Divina Gloria

Su nombre fue emblemático del teatro under allá por los, años ‘80 y ahora actúa en la tira de Telefé Costumbres Argentinas, y en la obra teatral El Instituto, los sábados, en el teatro Payró
(0)
4 de mayo de 2003  

1 – Sé que es una carga llamarse Divina Gloria. A veces no me siento ni divina ni gloriosa, y siento que el propio nombre que me puse como seudónimo es un poco justamente lo que no quería ser, omnipotente y con mucho ego. Mi verdadero nombre es Martha Gloria y un apellido tremendo: Goldsztern, que significa estrellas de oro.

2 – Absolutamente sé que no sé nada. Sé que en los momentos en los que me invaden dudas, dudo de todo lo que sé si es que sé algo. En esos momentos, las cosas que sé me las olvido.

3 – El artista no es lo que uno ve ahora: ese establishment de la televisión donde todo el mundo tiene que tener plata, auto, estar flaco y no tener arrugas. Ser artista es a veces tener laburo, a veces no, volver caminando desde el teatro porque no tenés plata para el colectivo. Ese choque con la realidad me pesa. Haber sido criada entre ángeles y descubrir que el piso es duro. Sufro mucho cuando veo que las cosas son así. Parecería que me pongo melancólica y digo que todo tiempo pasado fue mejor. Pero no es así. Hay una realidad muy mediocre.

4 – Seguir esta carrera es lo mejor que me pudo haber pasado y el hecho de que mi familia fuera una familia de artistas, vinculada al teatro, también. Conocí a Gershwin antes que al arroz con leche. Y en mi familia todos estaban muy contentos con que yo también quisiera ser actriz.

5 – Todo el tiempo pienso en dejar este laburo y dedicarme a otra cosa. Sería genial que el laburo fuera solamente el arte, no tener que estar pendiente de si estás en la tapa de una revista o no. Eso es lo doloroso para todos nosotros, cuando el ego empieza a comparar que al otro le dan más letra, aparece más, duele. Me pasa más ahora, de grande. Antes siempre me daba la sensación de que estaba como empezando.

6 – Mi vocación consiste más en un fluir que en decir pongo primera y decapito al que se me cruce por el camino.

7 – Sé que el amor es un laberinto al que hay que entregarse pase lo que pase. No es fácil, pero es emocionante, y puede pasar todo. Podés sufrir, crecer, estar feliz, divertirte, padecer, extrañar, sentir celos, extrañar.

8 – Sé que mido 1,48 metro. No llego ni siquiera al metro y medio. Cuando era chica intenté que me hicieran una implantación de fémur, pero este tema lo estoy resolviendo con plataformas.

9 – Sé que soy de tomar riesgos: soy madre soltera.

10 – Sé que de viejita voy a ser chiquita y joven porque la medición del tiempo no la tengo incorporada. Me siento ahora como si tuviese diecisiete años.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.