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Experiencias

Duraznos: cuando la fruta es una fiesta

Santiago Marini
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18 de diciembre de 2019  • 16:38

Los hay marmolados, veteados, sarpullidos de rubor; los hay de piel blanca a casi lila, de mucha pelusa y de ninguna, rojos y bien pesados como una manzana o pequeños como damascos. Cada productor le muestra al público sus orgullosas frutas, que tienen tantos colores y texturas como formas de describirlas. Comer un durazno fresco, morder cerrando los ojos y llenarse los dedos de azúcar es inaugurar el verano. Y aquí, en la longeva Fiesta Nacional del Durazno de Mercedes, solo queda una caja de los ganadores. Al jurado lo integraron un ingeniero de Luján, uno de San Pedro y uno local, "Para que no hubiera problemas" dice la señora que cuida el puesto. "Estuvieron dos o tres horas probando duraznos, hay que venir con hambre".

En tres días de diciembre, los lotes premiados se habrán vendido por completo en cajones de 5 kilos y precios de entre 300 y 500 pesos. Los visitantes caminan por el galpón untando galletitas en mermelada o saboreando muestras de duraznos en almíbar. Pero algunas temporadas atrás, esta celebración que hoy congrega a una treintena de productores y convoca a miles de personas corrió el riesgo de dejar de realizarse. Mercedes iba a perder su fiesta del Durazno. En 2003, por una serie de heladas y granizos, tuvimos una baja terrible, cuenta Susana Castagneto, una de las fundadoras de Resurgir, el plan con el que el municipio recuperó su producción. Teníamos un festival nacional y no quedaron casi plantas. Entonces fuimos a verlo al intendente y comenzamos con este proyecto que reparte tres mil plantas por año. Al principio estuvo pensado para quienes quisieran hacer uso comercial, pero ahora cada mayo las plantas llegan también a escuelas, cooperativas, merenderos y vecinos particulares. Trabajamos bajo el lema: Una casa, un árbol. Es un plan único en el país, que ya lleva 16 años de vida.

Las plantas salen de un vivero especializado en la ciudad de San Pedro, con la que Mercedes rivaliza por la excelencia en el cultivo; el árbol tarda dos años en empezar a dar frutos y tiene una vida de unos veinte. Además de tiempo, los árboles requieren de un puntilloso seguimiento fitosanitario para que a los frutos no los sorprendan plagas como la grafolita, la mosca mediterránea o la temida arañuela. En primavera, las flores rosadas del duraznero son visitadas por miles de abejas, que funcionan como termómetro para comprobar si los agroquímicos aplicados fueron benignos. "Si las abejas están bien, estás haciendo las cosas bien. Las abejas viven adentro del monte y hay que cuidarlas para la polinización" -dice Susana-. "Tratamos de aplicar una cantidad mínima de intervención. La tendencia es ir a lo agroecológico, pero todavía no hay pruebas de continuidad para el durazno orgánico".

Muchas variedades, muchas historias

Prisco, amarillo, dorado, Guglielmina, Mariabianca, Sol de Mayo; la lista de variedades de duraznos es extensa, pero todavía más lo es la de cosas que se elaboran con ellos. Detrás de cada tabla están las caras y las historias de sus productores, testigos de toda la cadena e intérpretes de una tradición originaria del Medio Oriente que llegó a las quintas bonaerenses, como la de los embutidos, con la inmigración italiana y española.

  • Está, por ejemplo, el puesto de Hugo Espeso y Andrea Kek, que mezclan su dulce con tomate, dulce de leche, chocolate o menta, e incluso ofrecen un escabeche de durazno.
  • El de Graciela Lavagna, que desde su granja a energía solar en Chivilcoy llega con sus Delicias de las Nonas y se especializa en chutneys y licores.
  • Está Marisa Roseo y su cooperativa Alma Mercedina, en la que sus seis miembros se turnan para visitar ferias zonales y vender néctar y mermeladas.
  • Están las familias López, Maidana, Zunino, Silva o Zambarino, ofreciendo sus especialidades a la sombra del galpón.
  • Y está también, en una esquina, el puesto de la Agrupación de Mujeres Gauchas, donde la familia Cané muestra los budines y tortas que preparan en el primer grupo tradicionalista femenino de la zona. Participan mujeres de Jofré, La Verde, Gowland, de los alrededores. Empezamos el 12 de febrero de este año y desfilamos por primera vez para el Día de la Mujer. Las mujeres estamos empoderándonos y es bueno que desde del campo, que por ahí es más conservador, salgan también estos movimientos -dice sonriente Elisa Cané. Este año, la Agrupación participó de peñas y ferias e incluso tuvo su momento en la Feria Rural de Mercedes con una prueba de riendas femenina-. Sabemos que a las mujeres del campo la información de estos temas le llega menos. Pero en estos dos años se ha logrado que la mujer salga. Ahora se vislumbran más cosas que siempre pasaron -dice. Nacida en Heavy, pueblo aledaño a San Andrés de Giles, hace 72 años, a María Josefa Cané le gusta vivir con sus animales y montar a caballo, pero está realizando con la Agrupación un deseo que por mucho tiempo tuvo latente. "Siempre pensé en hacer una agrupación feminista. Mi esposo cuando vivía estaba en una agrupación tradicionalista y su jefe no permitía mujeres: había que prepararles la ropa para que los hombres fueran a desfilar. Y nosotras ahí. Ahora es lindo ver cómo los maridos de las chicas muchas veces van ayudando atrás, renegando, pero van y lo hacen".

Naranja intenso

El sol se desploma detrás del escenario y ya es el colmo, todo se tiñe de tonos de naranja. Las afables competencias de recolección y embalaje de duraznos van terminando; la gente persigue la música y el olor a asado en el aire. Una veintena de los ya ubicuos foodtrucks venden las últimas cervezas y papas fritas. Marcelo Denápole se cruza de brazos y mira con orgullo el final de la fiesta. "Por el crecimiento de Jujuy, Corrientes, Mendoza o Entre Ríos, Mercedes tuvo que recomponer su producción y buscar mayor cantidad de horas de frío, mayor tiempo de maduración, mejores sabores". Esa reconversión se hizo y hoy volvimos a tener casi 60 productores -enumera quien, como Director de Producción municipal, conoce bien la trastienda que hace falta para que por vez 44° este festival se lleve a cabo.

"Ahora hay nuevos desafíos, como agregar valor mediante la realización de dulces, licores, mermeladas. Nos está faltando poder tener un Mercado Concentrador acá. Muchas veces tenemos que arrancar nuestro durazno más temprano para llevarlo al Mercado Concentrador de Buenos Aires y volver con ese durazno a Mercedes y alrededores. Es una vuelta muy grande, con un costo importante. Por eso intentamos ir de la quinta al consumidor, con la menor cantidad de escalas posibles".

Los embaladores se apuran a llenar sus cajas y corren mirando abajo, para que los duraznos no se les caigan. Pero Dionisio García llega sonriente, apila su cajón y mira hacia arriba. Después se para a un costado, acepta las fotos y recibe de las manos del presentador el cheque ceremonial por cinco mil pesos. Dionisio es embalador hace tres años, y entre octubre y marzo sabe que tiene trabajo. "Es para mis dos hijos", dice sobre el dinero, y se va sonriente, sin decir más, con esa alegría que se vive por dentro. La música comienza, el sol se apaga, es apenas una mancha detrás del escenario, y los visitantes apuntan sus sillas hacia él.

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