
Dustin Hoffman: pequeño gran hombre
Su altura no alcanza el metro setenta. Pero es un gigante en la pantalla. A los 65 años, y con seis hijos, dice que todavía tiene acné, que jamás pasó por un strip club y que nunca quiso ser actor. Sin embargo, confiesa, el cine le dio la oportunidad de educarse
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No pude prometer un jardín de rosas... La producción me mandó un auto con chofer, pero me vinieron a buscar una hora después", se disculpa Dustin Hoffman por unos minutos de atraso, sin darse cuenta de que lo hubiésemos esperado un mes seguido, con tal de compartir una entrevista como ésta.
Detrás de la humildad de un grande que no llega al metro setenta (sin contar los centímetros de la famosa nariz) se esconde una de las figuras más respetadas en Hollywood. Y resulta un inmenso honor disfrutarlo frente al grabador; para hablar sobre los irreconocibles 65 años, la fiel familia numerosa y recordar las huellas que dejó en el mundo del cine (incluyendo tres nuevas películas en camino), con tantas anécdotas que sólo él puede contar.
-¿Siente que ya no necesita comprobar lo bueno que es como actor?
-Yo estoy del otro lado del túnel. Puedo ver las cosas desde el final, con otros ojos. Pero me gusta decir que veo mi trabajo como el segundo acto. Siempre se puede mejorar. Mi amigo Bobby Robert Duvall tiene unos años más que yo, creo que 72. Y él dice que está en el capítulo final. Jack Nicholson lo llama automutilación. Yo sé que me estoy poniendo viejo. ¿Pero qué voy a hacer? ¿Voy a pretender que no lo estoy? Tengo 65 y le agradezco a Dios que todavía tengo acné, porque significa que conservo un alto nivel de testosterona. Para decirlo modestamente, siempre odié el acné, pero ahora le pido a los granitos que por favor se queden conmigo... A esta altura ya no puedo mentir y la gente sabe cuántos años tengo. También me gustaría recibir el descuento que dan en el cine a la gente de mi edad, porque habiendo trabajado más de 30 años como actor supe lo que significa estar quebrado. Pero no me atrevo a decir jubilado.
-Aunque no se sienta poderoso, ¿le gusta que la gente lo admire?
-Seguro. Todos tenemos gente a quien admiramos. Mis ídolos siempre fueron pintores. También escritores y directores que me permitieron alterar mi persona desde un personaje. ¿Conoces al poeta Stanley Kunitz? Es la clase de gente poderosa, para mí.
-¿Admira a algún actor en particular?
-Cuando apenas empezaba, todos mirábamos como ejemplo a Brando, Brando y Brando. El cambió la cara de la actuación. La llevó a un nivel que jamás antes se había visto. Impuso la naturalidad. Creo que fue el primer actor en imponer masculinidad con feminismo. Rompió el mito del hombre que se veía en cine. En On the Waterfront, él se puso un guante de mujer, el de Eva Marie Saint. Nadie más se hubiese atrevido a algo así en aquel entonces.
Tiene canas, sí, pero le quedan muy bien y no aparenta los 65 años que lleva con toda grandeza. Hablando en serio, entremezclando alguna broma, se lo ve bastante informal en pleno Beverly Hills, con traje gris y camisa celeste, pero sin corbata (menos que menos, moño), mientras una limousine lo espera en la puerta para llevarlo de vuelta a casa, en cualquier momento. El ambiente lo representa y demuestra que es el estilo de superestrella que nunca despegó los pies de la tierra, manteniendo la admirable personalidad de alguien que se convirtió en actor, por pura casualidad.
-¿Hay alguna película en particular que lo motivó a seguir la carrera de actor?
-La verdad es que no quería ser actor sino pianista. Por eso me gustaba ver películas sobre músicos. Humoresque fue una película que me inspiró, con John Garfield tocando el violín...
-¿Cómo fue que se decidió por la actuación, si realmente no quería ser actor?
-Me estaba yendo muy mal en la preparatoria para la Universidad. Necesitaba tres créditos y alguien me dijo que tomara la clase de actuación porque nadie fracasa. Así empecé.
Hoffman había cumplido los 30 cuando protagonizó la película El graduado con un sueldo de apenas 17.000 dólares, pero con la primera nominación al Oscar subió el salario a 250.000 (en Midnight Cowboy) y pasó la barrera del millón, cuando con Papillon cobró 1.250.000 dólares.
Martin Scorsese le había tocado la puerta antes de llamar a De Niro para protagonizar Taxi Driver. Hasta Francis Ford Coppola lo consideró para el papel de Michael Corleone, que terminó haciendo Al Pacino. Pero Dustin Hoffman supo estampar su propio nombre en otras memorables películas como Kramer vs. Kramer, Tootsie, La muerte de un viajante, Rain Man, Dick Tracy, Héroe o Wag the Dog, entre otras.
-¿Disfrutó siendo el malo de la película, en Confidence? (N. de la R.: este film aún no se estrenó en la Argentina.)
-Me gustó ser marginal en una película, porque ya bastante trabajo en la vida real para ser siempre el bueno. Ahí usé la sexualidad como arma, manejando un club erótico, pero dejamos que mi sexualidad fuera ambigua. Yo había hecho una investigación para otra película, Straight Time, hace muchos años, y aprendí que en la prisión los juegos sexuales son bastante perversos. Y me basé en eso para desarrollar el personaje.
-¿Investigó el personaje recorriendo otros clubes eróticos con mujeres desnudas?
-Esta vez no hubo tiempo para investigar demasiado. Me hubiese encantado recorrer las casas de strip-tease en Los Angeles y decirle a mi mujer que (riéndose) tenía que seguir con Las Vegas... La verdad, jamás pasé por un strip-club en mi vida. Mi hijo Lenny va a esa clase de lugares.
-En poco tiempo también se estrenará otra de sus películas, junto a Johnny Depp...
-Sí. Se llama J. M. Barrie´s Neverland. Johnny Depp hace de James Barry (el autor de Peter Pan) con un maravilloso acento irlandés y yo hago de productor americano.
-¿Y la reciente experiencia de filmar con Gene Hackman Runaway Jury? ¿Es cierto que usted había dormido en su casa cuando apenas empezaba como actor?
-Sí. Con Gene nos conocemos desde hace 45 años y nunca antes habíamos trabajado juntos. Quisimos, pero nunca pudimos. En Runaway Jury fue la primera vez. La única escena que filmamos juntos la hicimos el último día. Temblábamos prácticamente, pensando que uno iba a juzgar al otro. Solíamos discutir cuando empezábamos en esta carrera, porque yo me entrené con Strassberg y el tenía un método diferente que siempre defendió. Y yo defendía mi método de actuación. Encontrarnos cuarenta años después fue una experiencia fabulosa. Cuando terminamos de filmar, Gene me preguntó si sentía lo mismo de siempre, cuando un actor vuelve a casa después del último día de filmación. Le dije que sabía lo que iba a decir, pero le pedí que lo dijera primero. Y él insistía que yo lo dijera. Así que lo hicimos juntos. "A la una, a las dos, a las tres... ¡Nunca voy a volver a trabajar de nuevo!" Es algo que ningún actor sabe. Ni siquiera yo.
Para saber más
www.imdb.com
www.biography.com
www.allmovie.com
Estreno en la Argentina
- Nació y se crió en Los Angeles. Su padre era escenógrafo y él siempre soñó con ser pianista. Ahora tiene 65 años, seis hijos y más de 40 películas en su larga carrera de actor.
- Fue nominado al Oscar en siete oportunidades, y en dos de ellas lo ganó: por sus personajes en Kramer vs. Kramer (1979) y Rain Man (1988).
- Para la película Tootsie se preparó durante tres años, y para su personaje de Rain Man se metió en la piel de un autista durante dos años y medio.
- Sus últimas películas son Confidence, Runaway Jury y J. M. Barrie´s Neverland, en la que actúa junto a Johnny Depp. Todavía no fueron estrenadas en la Argentina. Está trabajando en otras tres producciones que se verán en 2004 y 2005.
- Fue una de las voces que, en Hollywood, se alzaron contra la guerra en Irak.





