
El año de Cate Blanchett
Este año se verán cinco películas suyas: a las ya estrenadas Babel y Escándalo, se sumarán El buen alemán, La edad dorada y No estoy aquí. El perfil de una mujer que, a los 37, combina a la perfección el glamour, la belleza y el talento
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Estoy contenta de no haber alcanzado el tipo de fama en el que tu vida personal de pronto se transforma en un espectáculo público –dice con un acento gangoso y marcadamente australiano–. Soy simplemente una chica blanca de clase media, con una vida privada muy feliz.”
Habla a mil por hora. Fuera de la pantalla, Cate Blanchett se parece mucho a sí misma: divertida, para nada absurda, inteligente y buena a la hora de reír. Con sus 37 años, unos desgarbados 1,78 metros y lo que Antony Minghella, director de El talentoso señor Ripley, llamaba “huesos de pura sangre” su honestidad desarma en un mundo del espectáculo en el que muchas estrellas pronuncian sus nombres sin apenas molestarse en mirar a sus mánagers personales por encima de los hombros.
Blanchett es bulliciosa, optimista y tremendamente divertida.
La conversación pasa zumbando, en un ida y vuelta continuo, mientras ella se retuerce en su silla en un ajustado vestido, cruzando sus delgadas piernas y con los ojos pletóricos de humor.
Se la ve definitivamente etérea con su pelo vagamente rubio (tal como ella misma dice) y sus ojos azulados.
Se la vio con unas orejas extrañas en el papel de Lady Galadriel, la reina elfa de Lorien, en El señor de los anillos. Como Katherine Hepburn en El aviador (papel por el que ganó un Oscar a la Mejor Actriz de Reparto en 2004), como una periodista embarazada en La vida acuática, filmada mientras ella de hecho estaba embarazada, y como una heroína escocesa de la Segunda Guerra Mundial en Charlotte Gray.
Previamente, también pudimos verla como una heredera adicta al juego (Oscar y Lucinda), como una reina virgen, pero dura (Elizabeth, por la cual mereció una nominación al Oscar), como una esposa de clase media americana (Fuera de control), como una virtuosa esposa inglesa (Un esposo ideal), como una médium sureña (El don), y como un incordio americano (El talentoso señor Ripley).
“Son todos personajes que amo y que guardé en mi armario –comenta con una gran sonrisa–. ¡No se trata de esqueletos!”
Camino al escenario
“Es difícil hablar sobre cómo construyo un personaje. Una gran parte de ellos es como una telaraña: maquillaje, estilos, cuestiones intangibles. Con la actuación, no sabes por qué haces lo que haces, simplemente lo haces. Es como manejar. Tienes el conocimiento técnico, simplemente lo haces, manejas. Hay días en los que estás tan ocupado pensando sobre distintas cosas y de alguna manera llegas a casa. Estoy segura de que tuve algunos choques actorales y de que tendré muchos más, pero por ahora simplemente voy hacia adelante con la esperanza de llegar bien.”
El camino que ha tomado ha sido bastante directo, de Australia a Hollywood y Londres, y de nuevo de vuelta a Australia (tiene una casa en Londres y el hogar familiar, en Sydney).
Cate Elise Blanchett (se pronuncia: Blanch-it) nació el 14 de mayo 1969 y creció en Melbourne, Australia; hija de un padre texano con orígenes franceses y una madre australiana, de profesión maestra. Su padre, perteneciente a la marina, murió cuando ella tenía 10 años de un infarto, empujado, cree, por la CIA.
Comenzó a actuar tarde, luego de haber sido capitana de teatro universitario en la Facultad Metodista de Mujeres, de haber pasado un par de años estudiando Bellas Artes y Economía, y de haber abandonado luego de demasiado estudio. Se tomó algún tiempo para viajar a Londres, pasando por los baños públicos de Turquía y los sórdidos antros de El Cairo, antes de volver a casa a cursar en el Instituto Nacional de Artes Dramáticas (NIDA, según sus siglas en inglés).
“Ahí fue cuando mi propia vida comenzó, cuando empecé a estudiar actuación. Creo que nací para actuar. Es un don y yo sabía que tenía que aprovecharlo. No pienso demasiado sobre eso, pero sí creo que si tienes algo especial, tienes que desarrollarlo. Me encanta la actuación y me encanta actuar”, dice.
Vida en familia
“Tal vez dentro de cinco años esté haciendo otra cosa. No sé qué voy a hacer con mi vida. Hasta ahora ha sido trabajo tras trabajo. Acumulé muchos y supongo que ahora me gané la posibilidad de tomarme algún tiempo para quedarme en casa con mis hijos. Quiero estar muy presente como madre. Y muy presente como esposa.”
Ella y su adoradísimo marido, el guionista Andrew Upton, raramente están separados. El parece ser un hombre maravillosamente centrado, que escuda a su mujer, afinada a la perfección. Rachel Griffiths, otra actriz australiana (Hilary and Jackie), una vez contó que Cate Blanchett está tan enamorada de su marido que viajó a Sidney desde Los Angeles, donde se encontraba filmando, para pasar una noche con Andrew.
–¿Cómo se conocieron?
–Nos conocimos en 1996 a través de amistades compartidas, y no nos gustamos en un primer momento. Pero luego trabajamos juntos y todo comenzó desde ahí. Nos casamos porque estábamos muy enamorados. Por suerte, Andrew puede escribir prácticamente en cualquier lugar, de modo que podemos compartir el costado divertido del asunto y, al mismo tiempo, tengo a alguien que me dice: “No te preocupes por eso”. A veces, cuando me encuentro en el set de filmación, casi tenemos que establecer citas puntuales para vernos. Nuestras facturas telefónicas entonces son terribles y, de hecho, tenemos teléfonos con pantalla de video. Pero Andrew está casi siempre a mi lado.
–¿Cómo decidieron tener hijos en medio de esa vida tan agitada?
–Nuestros hijos (Dashiell, de 5 años, y Roman, que va a cumplir 3 en abril, ambos nacidos en Londres) fueron “accidentes” afortunados. Andrew y yo queríamos darle una oportunidad a la familia y ellos son el encantador efecto secundario de tener sexo con tu marido. No creo que tener hijos o estar embarazada sea una contra en el terreno laboral. No estoy tan desesperada por el trabajo.
–¿De qué manera organiza el trabajo una madre para poder relajarse en algún momento?
–Creo que cuanto más ocupado estás, más ordenado debes ser y más claras deben ser tus prioridades. Mi manera de relajarme es caminando, cocinando, tocando el piano. No baso mi vida en ideales radicales. Simplemente hago lo que hago, sin ninguna idea preconcebida acerca del producto final. Me parece que, para seguir trabajando de manera efectiva y para seguir abasteciendo tus recursos imaginativos, tienes que vivir de manera plena.
–Igualmente, algunas estrellas llevan vidas bastante exóticas...
–Me temo que no tengo una vida exótica, para nada. Ahora, mayormente todo tiene que ver con los niños y sus cosas, llevar a Dash a la Escuela Montessori, resolver cuestiones domésticas, prepararme para el siguiente trabajo, ser una mujer y una madre viviendo mi vida.
De todas maneras, amo absolutamente el proceso de hacer una película. Es como tener una buena conversación, una buena conversación durante una cena. Es intenso, triste, disfrutable, ingenioso. No me meto en una película para encargarme de mí. Me involucro con ella a causa del material, de las cosas interesantes, bien escritas, de un personaje que me desafía. Y espero salir de ella habiendo aprendido algo más acerca de la vida y las personas.
Una estrella antibotox
“En este negocio, tienes que ser cuidadoso y elegir con cuidado. Yo nunca me preparé para ser la próxima gran estrella de Los Angeles porque generalmente eso dura cinco minutos. Terminas con un guardarropa lleno de ropa de diseñadores y, en mi caso, ¡con un par de esquís Prada en pleno verano! No tengo problemas con la ropa de diseñadores. Tengo ropa, pero no me tomo la alfombra roja o la primera fila más seriamente de lo que tomo el sistema de estrellas de Hollywood.”
Otra de sus facetas es ser la cara de Donna Karan y promocionar la línea de cremas SK-II.
“Tengo una piel muy blanca y pálida, y necesito cuidarla con mucho empeño”, asegura, viéndose luminosa y virtualmente libre de maquillaje.
Detesta la manera en que tantos de sus pares de Hollywood sucumbieron al uso del botox, un producto que “te paraliza la cara. No se trata sólo de las mujeres en las películas, también las niñas de 18 años sienten la presión de inyectárselo de manera preventiva. Cuando veo el rostro de alguien, o su cuerpo, que ha tenido niños, pienso que todas esas marcas son los ‘versos’ (hace las comillas en el aire con sus índices) de su experiencia.
–¿Por qué querría erradicar eso?
–Veo cómo la gente se “momifica” a sí misma y todo lo que ves son sus pequeños agujeritos del terror. Por Dios, vive tu vida, la muerte no va a ser más sencilla simplemente porque no puedas mover tu cara.
Ultimamente, Blanchett no descansa. En 2006 apareció en una segudilla de títulos. Como la esposa de Brad Pitt, en Babel; como Sheba Hart, la maestra de alfarería de Escándalo. También estarán El buen alemán, que cuenta los misterios de un asesinato en el Berlín de posguerra (actúa junto a George Clooney y Tobey Maguire). A esto le sigue su rol de la reina Elizabeth en La edad dorada, junto a Clive Owen, y No estoy ahí, en la que interpreta a un joven Bob Dylan (¡sí!), junto a Richard Gere y su compañero australiano Heath Ledger. ¡Puf!
“Amé estas películas, pero en particular Babel: se trata de las conexiones entre padres e hijos. Ahora entiendo eso muy bien, especialmente si los niños están en peligro. A Brad y a mí nos interesa mucho el tema de la comunicación, las conexiones entre la gente. Desde hace algún tiempo queríamos trabajar juntos.
–¿Cómo es Brad Pitt?
–Como el chocolate, ¡glorioso!
Traducción: S.V.
La actriz: perfil
Catherine Elise Blanchett nació el 14 de mayo de 1969, en Melbourne, Australia, segunda de los tres hijos del matrimonio formado por Robert Blanchett (oficial naval de los Estados Unidos que trabajaba en publicidad) y June, la maestra australiana. Robert, su hermano mayor, es ingeniero en sistemas; Genevieve, la hermana menor, diseñadora teatral. Blanchett debutó en cine en 1996 y a partir de ese momento participó en 31 películas. Actualmente, rueda su segundo film junto a Brad Pitt, El curioso caso de Benjamin Button, dirigidos por David Fincher, sobre una historia de J. Scott Fitzgerald
De Sheba a Dylan
“En Escándalo (estrenada aquí el jueves), mi personaje, Sheba, es una mujer joven que se casa con un hombre mayor. Siente que desperdició su juventud. Está lista para cambiar y, de un modo extraño, su acto rebelde es su relación con un estudiante de 15 años. Trata de recuperar su juventud perdida. Parecería que es incapaz de funcionar en el mundo adulto y parte de su viaje es aceptar que ella es producto de sus propias decisiones. Se siente profundamente perdida.”
En otro de sus nuevos films, No estoy aquí (se estrenará antes de fin de año en Estados Unidos) asume un gran desafío: es una de varios actores –y la única mujer– que interpreta a Bob Dylan en distintas etapas de su vida, en la surrealista película de Todd Haynes. Las críticas señalan a Cate como la mejor de todos. –“No sé si seré la mejor– objeta. Hay un actor negro y joven asombroso. Yo pensaba que era el mismo Dylan el que cantaba. Me dieron ganas de llorar. Esta película es una creación magnífica.”





