Dónde comer en la Adrogué de Borges
Sin las elegancias y el frufrú que albergaba el hotel Las Delicias, la buena mesa aún se encuentra en lugares con encanto
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La familia Borges pasaba la temporada estival en la casona de Plaza Almirante Brown 301, domicilio registrado en el aristocrático Libro azul de los tiempos en que el hotel Las Delicias desbordaba de veraneantes. Al volver, ya viejo, para una conferencia, el escritor se reconoció en el afrancesado trazado de la villa, todavía pródigo en humedad vegetal y coloridas flores, y evocó a una familia amiga que los visitaba. Llegaba en tren con un ritual paquete de empanadas cocinadas -alardeaban- por su cocinera negra, en la que el niño Borges imaginó y mansamente, por lo menos hasta que descubrió que la acartonada bandeja pertenecía a una confitería de Constitución.
Hoy, Adrogué se nutre de coloridos restaurantes, buenas pizzerías y postas gastronómicas que se aprovecharon de viejas casonas, como sucede con Soviet, en Mitre y Macías, que comanda Armando Gómez. Se especializa en mariscos y funciona -para nostalgia de muchos- en la sede del Club Social Adrogué. Los memoriosos recuerdan su cancha de tenis, ahora estacionamiento, y podrían recitar -entre las paredes y mobiliario- el verso de Borges: "Cada objeto conozco de este viejo edificio..."
Para tanta memoria está el Café Brown, casi frente a la plaza homónima, que exhala sus aromas en viejísimo edificio y cerca de casonas de enrejados y centenarios ventanales. Se baila en Pajarracos, con cena-show, de la calle Mitre, y se toma café en la confitería Riviera, que se asentó en parte de lo que fue el viejo hotel. Otro café pegado a la estación, en Mitre y Somellera, es Pizza Tempo, que compite con María Bonita, un chalecito elegido por la gente joven y que con treinta variantes de pizzas sobresale la santarsenes (con longaniza, tomate y ajo, a $ 13). Reservar mesa por el 294-1184. Otros pizzamaníacos prefieren Don Esteban, del otro lado de la plazoleta de avenida Espora y el Colegio Nacional.
Soviet se impone a lo social
En Soviet, donde un miércoles de cada quincena la cena es acompañada de una jam session o algún otro concierto, se comen bastones de abadejo panados con salsa inglesa (a $ 12), ostiones de vieiras gratinadas a la moda de Armando (15) y la ensalada del pescador, abundancia marina (a 12). A una cuadra, con look modernoso, en la esquina de Esteban Adrogué y Macías, está la marisquería El Foro, que ofrece trucha maître d´hotel (a 9) y cazuela de mariscos para dos (a 18 pesos).
Esa manzana resulta privilegiada: incluye el paseo de compras La Delicia, donde funciona Trote (reservas por el 293-4753, todas las tarjetas), con 27 años de antigüedad y la cocina del chef Gustavo Vázquez para 96 cubiertos. No cierra nunca y los mediodías hábiles tiene menú fijo de 8 y 10 pesos. Por las noches se sugiere su entrada vol-au-vent de hojaldre (relleno de espárragos y langostinos gratinados, a 12). También su lomo a la salsa de cerezas (a 16). Se puede compartir la abundancia del pollo relleno al champignon (20) y los fotografiados postres de su carta: espuma de limón con coulis de frambuesa y las crêpes de naranja (a 6 pesos).
Si lo que se busca es comida artesanal enmarcada en una muy vieja casona, hay que reservar mesa en Lara, Bouchard 1402, una esquina frente a la francesa placita Ceretti. Tiene cielo raso de vigas y listones para sostener ladrillos del siglo pasado sobre los que sobrevive una capa de tierra; también perdura una oxidada chapa de La Italia, compañía que aseguró el lugar (está fechada en 1886).
Para reabrir el local hace tres años, el matrimonio Calvo entró como Horacio Quiroga en las ruinas de San Ignacio, todavía selvática entonces. De selvas y, sobre todo, de orquídeas, entiende Marta Richmond de Calvo, la cocinera que tiene allí sus plantas y cuelga muestras permanentes de pintura que descubre a artistas locales. Se cena de martes a domingos (con tarjetas, reservas por el 540-2798). Los almuerzos se dan sólo los fines de semana. Lo mejor son los pañuelitos de salmón con salsa de camarones ($ 9) y las crêpes de espárragos o de gambas gratinadas (también a 9). Todo se sirve con envidiable decoración y se riega con bodega económica (Norton, a 8 pesos).
Lo más novedoso es Sí Querida, una exitosa parrilla que surgió hace un mes y medio (reservas por el 293-7260), extendiendo su carta a mariscos, pastas y platos elaborados. Muy colorida, su sede de Bynon esquina Drumond es una casa en dos plantas transformada y donde dos jóvenes cocineras (Isabel González y Blanca Mirich) preparan cazuelas y paellas para dos (a 15 y 13 pesos) o un requerido lenguado relleno con salsa Tenerife (a 8). Juan Carlos Tedeschi y Emilio Espejón, los anfitriones, se entregaron a la gastronomía a pleno. Cierran los lunes; aceptan todas las tarjetas y su bastión es la parrillada a 15 pesos para cuatro. El viejo Adrogué renovó todo menos el empedrado, desnivelado pruebacoches que depara emociones: como el abandonar el cuatro ruedas averiado frente a encantadoras casonas.
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