
Dulce Bernarda
El programa de cable Dulces tentaciones (elgourmet.com) la convirtió en una estrella de la televisión. Sin embargo, la hermana no perdió su sencillez y humildad. En una charla con Dolli Irigoyen afirma que, a través de la cocina, se puede dar apoyo espiritual a las amas de casa
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Su estilo sereno es bien conocido por los seguidores de sus programas Dulces tentaciones y Saladas tentaciones, en la señal de cable elgourmet.com. La hermana Bernarda se ríe suavemente cuando recuerda su primer día frente a las cámaras.
Y también lo hace cuando rememora su infancia en el campo. Una puede unirse a ella en el amor por la vida sencilla y la pasión por la buena mesa.
-¿Cómo se inició en la cocina?
-En casa, con mi mamá. Desciendo de una familia de alemanes. Yo tenía 12 años cuando empecé a ayudar en la preparación de las comidas de la casa.
-Era otra vida, ¿no es cierto?
-Por supuesto. No había máquinas ni electrodomésticos. Nosotros hacíamos todo: el pan, el queso, la manteca, los chorizos... ¡Comí jamón comprado por primera vez en mi vida cuando entré a la congregación de las Hermanas de la Santa Cruz, a los 16 años!
-¿Usted cree que se pueden hacer cosas ricas con poca tecnología ?
-Claro que sí. Lo importante es que haya creatividad, alegría y mucho amor por los demás. Esos son los condimentos fundamentales en la cocina.
-¿Cuántas alumnas pasaron por sus manos?
-No lo podría decir con seguridad. Al menos tres generaciones: abuelas, hijas, nietas. Y ahora vienen las hijas de las nietas. Lo que les digo a las chicas de hoy es que no tengan miedo, porque la cocina es un servicio: uno puede dar mucho afecto y humildad a través de los platos que prepara.
-¿Qué siente que transmite a tantos televidentes?
-Encontré una manera diferente de evangelizar y de llegar a la gente. Cuando estoy frente a las cámaras, yo cocino para el ser humano. Cocinar es brindarse al otro ser humano; ver al Dios que está ahí. Intento transmitir algo que Dios me ha dado. Como dice San Pablo: uno recibe un don, y luego lo transmite.
Al escucharla, es fácil recordar la manera sencilla en que la hermana María Bernarda Seitz combina consejos culinarios con preceptos para vivir mejor. Un remanso en medio del vértigo televisivo, seguramente. Como el espacio en el que estamos, en el parque del convento que es su hogar desde 1957, rodeadas de verde y silencio.
Cuando la entrevista está llegando a su fin, mueve sus manos y deja ver una alianza nueva.
-¿Qué es esta alianza?
-Es un anillo de plata con una cruz de oro; me la entregaron un día, en la apertura de la misa del padre Daniel Aguilera. Me permite recordar siempre cuál es mi misión: ayudar a las amas de casa de hoy, darles ayuda espiritual a través de la cocina. Esa es la alianza que hice con ellas.
Como ocurrió infinidad de veces desde que comenzamos a hablar, una sonrisa ilumina el rostro de la hermana. Difícil adivinar su edad. Hay algo inocente, casi infantil, en los gestos de esta mujer menuda. Y una inmensa sabiduría en sus palabras.
Para saber más: www.elgourmet.com






