Por qué no es fácil terminar una relación, incluso cuando ya no querés seguir, según la psicología
Apego, miedo a la soledad y costumbre: las claves emocionales que influyen al momento de separarse
3 minutos de lectura'

Poner fin a una relación suele ser un proceso mucho más complejo de lo que se imagina, incluso cuando hay razones claras y la decisión parece estar tomada. Las emociones, los recuerdos y los vínculos construidos a lo largo del tiempo hacen que dar ese paso resulte difícil de sostener. En este sentido, la psicología explica que cerrar un vínculo no implica solo alejarse de una persona, sino también de una historia compartida, proyectos, hábitos y una parte de la propia identidad.
Muchas veces lo que sucede es que lo emocional no avanza al mismo ritmo que la decisión racional. Aunque una parte de la persona sepa que es lo mejor, el apego sigue presente y la ruptura se vive como un duelo. A esto se suman factores como el miedo a la soledad, la incertidumbre frente al futuro y la esperanza de que la otra persona cambie, que pueden frenar o postergar la decisión.

También influyen la costumbre y la comodidad de lo conocido, incluso cuando el vínculo ya no hace bien. En ese contexto, aparecen sentimientos de culpa por lastimar al otro o por poner fin a la relación, lo que vuelve aún más difícil sostener la determinación. Por eso, terminar implica atravesar un proceso emocional profundo, aceptar el dolor y empezar a reconstruirse desde un nuevo lugar.
Las cinco señales que no deberías ignorar en una relación, según la experta

En relación con esto, la psicóloga y asesora en desarrollo emocional Silvia Severino explicó que hay ciertas señales que pueden indicar cuándo una relación ya no hace bien y es momento de replantearla:
- Te sentís solo incluso estando acompañado: estás ahí, pero no te sentís visto, escuchado ni tenido en cuenta. Esa sensación de vacío puede doler incluso más que la soledad.
- Estás dejando de ser vos mismo: ya no decís lo que pensás, preferís callar y te adaptás constantemente al otro. Sin darte cuenta, empezás a apagarte.
- Todo gira en torno al otro: sus emociones, sus tiempos, sus espacios, sus vínculos. Tus necesidades quedan en segundo plano.
- Sentís que ya no podés crecer ahí: en lugar de impulsarte, la relación te frena, te achica y no te permite avanzar.
- Vivís esperando que la otra persona cambie: aunque en el fondo sabés que probablemente no pase, seguís sosteniendo el vínculo desde esa esperanza.
Otras noticias de Psicología
Charlas pendientes. 12 preguntas sencillas para hacer una vez en la vida con los padres
Bienestar emocional. Pilar Sordo: “Cómo te hablás determina tu amor propio y tu visión del mundo”
Vínculos y vulnerabilidad. Gabriel Rolón, psicólogo: “Amar a alguien es otorgarle un poder sobre vos, y el amor sano es el que nunca usa ese poder para dañarte”
1El increíble accidente aéreo de un caza de la Fuerza Aérea que causó muerte y destrucción en un barrio bonaerense
2Gabriel Rolón: “La persona que te ama es aquella capaz de aceptarte con tus debilidades”
3¿Hablarles a los gatos como a bebés es bueno para ellos? Esto respondió un veterinario
4Qué significa que una mariposa entre en tu casa







