
“El amor y el sexo alejan la muerte”
Milena Busquets es una de las escritoras del momento. Su nueva novela está basada en la pérdida de su madre, la editora Esther Tusquets, y es furor en el mundo. Desde España habla de su infancia feliz, las visitas ilustres y el miedo a aburrir
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Desde tu muerte, lo único que me alivia es el contacto físico, por más fugaz o casual que sea", dice Blanca, la protagonista de También esto pasará, la novela con que Milena Busquets acapara la atención desde la última Feria del Libro de Fráncfort. Allí, sellos tan prestigiosos como Gallimard compraron los derechos para publicar en 30 países el libro en que la hija de Esther Tusquets, legendaria editora de Lumen fallecida en 2012, vuelca el dolor y el desamparo en que la sumió la pérdida de su madre.
"No me esperaba esta reacción. Empecé a escribir el libro en un momento en que no tenía trabajo y no sabía muy bien qué hacer con mi vida. Jamás imaginé que una historia que me parecía tan pequeña, una historia de amor entre una madre y una hija, y cómo una mujer de 40 años intenta salir adelante luego de su muerte, interesaría a gente tan diversa como en China y Japón, que quizá ni saben adónde está España", señala Busquets a La Nacion revista la ex directora de la editorial R que R, vía Skype, desde Barcelona.
En sus páginas, Blanca, su álter ego y una mujer que anda un poco a los tumbos, decide resguardarse junto a sus dos hijos en Cadaqués, el balneario donde están congelados los recuerdos de su infancia. La acompañan sus ex maridos y sus dos amigas, mientras, entre bastidores, se reúne con su amante, un hombre casado que está pasando unos días en el pueblo, y flirtea con un desconocido.
Con un preciso equilibrio de ligereza y profundidad, Busquets (una rubia de 43 años y sonrisa fácil, que se crió entre escritores, estudió en un colegio francés y luego cursó Arqueología en la University College de Londres) construye una narración sobre la relación complicada que mantuvo con su madre, quien, desde ya exigente, durante su enfermedad (sufría de Parkinson) se convirtió en un monstruo del egoísmo. A pesar de algunos reproches, la novela es, en realidad, una declaración de amor a la mujer que la crió con libertad, en los años de la Gauche Divine, y que le traspasó su pasión por los libros. Al mismo tiempo, constituye una reflexión sobre la precariedad de las relaciones.
El libro ha sido comparado con Buenos días tristeza, de Françoise Sagan. "Me gusta mucho Sagan, pero creo que las comparaciones, más que al estilo, se refieren a que ella también hablaba desde un mundo intelectual y de cultura bastante privilegiado. Y también, de historias de amor que casi siempre no acaban demasiado bien o acaban mal", afirma la autora.
¿Qué tan determinados estuvieron tus gustos literarios por tu madre?
No lo estuvieron en absoluto. Mi madre no hacía de intelectual, más bien era alérgica a ello. Jamás me recomendó lecturas. En mi caso fue lo que pasa siempre: que una lectura te lleva a otra. La suerte que tenía yo era que la mayoría de los libros estaban en casa. Si llegaba del colegio diciendo: me gustaría leer Rojo y negro de Stendhal, lo encontraba en la biblioteca. En casa no hablábamos de libros. Hablábamos de la vida, del amor, de la vida, nos contábamos chismes, nos reíamos. Pero conversaciones intelectuales, no recuerdo ninguna. No era su estilo ni el mío.
Pero de niña, ¿te leía cuentos?
Mi madre no me leyó cuentos. Ni mi papá tampoco (se ríe). Tenía un abuelo y una madrina que me contaban cuentos. Era una familia bastante atípica. Yo creo que mi madre cuando llegaba del trabajo, después de pasarse el día entre textos, no tenía ganas de meterse en otro. Tal vez algún cuento de Andersen o de Grimm, pero no recuerdo. Le encantaban los cuentos infantiles, los editaba, pero no ejercía nunca de madre al uso. Era muy poco convencional.
¿Fuiste una niña feliz?
Muy feliz, por eso está el deseo permanente de volver a aquello. Fui una niña tímida y lo pasaba bastante mal, porque estaba en una casa a la que iba mucha gente. Recuerdo mucho a mi madre obligándome a salir y hablar con gente y a perder la timidez. A ella le parecía muy importante el ser bien educado. Tuve una infancia muy protegida, con muchos libros, viajes, amigos.

De los escritores que frecuentaban tu casa, ¿alguno te fascinó?
Sí, muchos. Como todos los niños tímidos, me sentía más a salvo con los adultos que con otros niños. A Ana María Matute (Premio Cervantes 2010) la recuerdo desde muy pequeña; me parecía una persona extraordinaria. Cuando Umberto Eco venía a casa, me daba cuenta de que era alguien importante, porque había mucho movimiento para recibirlo. Me gustaban los escritores sin haberlos leído, sin saber por qué, porque me parecían originales. Aunque ellos no se interesaban mucho por los niños, yo, desde mi rincón, podía ver que era gente interesante.
¿Recordás algún momento especialmente alegre con tu madre?
Miles. Recuerdo que nos encantaba viajar juntas. Descubrir una ciudad nueva era maravilloso. A ella le encantaba entrar en librerías de segunda mano. Iba a Buenos Aires y encontraba antigüedades y libros antiguos, pero también en Milán, en Londres, en muchas ciudades la recuerdo asociada a los libros. A ella también le encantaba el mar, los veranos en Cadaqués, meterse en el agua con sus perros.
Milena, la hija mayor de Esther Tusquets y Esteban Busquets (un empresario exiliado en Venezuela por el franquismo y que, de regreso en España, trabajó como traductor y antólogo), había debutado como escritora en 2008 con Hoy he conocido a alguien (Bruguera). La novela hablaba sobre una estilista de moda que esquiva el compromiso emocional y cree que es vital la búsqueda de la felicidad y de la libertad. Según su autora, desde entonces ha crecido como escritora. "Antes estaba más inclinada a la frivolidad. Por dificultad y por miedo, no conseguía atravesar esa capa que me ha protegido de la timidez, de todo. También esto pasará es un paso adelante. En mi vida he pasado ya por varias vidas. La persona que publicó la novela hace siete años es otra. He tenido que aprender a vivir de maneras que no había pensado. No sólo por la muerte de mi madre, también por la crisis de España. Han pasado muchas cosas", manifiesta.
Como editora (oficio que dejó hace ocho años), entre sus logros se cuenta el haber publicado El diario de Bridget Jones, de Helen Fielding, en España. También editó a Maitena, primero en Lumen, donde Busquets trabajó un tiempo con su madre, y luego en R que R. "Siempre he tenido sensibilidad por lo femenino: me interesa lo que nos toca y está hecho con gracia, y tanto la autora de Bridget Jones como Maitena son mujeres inteligentes que hacen autoironía. Creo que eso está un poco presente en mi libro, que es por un lado muy serio y, por otro, divertido."
¿Escribís desde siempre?
Era un poco lo natural, ya que vivía en una casa donde la forma de expresarnos era escribiendo. Cuando pasaba algo, mi madre me escribía cartas. Néstor, mi hermano, un baterista un año menor que parece mayor, también escribe muy bien.
¿Tu mamá alentó tu inclinación literaria?
Sí, después de mi primera novela me decía: "Escribe más". Ella era muy seguidora de mi blog de moda (http://milenabusquets.blogspot.com), le hacía mucha gracia. Me decía que dejara de escribir sobre tonterías, porque tenía una voz y podía escribir sobre lo que quisiera.
Es interesante que tu personaje se entregue a los encuentros carnales para sobrellevar el dolor…
Sí, supongo que no soy la única a la que le ha ocurrido esto. Creo que el recordar que somos seres físicos y animales de alguna forma sirve para alejar la muerte. El amor y el sexo alejan la muerte… Cuando a una se le muere alguien muy querido es fácil dejarse invadir por la muerte. Hay gente que se pone a beber o a apostar; el amor y el sexo son formas menos nocivas y enseguida te reconectan con la vida, porque, en el fondo, es sentir. Incluso, un abrazo o un apretón de manos nos recuerda que somos animales físicos.
Tu padre murió a tus 17 años. ¿Viviste su muerte con otra intensidad?
Sí, fue un terremoto también, pero a los 17 años de alguna forma uno es más fuerte. Yo estaba en plena adolescencia y, además, estaba mi madre. Con la muerte de mi madre, tengo la sensación de quedarme en primera línea de batalla. Me encontré a los 40 años sin haber aprendido a gestionar muchas cosas. Y tuve que aprender rápido, a la fuerza.
En tu novela decís que era muy difícil no decepcionarla. ¿Sentiste en algún momento que le habías fallado?
Muchas veces. Ella era muy estricta, no en temas grandes, porque sabía que me quería y me respetaba, pero el menor resbalón era malísimo. Si le hablabas mal a un camarero o eras antipática con alguien, te podía decir cosas horribles. Su amor no era fácil, era un amor muy exigente, pero tal vez sea mejor a la larga, porque si bien es agotador, al mismo tiempo te obliga a dar la mejor versión de ti mismo.
¿Y cómo es que escribir este libro no fue terapéutico?
He aprendido a vivir con esto, pero pienso en mi madre cada dos horas… No creo mucho en la terapia. La terapia es irte a beber con amigos o ir a un psiquiatra, si lo necesitas; no escribir un libro, que lo va a leer gente. A mí me da pánico aburrir o dar el rollo. Si he escrito un libro es para entretener o para contar una historia que me parecía importante, pero terapia, no.






