
Einstein de carne y hueso
Genio del intelecto, el creador de la teoría de la relatividad era un hombre temperamentaly contradictorio. El libro Einstein. Pasiones de un científico develasu costado más humano. La Revista ofrece fragmentos de la obra
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Reconocido como una de las mentes más brillantes del siglo XX, poco se sabe sin embargo de la vida privada de Albert Einstein (1879-1955). ¿Cómo fueron su niñez, sus relaciones familiares, su conflictiva vida amorosa, su existencia fuera de los laboratorios donde trabajaba en sus investigaciones? Buena parte de estos interrogantes encuentran respuesta en Einstein. Pasiones de un científico (Editorial El Ateneo), del científico y escritor Barry Parker. Basado en una nutrida documentación, el autor describe la pasión del premio Nobel por aprender, su amor por la música clásica (tocaba el piano y el violín), su temperamento irritable (paradójicamente, fue un pacifista) y las relaciones a veces tormentosas que mantuvo con las mujeres que amó y con sus hijos. Es decir, el costado inédito y más humano de quien revolucionó la ciencia. Aquí, algunos extractos de esta singular biografía recientemente editada.
La escuela
Cuando Einstein tenía cinco años, sus padres contrataron una tutora, pero pronto fue evidente que no era un estudiante ideal. Le arrojó una silla a la mujer y la echó durante una de las sesiones. (…)
De hecho, sus padres se preocupaban porque había empezado a hablar con cierto retraso. Pero no fue un problema serio. Antes que decir una o dos palabras, esperó hasta poder expresarse en oraciones. Desarrolló el hábito de decirse a sí mismo la oración antes de hacerlo en voz alta, y a veces resultaba audible, de modo que las personas pensaban que se repetía. A pesar de esto, era siempre el primero de la clase o estaba cerca de serlo.
Mozart
Fue alrededor de esta época, sin embargo, que otra pasión llegó a su vida: el amor por la música, que no lo abandonaría más. La madre de Einstein, Pauline, era una excelente pianista, y estaba decidida a inculcar una fina apreciación de la música en sus hijos. Einstein recibió lecciones de violín a partir de los cinco años. Maja, su hermana, tomó lecciones de piano. (...) Cuando tenía alrededor de doce o trece años, Einstein descubrió a Mozart y se enamoró de sus sonatas. Su belleza y estructura lógica le recordaban la matemática. Nunca se cansaba de Mozart y pronto aprendió varias de sus sonatas lo suficientemente bien como para tocar a dúo con su madre.
(…) Además de Mozart, a Einstein le gustaban Schubert y Bach, pero el favorito de su madre era Beethoven. En una época posterior de su vida le dijo a su hijo Hans: "La música fue una de las cosas más importantes de mi vida". Su lema respecto de la música era: "Escucha, toca, ama, reverencia y mantén la boca cerrada".
Las mujeres
Como celebridad, Einstein era asediado por las mujeres dondequiera que fuese, y no hay duda de que le encantaba la atención que le prodigaban. Elsa (su segunda esposa; la primera fue Mileva Maric) lo toleraba sumisamente y trataba de tomarlo a risa, pero en algunos casos las cosas iban demasiado lejos para ella. Lo que le molestaba particularmente era el atrevimiento de algunas mujeres, que llamaban a Einstein y se lo llevaban en su auto. Una de las primeras fue Toni Mendel, una rica viuda judía que tenía una limusina con chofer. Solía llamar a Einstein, le llevaba a Elsa tortas de chocolate (una de sus favoritas) y luego ella y Einstein desaparecían. Iban a un concierto o a la ópera y, ocasionalmente, él se quedaba a pasar la noche en su elegante chalet de Wannsee. (...)
Pero la que verdaderamente ponía fuera de sí a Elsa era Margaret Lenbach, rubia, austríaca y mucho más joven que Einstein; lo que más la preocupaba era su aspecto extremadamente atractivo y su belleza. Visitaba Caputh todas las semanas con pequeños regalos, generalmente dulces para Elsa, y luego ella y Einstein salían solos. (...)
Una vez, después de una visita suya, la empleada oyó a Elsa discutir con sus dos hijas. Mientras lloraba sobre sus hombros, le dijeron que tenía sólo dos opciones: soportarlo o divorciarse. Pronto se hizo evidente la decisión que había tomado. Las visitas continuaron.
La bomba atómica
La contribución de Einstein al proyecto de la bomba atómica, su fórmula E = mc2, que es una base primordial, y su carta a Roosevelt impulsándolo a hacerlo, pronto se hicieron bien conocidas, y como resultado fue, en determinadas ocasiones, llamado el "superpadre" de la bomba. (Robert Oppenheimer, el director del Proyecto Manhattan en Los Alamos, Nuevo México, era considerado el "padre".) A Einstein, desde ya, el mote no le agradaba, y trató de distanciarse lo más posible de la bomba. En especial le preocupaba cómo sería usada en la nueva "era atómica"; para él, la única solución era un "gobierno mundial". Dicho gobierno sería una organización internacional con poderes para controlar la guerra y el uso de la bomba atómica. Einstein recurrió a otros personajes para que lo auxiliaran en su esfuerzo por que se organizara un gobierno mundial, pero todo fue inútil. Parte de sus deseos –de algún modo– se cumplieron cuando, después de la guerra, se constituyeron las Naciones Unidas.
Para saber más:
http://einstein.atomo.info
www.westegg.com/einstein/
Ultimos días
El libro de Barry Parker recrea la muerte de Albert Einstein, ocurrida en un lecho del Hospital de Princeton, el 17 de abril de 1955, y provocada por el estallido de un aneurisma. Hacía poco más de un mes había cumplido 76 años. "Pasó algún tiempo trabajando en su última teoría del campo unificado", escribe Parker, rememorando el día de su muerte. "Cuando se fue a dormir esa noche, no parecía estar en peligro inminente, pero alrededor de la una de la mañana del lunes se despertó con un dolor enorme. El aneurisma había estallado. La enfermera corrió a su lado cuando Einstein dijo algo en alemán, pero no lo entendió. Pocos minutos después había muerto."






