
Diálogos del alma
Una pareja inseparable
Señor Sinay: ¿Es cierto que todo se logra con sacrificio y esfuerzo? ¿Qué papel ocupa la motivación y la historia personal de cada uno?
María Beatriz Burroni Zubeldía
RE:
Los antiguos griegos creían que en cada persona habita un daimon. A veces caracterizado como un diablo, a veces como un ángel, el daimon sería un impulso único e intransferible que empuja a la persona en una dirección determinada. Hasta no tomar esa dirección habrá insatisfacción, malestar existencial. James Hillman (1926-2011), brillante analista junguiano y referente de la psicología de los arquetipos, desarrolló la teoría de la bellota: así como en la semilla está el roble, y éste necesita condiciones para desarrollar y manifestar el árbol que ya es desde un comienzo, también cada humano es una bellota. Las personas extraordinariamente motivadas, explica Hillman en El código del alma, no lo están por estímulo externo sino porque han oído la voz de su daimon y se han dejado guiar por ella. "El daimon motiva, protege, inventa y persiste con una fidelidad testaruda, y sus recordatorios actúan de muchas maneras", escribe Hillman.
Muchas veces las historias personales y las circunstancias y contextos van en contra del daimon. Que en la semilla esté el árbol no garantiza que cada semilla se convierta inexorablemente en el árbol que hay en ella. Suele haber voces ambientales y mandatos externos que se incorporan como pensamientos propios (se llaman introyectos) y sofocan las necesidades, propósitos y vocaciones que son otras tantas formas del daimon. Por eso, muchas conquistas fáciles no dan satisfacción aunque otros las envidien. Formalmente son triunfos, pero no expresan la esencia de la bellota. Así, logro y esfuerzo se presentan como una diada inseparable. El primero procede del segundo. El segundo no siempre conduce al primero, aunque le permitió a Mahatma Ghandi decir: "Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa". El esfuerzo refiere a una actitud ante la vida, a un acuerdo con la voz interior del daimon. "El esfuerzo no se negocia", suele repetir Diego Simeone en una feliz consigna acerca del ingrediente esencial de todo logro. Vale en el fútbol, vale en la vida.







