
Eclecticismo
Diseño y arquitectura en tiempos de desafíos. Ambientaciones que fusionan estilos y la búsqueda del equilibrio entre lo estético y lo posible
1 minuto de lectura'
Hubo el tiempo de la sencillez y la religiosidad colonial; luego, el de las influencias italianas y francesas, el de los imponentes palacios de inspiración neoclásica. En 1936, la construcción del edificio Kavanagh anticipó el ansia de modernidad que marcaría a la arquitectura argentina de los años 60. Durante esa década, los trabajos de Clorindo Testa, Mario Roberto Alvarez, Justo Solsona y Horacio Baliero, entre otros, demostraron que surgía una escuela argentina de arquitectura dispuesta a poner en crisis el clasicismo imperante hasta ese momento, influyente en el exterior y lista para plasmar sus principios en proyectos tales como los del Banco de Londres, la Biblioteca Nacional, Argentina Televisora Color, el Centro Cultural General San Martín.
La globalización y el cambio tecnológico de fines del siglo XX se cristalizaron en las espectaculares torres levantadas a partir de 2003: un auge constructivo que en su momento sorprendió a muchos de los implicados pero que hoy, en plena debacle económica internacional, llegó a su fin. ¿Qué esperar, entonces? A juzgar por las respuestas de los profesionales consultados por LNR, nada que no implique una confiada expectativa. "No hay duda de que la crisis está establecida y va a obligar a terminar con los desmanes y locuras propuestos por un mercado a veces frívolo y caprichoso -asegura Ignacio Lopatín, docente desde hace 40 años en la FADU-UBA, ex director de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires (entre 2002 y 2004) y creador del estudio que lleva su nombre-. Es una oportunidad para los que creemos que la arquitectura es algo más permanente, que no debe estar ligada a las modas." Por su parte, Rubén Cherny, también docente en la FADU-UBA, integrante del estudio Berdichevsky-Cherny y diploma al mérito Konex 2002/2004 (entre otras distinciones), asegura: "Como todos los argentinos, los arquitectos estamos acostumbrados a sacarles jugo a las piedras. Supongo que esta crisis nos agarra con un handicap especial, que es saber de qué se trata". Cherny (63) y Lopatín (65) pertenecen a la generación formada en la década del 60. En ellos, la inquietud por lo que viene es también inquietud por lograr un equilibrio entre las demandas del mercado y cierta idea de ciudad. Además, mantener el espíritu crítico alerta: "En un mundo tan global, la arquitectura argentina no deja de recibir influencias -comenta Cherny-. Desde los puntos de vista técnico e intelectual estamos a la par de lo que ocurre en el exterior. Eso implica algunas contradicciones, dado que nuestra situación socioeconómica no es equivalente a la de otros países. También hay contradicción entre el lenguaje generado por las nuevas exigencias tecnológicas y nuestra realidad".
Algo más acá generacionalmente, los cordobeses Alfredo Tapia (39), Gastón Atelman (40) y Martín Fourcade (41), fundadores del estudio aft+Partners, ya marcaron su impronta en el paisaje porteño: nada menos que con el edificio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), obra que en 1997, cuando su estudio apenas comenzaba a dar los primeros pasos, los catapultó al mundo de las grandes lides arquitectónicas. A principios de 2008 comenzaron a desarrollar proyectos en los Emiratos Arabes, esa meca de la desmesura arquitectónica. Luego siguieron con trabajos en Egipto y Orán, un recorrido que hoy les permite mirar a la crisis con perspectiva global. "En nuestro caso, se da una situación particular -comenta Fourcade-. Estamos con más obras afuera que acá, varios proyectos en Abu Dhabi. Es cierto que en Dubai se frenaron los proyectos más espectaculares, los que justificaban ciertos excesos. Se mantienen, en cambio, los que respetan pautas de sustentabilidad y no impulsan sobrecostos. Si esta muestra es real, implica un cambio de actitud que en el fondo está bueno porque supone la búsqueda de un sentido arquitectónico eficiente y que la sustentabilidad entendida como integración (ver recuadro) empiece a ser un concepto de base."
Elogio de la mesura
Ahora bien, ¿de qué se habla cuando se habla de "sustentabilidad"? En términos muy sencillos, un edificio sustentable es aquel que produce niveles bajos de contaminación durante su construcción, reduce los costos por transporte de material y, una vez construido, no demanda un mantenimiento costoso ni un gasto energético excesivo. Por medio del estudio de la orientación de los vientos se puede, desde un principio, proyectar viviendas que estarán bien ventiladas (lo que reduciría el consumo de aire acondicionado). Lo mismo con relación a la iluminación (bajar el porcentaje de consumo de luz eléctrica), la calefacción o la circulación de agua. Si bien las certificaciones y asesorías ambientales implican un costo inicial alto, las medidas para lograr una vivienda sustentable pueden llegar a ser más sencillas de lo que a veces se supone. Independientemente de los nuevos materiales y las tecnologías especialmente concebidas para el ahorro de energía. "Un edificio bien orientado es sustentable -aseguran, casi al unísono, los treintañeros Marcos Amadeo, Fernando Cynowiec, Juan Granara, Adrián Russo y Alexis Schachter, núcleo fundador del estudio Monoblok-. Es una cuestión de sentido común." En otros términos: un edificio equipado con tecnología de punta que captura la energía del sol se inscribe, sin duda, en los criterios de la sustentabilidad. Pero un edificio que garantiza buena iluminación y apropiada ventilación también respeta esos parámetros. Y es mucho más factible en un país como el nuestro. "Estos criterios se van a afianzar frente a las carencias que vienen por la crisis -reflexiona Lopatín-. De hecho, hubo gente que pensó en esto hace tiempo. Como Vladimiro Acosta, que en los años 40 hablaba del sistema Helio." Efectivamente, este arquitecto argentino de origen ucraniano se destacó por sus investigaciones sobre la interrelación entre la arquitectura y el clima. Su sistema de viviendas tipo Helio procuraba controlar la acción del sol por medio de terrazas, vigas con función de viseras y toldos. Tampoco son nuevas propuestas como la de ventilación cruzada (ambiente ventilados con dos lados abiertos para que el aire pueda pasar), parasoles u otro tipo de pantallas que actúen como aislantes térmicos.
Como muchos otros por el estilo, estos sistemas quedaron relegados frente al furor tecnológico de principios de este siglo. Especialmente a partir de 2000, el desarrollo de mejores materiales (hormigones de alto rendimiento, plásticos más resistentes que el acero) y los avances en los sistemas de construcción expandieron las fronteras de lo que era posible hasta ese momento. Edificios giratorios, proyectos de rascacielos de 1000 u 800 metros, formas y estructuras que parecen desafiar las leyes de la gravedad: una fiesta para creativos y audaces, que tuvo su correlato a nivel local (sin llegar, claro está, a la monumentalidad de Abu Dhabi). "La arquitectura es el reflejo de la época en que se vive -reflexiona Lopatín-. El default apareció en estos edificios exóticos. Ahora va a aparecer la racionalidad en la economía de recursos."
Para los no especialistas probablemente los cambios serán apenas perceptibles: menos fachadas espectaculares, menos torres impactantes. Del lado de los profesionales, se vienen proyectos más "tranquilos", centrados en la utilización racional de recursos, en lugar de desarrollar sofisticadas estructuras edilicias. Seguramente se tenderá a utilizar materiales de fabricación nacional en vez de importados, dado que en los últimos años la industria argentina incorporó tecnología para la fabricación en serie de perfiles de aluminio, vidrios, hormigón y Durlock.
La ciudad, ese amor
Hasta aquí, un panorama posible a corto plazo. ¿Y un poco más allá? Los arquitectos Mariano González Moreno (32) y Ana Paula Saccone (32) no tienen dudas: "La próxima arquitectura debe sostener una idea de compromiso social. Tener una conciencia ambiental, de territorio, y una conciencia urbana. Saber cómo una obra afectará al terreno y a la gente que lo habita. O cómo incidirá en la ciudad".
El año pasado, junto con Sebastián Batarev y Pablo Villordo, González Moreno y Saccone ganaron el concurso para la realización del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne) en el predio de la Ciudad Universitaria. Impulsado por el Conicet y la UBA, el objetivo de máxima del instituto es el de atraer a investigadores argentinos que actualmente están trabajando en el exterior. En su propuesta, los jóvenes arquitectos plasmaron muchos de los principios que, consideran, deben marcar la arquitectura que viene.
"Que sea un proyecto inserto en un programa académico, para investigadores de ese nivel y a realizarse en la Ciudad universitaria, es un valor agregado -se entusiasma Saccone-. Es una inmensa alegría, ya que uno intenta devolver a la facultad la enseñanza que tuvo y, además, brindarle a la sociedad nuevos recursos." El proyecto del Ifibyne incluye un área de esparcimiento en el primer piso (auditorio, cafetería) con acceso independiente al del resto del edificio y una terraza con vista al río que podrá ser utilizada aun si el resto de las instalaciones estuvieran cerradas. Considerando el presupuesto de mantenimiento de una obra pública, los arquitectos proyectaron un edificio tecnológicamente eficiente mediante el uso de materiales simples y duraderos. Asimismo, aplicaron criterios de ahorro de energía convencional, implementando calefacción mediante el uso de radiación solar, ventilación cruzada Norte-Sur y parasoles regulables horizontales hacia el Norte y el Este para lograr pleno asoleamiento del área vidriada (en especial durante el invierno). El comienzo de las tareas de construcción está planificado para mediados de este año.
Además de este proyecto, Saccone y González Moreno integran un equipo de investigación que, en el marco de la UBA y junto con profesionales de la Facultad de Agronomía, está desarrollando viviendas sustentables y productivas. "Son módulos que se adosan a las viviendas existentes e incluso pueden ser una vivienda en sí mismos." El objetivo es que la gente que vive en zonas marginales, donde escasea el espacio público y el suelo suele estar contaminado, pueda realizar pequeños cultivos en estos módulos, que vendrán con sustratos aptos para esa tarea. También participan, junto con médicos de Santiago del Estero, en un proyecto para construir viviendas especialmente diseñadas para evitar la radicación de vinchucas (insecto transmisor del mal de Chagas).
La preocupación por lo urbanístico parece ser el gran foco de interés de los profesionales más jóvenes. "En general, creo que lo que faltó en los últimos años ha sido el tipo de obra que tiene influencia en el espacio público -asegura Alfredo Tapia-. No estoy hablando de obra pública; hablo de obras que a lo mejor son privadas, pero tienen una influencia directa sobre lo público." En sintonía, los integrantes de Monoblock afirman: "En casi todos los trabajos que estamos haciendo buscamos que los edificios aporten a la ciudad. La idea es no concentrarse sólo en su parcela, sino también lograr un plus en la interacción con el espacio público". Hace unos tres años obtuvieron el tercer premio en un concurso para el centro de eventos de La Rural - Predio Ferial de Buenos Aires, cuya consigna era la puesta en valor de uno de los pabellones. Lo llaman su "proyecto manifiesto", porque allí pudieron volcar muchas de sus ideas sobre lo que la arquitectura y el urbanismo deberían aportar. "Nuestra propuesta, además de resolver el centro de convenciones, necesitaba de la ciudad para funcionar", explican. Básicamente, lo que hicieron fue incorporar una plaza pública techada, apta para recibir diversos tipos de público, desde 50 personas asistiendo a una función de cine hasta 15.000 participando de un recital.
Atención al entramado y la vitalidad de lo urbano, economía de recursos, innovaciones tecnológicas adaptadas a la realidad local, sustentabilidad: lo mejor de la arquitectura del futuro inmediato probablemente se inscriba en criterios destinados tanto a atravesar un tiempo de tormentas como a generar ciudades propicias a un mejor vivir. "Marshall McLuhan decía que no hay inevitabilidad cuando se está dispuesto a contemplar lo que está sucediendo -concluye Lopatín-. Aspiro a que nuestra tarea contemple lo evitable. Y construya, también, nuevas realidades."
Claves sustentables
- Algunos principios para contribuir al ahorro de energía y la preservación del medio ambiente:
- Proyectos integrados, en los que el arquitecto trabaje en conjunto con especialistas en sistemas de aire acondicionado, en tratamiento del agua y otros.
- Disminuir los niveles de contaminación durante la construcción.
- Utilizar la ventilación cruzada (ambientes ventilados con dos lados abiertos, para que el aire circule).
- Aprovechar al máximo la luminosidad diurna.
- Incorporar parasoles que moderen la acción del sol.
- Si el presupuesto lo admite, recurrir a soluciones más caras, como doble vidriado o sistemas que utilicen la energía solar.

Ana Paula Saccone, Mariano González Moreno
Ganadores del concurso para la construcción del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne), en la Ciudad Universitaria

Marcos Amadeo, Fernando Cynowiec, Juan Granara, Adrián Russo, Alexis Schachter
Estudio Monoblock
Tercer premio del concurso para el centro de eventos de La Rural-Predio Ferial de Buenos Aires

Rubén Cherny
Estudio Berdichevsky-Cherny
Banco Itaú Argentina, Línea H de subterráneos, edificio Compaq

Ignacio Lopatín
Estudio Lopatín
Live Hotel de Palermo Hollywood, Centro Cultural MOCA, Museo River Plate

Martín Fourcade, Alfredo Tapia
Aft + Partners
proyectos: Malba, Edificio Grand Bourg, proyectos en Emiratos Arabes
1
2“Me tiró un like”. La historia de amor del jugador de hockey argentino con el primer ministro de los Países Bajos
3El calendario lunar de marzo 2026 en la Argentina
4El dolor de la muerte la hizo acompañar, con yoga y alimentación, a mujeres en su fertilidad: “El camino de cada una no lo podemos saber”


