Dicaprio, a los 30: las alas de la gloria

Encarnando a Howard Hughes en El aviador, que se estrena esta semana en Buenos Aires, el ganador del Globo de Oro se consagra como uno de los mejores actores de su generación. Es, además, la punta del iceberg de una tendencia que crece en la pantalla grande: la de recrear biografías, que fascinan a todos los públicos
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20 de febrero de 2005  

El aviador acaba de aterrizar con gran revuelo en el hotel Plaza Athénée, con todo su equipaje: el comandante de a bordo ítalo-estadounidense (Martin Scorsese) con su segundo, el bienamado Leonardo (DiCaprio). En medio de tanta agitación, la estrella es el rubiecito al que, dentro y fuera de los sets, ya muchos se animan a nombrar como el sucesor de Robert De Niro. Está vestido de negro y, como contraste a esa severidad, sonríe sin reservas, a pesar de que es famoso por ponerle a la prensa cara de pocos amigos. Ahora, en cambio, el treintañero muestra a sus interlocutores su rostro franco y abierto. Considerado uno de los mejores actores de su generación, el chico nacido en California goza del respeto de sus pares y de directores como Scorsese, que se deshace en halagos. "Es enérgico y sensible, tanto en la vida como en el escenario. Es compasivo, capaz de percibir muy bien los sentimientos de otros y no es para nada narcisista."

Por su papel en esta película, el muchacho acaba de ganar el Globo de Oro, y espera quedarse con el Oscar el próximo domingo. "Voy por él –exclama–. El actor que diga que no desea ganar la estatuilla está mintiendo."

–Usted se involucró mucho en este film, tomando parte en su elaboración y producción. ¿Estaba tan fascinado por Hughes?

–Sí. Es realmente raro encontrar a alguien que permita que uno lo encarne tan cómodamente. Hughes tiene una dimensión shakespeariana, es también un personaje de la mitología griega, un icono del siglo pasado, la imagen misma de la soledad.

–¿Y usted es solitario o busca la compañía de los demás?

–Las dos cosas. Me encanta estar con mi familia, mis amigos, los equipos de filmación, pero nada me resulta más grato que tener tiempo para estar conmigo.

Para meterse en la piel de Howard Hughes, DiCaprio leyó varias biografías sobre el aviador, escuchó grabaciones y miró viejas películas. Su esfuerzo llegó al extremo de aprender a volar los aviones de acrobacias.

–Tomé algunas lecciones, pero las interrumpí: las compañías de seguro no estaban muy contentas de que anduviera haciendo acrobacias en trastos viejos.

–¿Hay algún realizador con el que prefiere trabajar?

–Con gusto volvería a trabajar con Scorsese (en abril comenzará a rodar The Departed). Mis dos primeras experiencias con él (Pandillas de Nueva York y El aviador) han sido inolvidables.

–¿Es su "padre" en el cine?

–Diría que es mi amigo. Es raro, porque tiene treinta años más que yo y, sin embargo, tenemos los mismos gustos. Es una enciclopedia viviente.

–¿Qué aprendió de Scorsese?

–Cada minuto que pasé junto a él fue fecundo. En Pandillas de Nueva York yo todavía era un poco su "bebe". Pero esta vez me ha dejado aportar una piedra al edificio.

Al indagar más profundamente en la vida del Hughes empresario, DiCaprio comenzó a sentirse identificado con la constante lucha por escaparse de los medios periodísticos. "No tenía privacidad, pese a toda su ambición necesitaba tener su soledad. Sin ninguna duda, me puedo identificar con eso", confiesa el actor que tras el boom de Titanic sufrió el acoso de los medios. Con el tiempo, supo manejarlo y aprendió a escapar de los focos, que lo persiguen ahora cuando está junto a su novia, la top model brasileña Gisele Bundchen.

–¿Qué es lo que más le disgusta?

–Los hipócritas.

–Desde hace 10 años todo le sonríe. ¿Hay algo que no sepa hacer?

–Cantar. Aunque mis compañeros me dicen que tengo buena voz, no hay nada que hacer...

–¿Cuál es su mayor sueño?

–No dejar de aprender nunca. Tener tiempo de reflexionar. No olvidar jamás la generosidad de la que he disfrutado durante mi carrera. Pero mi sueño es lo que vivo: ser actor.

–¿Cuál es su mayor lujo?

–Coleccionar pósters del cine y el arte contemporáneo, con una predilección por Basquiat.

–¿Qué se levanta a buscar para comer de noche?

–Las trufas. No las de chocolate, las verdaderas. Las negras, no las blancas. No conozco nada más delicioso.

(Traducción: Mirta Rosenberg)

Una vida de película

  • Nacido en la Nochebuena de 1905, en Houston, Texas, Howard Hughes vivió siempre al límite. Heredero de una fortuna familiar cimentada en el petróleo, multiplicó sus posesiones con acertadas inversiones en el campo de la aviación, el cine y el juego. La película de Martin Scorsese, que protagoniza Leonardo DiCaprio, se enfocó en el período más prolífico de su vida, entre 1920 y 1940, época en la que se convirtió en un audaz productor de cine y en un pionero de la aviación. Estuvo relacionado sentimentalmente con estrellas como Bette Davis, Rita Hayworth, Katharine Hepburn y Ava Gardner. Era obsesivo, maníaco y posesivo, y eso lo llevó a recluirse. Murió solo, en 1976.
  • En busca del primer Oscar

    Pálpitos y apuestas dan por ganadora en la noche de los Oscar a El aviador y a su director, en los rubros principales. Si todo resulta así, Martin Scorsese se llevará el primer Oscar de su carrera. Considerado uno de los mejores cineastas de la actualidad, el neoyorquino de 62 años se quedó con las manos vacías las cuatro veces en las que estuvo nominado como mejor director y en otras dos oportunidades en las que figuraba como guionista. Su mala racha iguala a la de Alfred Hitchcock, que sólo pudo llevarse un Oscar honorífico. Ansioso, Scorsese espera que Clint Eastwood no le robé el sueño, pero si eso ocurre se cumplirá la tradición de que el director nato siempre cae ante los actores devenidos directores: en su primera nominación, en 1981, por Toro Salvaje, perdió contra Robert Redford, que debutaba con Gente como uno. Siete años más tarde, el éxito de Barry Levinson, Rain Man, fue la elegida frente a La última tentación de Cristo. En el 91, Kevin Costner y su Danza con lobos lo dejaron sin el premio. Ya en el nuevo milenio, el director y actor polaco Roman Polanski se alzó, por su película El pianista, con la estatuilla que esperaba ganar Scorsese por Pandillas de Nueva York.

    F. Scherer

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