¿Dónde está Hendler?

Daniel Hendler acaba de ganar en Berlín uno de los premios más prestigiosos para un actor de cine. En una charla con Vía libre repasa la vertiginosa carrera que lo llevó desde el famoso Walter de Telefónica hasta su consagración internacional
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27 de febrero de 2004  

Después de ver sus películas, uno podría esperar que fuera impuntual, que algún despiste retrasara su llegada a la entrevista en un bar de San Telmo. Pero no, llegó temprano, aunque temprano a la manera de varios de sus personajes: una hora antes. "Me confundí, pero aproveché para ir a Internet y ver algunos mails", se ríe. Recién aterrizado de su consagración en Berlín, donde obtuvo el premio a la Mejor actuación masculina en uno de los festivales más importantes del mundo, el uruguayo Daniel Hendler está, a los 28 años, en un momento de ensueño. "Es como que tengo la panza llena. La parte de la necesidad del actor de ser reconocido, por un buen rato quedó satisfecha", asegura. Desde que hizo pie en Buenos Aires y su cara se hizo familiar como el Walter de la publicidad de Telefónica, en cuatro años participó en cuatro largometrajes argentinos, uno uruguayo (el muy comentado 25 watts ), y varios cortos hasta que llegó el protagónico de El abrazo partido , el film de Daniel Burman que obtuvo el Oso de Plata. Tanto trabajó y a tal punto llega su reconocimiento que incluso en el próximo festival de Toulouse, Francia, tendrá su propia retrospectiva.

Hendler: -Voy a pedir un cortado. ¿Puede ser en un vaso de vidrio como aquél, que es muy lindo?

Moza: -Así viene el capuchino a la italiana.

H: -¿Cómo es a la italiana?

M: - Con canela y chocolate.

H: -Bueno, que sea un poquito a la italiana.

M: -¿Cómo sería?

H: -Con un poquito de canela y un poquito de chocolate.

En sus pagos montevideanos dicen que se está "aporteñando". "No tenía intención de venir a la Argentina. Estudiaba arquitectura y trabajaba con mi grupo de teatro cuando Burman fue a Uruguay y me conoció accidentalmente. El viajó como productor de Garage Olimpo , para ver a Walter Reyno, que actuaba conmigo. Estuvo en la obra, me pidió una entrevista y después se jugó al llamarme para Esperando al mesías , casi sin conocerme", recuerda. Ahora pasa tres semanas en Buenos Aires y una en su ciudad natal, donde corre visitando parientes, pagando cuentas de la casa que mantiene en el barrio Cordón y encontrándose con los amigos que lo gastan por su flamante tonada. "Cuando tenés que actuar en una película y te sale el acento uruguayo, te cortan la toma. Entonces empezás a ensayar el acento porteño, que después se te pega un poco. También lo aprendés para que los taxistas no te paseen."

-Igual, ahora todos te conocen...

-No mucho, alguno que otro (ojo, si están leyendo esto los productores, anoten: sí, soy famoso). Creo que son días, aunque hay momentos en que estoy más perceptivo y me doy cuenta de que me miran como a un famoso, y otros en que para nada.

El antihéroe

Nunca una carcajada, más perdedor que ganador, aspecto de recién levantado o de no haber dormido... Sus personajes más trascendentes tuvieron entre sí bastante en común y también con el propio Hendler. "Me parece inevitable, sobre todo en cine, que el actor trabaje con su organicidad, que reaccione con su materia viva. Uno no quiere que los personajes sean como uno, pero sí acercarlos para que vivan en paralelo. Tampoco se trata de un show personal, de ver cómo puedo convertirme en personas diferentes, sino de que el espectador viva el personaje que propone la obra y la mirada del director. Después sí, en cuanto al lucimiento personal, admito que es lindo cuando uno tiene la posibilidad de desdoblarse, pero no puedo tenerlo como una prioridad, ni ponerme bigotes o lentes negros para diferenciarme en cada película."

Hendler cree que a partir de El fondo del mar sus participaciones comienzan a alejarse cada vez más del desorientado Walter. "El mismo año de la publicidad, estuve en tres películas que tenían a Walter como factor común. Eran distraídos, inocentes, queribles. Suele pasar eso con la televisión: los actores que están todo el día dentro de la casa de la gente, de repente hacen un papel en cine y, por mejor que estén, es muy difícil olvidar el personaje de la TV. Me parece que en la película de Szifrón y en El abrazo... ya no es así. Siento que me despedí, aunque igual no es algo que me preocupe."

Sobre premios y fantasías

"Creo que me gané el Oso porque soy peludo y me correspondía", arriesga, aunque su segunda teoría parece más cercana a la realidad: "Lo veo como un papel bastante austero y medido, y quizás haya sido eso lo que más gustó. Toda la premiación fue bastante sensible y poco política, porque si no hubieran equilibrado un poco. Creo que el jurado se la jugó." Sin ninguna estatuilla se quedaron los films de Eric Rohmer, Ken Loach, Richard Linklater y Theo Angelopoulos, entre otros tanques. "Sinceramente, no pensé que el mío fuera un trabajo que se destacara por encima de los demás actores de El abrazo... , que para mí están increíbles. Pero los premios tienen una alta dosis de accidente. Bien podría no haberlo ganado e igual estaría feliz por la distinción general. Creo que la película sorprendió por hablar de cosas hondas con cierta frescura y en tono de comedia".

Los días previos a la entrega, Hendler trataba de no hacerse ilusiones, aunque por momentos se imaginaba festejando en el escenario. "Me fui haciendo un poco el bocho porque me cruzaba con gente que decía que apostaba por mí como actor." Del premio se enteró la noche anterior a la ceremonia. "Estaba paseando por Berlín cuando llamó Burman y me lo dijo. Era algo muy confidencial, pero le habían avisado antes a él para que no nos fuéramos de la ciudad. En ese momento no lo podía creer, estaba emocionado, pero al rato tuve la duda de si lo había entendido bien o no. Trataba de acordarme si había algún lugar a malinterpretaciones. "Capaz que no me dijo eso", pensé."

El abrazo... se estrenará en las salas porteñas el próximo jueves 25. Rodado casi por completo en una galería de Once, el cuarto largometraje de Burman profundiza en una temática judía que ya se convirtió en claro sello autoral. "No era un set de rodaje, sino el barrio mismo. Por momentos era difícil cuidar el sonido, la imagen, pero la idea era interactuar e incorporarnos al ritmo del lugar." Ariel Makaroff (Hendler) trabaja con su madre (Adriana Aizemberg) en un negocio de lencería venido a menos, mientras hace los trámites necesarios para conseguir el pasaporte polaco y poder irse del país.

Nuevamente, el camino del personaje y el actor -ya devenido fetiche de Burman- tiene puntos de contacto. "Pero no muchos. Fui a una escuela judía y tengo amigos de esa época, pero el personaje se mantiene en un micromundo que poco tiene que ver con mi vida y mis relaciones, que son mucho más abiertas. Tampoco tengo una cuestión muy fuerte de tradiciones, aunque sí curiosidad e interés por algunas cosas particulares de la cultura, que tienen que ver con recuerdos, comidas o una festividad."

Ahora Hendler tiene previsto armar proyectos de teatro (para hacer en Buenos Aires) y que lo convoquen para nuevos rodajes. Desde que ganó el gran premio todavía no pasó por Uruguay, pero sabe que allí tuvo muchísima repercusión. Viajará en unos días. "Voy a sumarme a la filmación del corto de unos amigos y no pienso atender a nadie, porque necesito descansar y porque mis amigos me advirtieron que, si dejo el rodaje para hacer alguna nota, me matan. Después seguiré yendo y viniendo; es un privilegio poder hacerlo."

Cuatro años a puro rodaje

Esperando al mesías (2000) Primera participación de Hendler en un film de Burman. Romances e historias de una clase media venida a menos. El personaje de joven judío se afianzará en la última obra del director, con guiños como el mismo nombre y pareja (Melina Petriella)

25 watts (2001) Leche (Hendler) es uno de los tres muchachos que pasan el rato en las calles de Montevideo. El trío actoral fue premiado en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.

Sábado (2001) En la película de Juan Villegas, su personaje, más distraído que nunca, es el que choca en la calle con un famoso (Gastón Pauls).

NS / NC (2001) Otro papel de joven disperso en el (olvidable) largo de Fernando Musa.

Todas las azafatas van al cielo (2002) Participación secundaria de Hendler, para continuar en la filmografía de Burman. Actúa de taxista (judío, obvio).

El fondo del mar (2003) En la opera prima de Damián Szifrón, presenta divertidos rasgos de obsesión que superan su clásica impasividad.

Despedida (2003) En su corto para Sedal, que se vio por Telefé y tuvo gran repercusión, Ana Katz (pareja de Hendler en la realidad) lo obligó a romper con su rol de antihéroe. Su personaje es un ex novio canchero (una perlita).

El abrazo partido (2004) Cuarto largo de Burman y film consagratorio para ambos. Ariel (Hendler) trabaja en una galería de Once, donde el costumbrismo aparece en su máxima expresión. El uruguayo obtuvo el Oso de Plata por su actuación.

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