigencias pasan por el rendimiento físico. Cosa difícil de mantener, pues jóvenes y no tanto trabajan hasta diez horas diarias con recreos de quince minutos. Sólo ellos conocen de contracturas y calambres, de horas inmóviles y huesos clavados como cuchillos en los músculos.
"Este trabajo te mata. Sin embargo, siempre uno te dice: A vos te pagan por hacer nada", asegura César Carranza, ex cadete, hoy el preferido de la escuela por su plasticidad y el mondrianesco recorrido de sus costillas.
"Son dos cosas diferentes el modelo y el modelo de escuela pública. Acá trabajamos en medio de la mugre, a veces no funcionan las estufas o te adeudan sueldos. Encima el cuerpo sufre agresiones, avisa a los veinticinco minutos que quiere moverse. La cadera empieza a perforar los músculos de la cola, las piernas quedan tensas, los codos duelen. A esta altura del año tengo dolores crónicos y creo que la posición de contraposto (apoyado el tronco sobre una pierna levemente flexionada adelante) aceleró mi operación de meniscos. Pero este laburo es un placer y una oportunidad. Lo de la desnudez es una anécdota secundaria, lo importante es la buena onda y servirle al otro de pretexto, porque somos apenas una excusa para aprender cosas."
En la década del 60, las veteranas del oficio abrieron la Asociación de Modelos Plásticas y, entre otras cosas, establecieron ciertos códigos éticos. Por ejemplo, el modelo puede ser mirado, pero jamás tocado, ni con un lápiz. Tiene autonomía para cambiar el rumbo del curso si no está a gusto, si los picaportes de las puertas están rotos o si los alumnos hablan demasiado y lo ignoran como a un florero.






