
El amor y el deber
Señor Sinay:
Semanas atrás tuve la oportunidad de estar ante Sri Sri Ravi Shankar, de quien nada conocía. Habló de los cuatro pilares que conforman una sociedad: la religión, la política, la academia y el mundo empresarial o económico. El valor humano es aquello que une al empresario ambicioso con el filósofo reflexivo, al cura del barrio con el primer ministro británico. Si los valores humanos decaen tenemos como consecuencia una sociedad diezmada y fragmentada, sin la posibilidad de la interacción común y provechosa.
Sri Sri Ravi Shankar no posee poderes sobrenaturales; tampoco Jesús hizo milagros ni Buda se levantó de su siesta bajo la higuera poseyendo todas las respuestas a este mundo. Salvando las distancias entre estos personajes, creo que su poder es el de la comunión. Así como la declaración de guerra nefastamente aúna una nación y la convoca por el supuesto bien común, estas personalidades han sabido reunir multitudes en pos de la paz y los valores humanos.
Definitivamente, necesitamos nuevos profetas. Será hora de recuperar la espiritualidad si queremos preservar nuestro futuro en este planeta. La espiritualidad a la que me refiero hace que nos pensemos como partícipes de la construcción de una humanidad que busca una felicidad común, va más allá de una institución religiosa, de un dogma o de la creencia en un Dios omnipresente. Y esto únicamente podrá darse en nuestra conciencia de efímera terrenalidad. De nada sirve un mundo de altos progresos científicos sin una humanidad conciliadora.
Marcelo Schnock
Bien común es un concepto que, como "futuro mejor" o "responsabilidad social", entre tantos otros, sufre, se desgasta, se vacía y se desvirtúa cuando no se honra con actitudes, con acciones. Lo mismo ocurre cuando paz y amor, como señala nuestro amigo Marcelo, aparecen en labios de quienes actúan pintados para la guerra, sin compasión y sin empatía, ajenos al otro, centrados en su propia conveniencia. Explica Fernando Savater en su clásico e imprescindible Etica para Amador (una introducción a la ética dirigida a adolescentes, que mucho necesitarían leer ciertos adultos que ejercen poder) que si elegimos vivir debemos comprender que hay cosas buenas y malas para ese fin. Así empezamos a aprender qué es lo bueno y qué lo malo. Esto luego se hace más complejo, e incluso nos encontraremos con cosas que son buenas en un aspecto y malas en otro. Muchas de ellas nos plantearán dilemas y opciones morales. No podemos elegir lo que nos pasa ni en qué condiciones actuar, pero sí podemos elegir cómo actuar; así respondemos; ésa es nuestra responsabilidad, nuestra libertad.
Si actuamos siempre pensando sólo en lo que es bueno para nosotros, para nuestros intereses, para nuestro grupo, para nuestra "pequeña patria", responderemos, como decía el filósofo espiritualista francés Henri Bergson (1859-1927), a una moral cerrada. Con una moral así no hay esperanza, creía Bergson, quien reaccionó contra su propia formación racionalista para orientarse, con una mirada espiritual, al estudio de la conciencia y la intuición. El proponía la moral abierta, inclusiva, en la cual interesa el destino de los otros, además del propio. Para una moral abierta no valen sólo la razón y la inteligencia, porque ellas resuelven problemas pero no ayudan a encontrar fines, propósitos existenciales trascendentes. Trascender es ir más allá de uno mismo, y eso sólo es posible cuando existe el amor. No el de la palabra desgastada, sino el de la acción. Los valores que hoy están anémicos, paradójicamente "desvalorizados", son los de la moral abierta. Quizás, para recuperarlos y enriquecerlos no necesitemos de profetas, sino de una mirada, la nuestra, que se eleve desde el propio ombligo y, al posarse en el horizonte, registre la presencia del otro. Debemos hacer por el mundo lo que hacemos por nosotros mismos, y más. Es un deber. Y, como dice bellamente el pensador italiano Francesco Alberoni: "No hay deber sin amor y no hay amor sin deber apropiado". Este lo es.
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El autor responde cada domingo en esta página inquietudes y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos y de afrontar hoy los temas existenciales. Se solicita no exceder los 1000 caracteres.






