
Dice que no le gusta tanto su nombre, que preferiría otro; que no juzga a la gente por lo que tiene puesto; y que se considera exitosa porque hace lo que le gusta
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Desparramadas sobre un sofá de cuero negro en su casa de Vicente López, aplastadas por el calor, de hecho, las dos vestidas de negro como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, tomando esa melaza oscura que llaman Coca-Cola, junto a una escultura del artista peruano Aldo Chaparro, que es como un gran pliegue de charol carbón bruñido, una mañana luminosa de diciembre, Jessica me dijo con toda claridad que prefiere el negro.
"Me gusta mucho la moda oriental, por el 3D. Ellos son genios en eso de que no se entienda bien lo que tenés puesto. Comme des Garçons, por ejemplo. Cuando empecé a ir a París, me decían que ese mismo quilombo está inscripto en el ADN de mi ropa. No me gusta una remera plana: eso lo hace cualquiera."
Empezó con remeras, sin embargo. Pero estampadas. "Antes de conocerlo a Martín [Churba], yo hacía estampas para remeras, pero no eran comunes, no se conseguían fácilmente en Argentina. Lo que yo quería hacer era revivir la estampería antigua, copiar lo que tenía en el recuerdo de las remeras que me compraba mamá cuando era chica: esas camisetas de mis 10 años con apliques de terciopelo, cosas raras… Un día me encontré con Arturo, el dueño de una estampería que se estaba viniendo abajo: él me abrió las puertas para hacer lo que quería. Entonces le presenté una colección a Santiago Sáez (de la marca Ona Saez) y me la compró toda. Me acuerdo que, con el primer cheque, le devolví una guita a mi papá, me compré un Renault 4 y una estampadora chiquita para mi casa… Me armé una miniempresa y empecé a exportar. Yo trabajaba para Ona
Saez y exportaba remeras a un local que se llamaba Liquid Sky, en Nueva York. Era mi propio despachante; recuerdo que yo misma armaba las cajas en el living…".
¡Splash!
"A Martín Churba lo conocí a través de una amiga, Marcela Frydman. Conectamos en el acto. A los dos días de conocernos nos asociamos de palabra y, de ahí en más, laburamos juntos siete años. Nos llevamos muy bien".
¿Y por qué se separaron?
Porque queríamos cosas distintas. A mí me gustaba el negro y a él las estampas con colores. A mí, más la moldería; a él, más lo textil.
¿También fue una relación personal?
Sí, fuimos y somos muy amigos. Aprendí mucho de Martín. Para mí fue un gran maestro y estuvo a mi lado en situaciones difíciles, como la muerte de mi padre.
¿Cómo fue esa época de la dupla más creativa de la moda argentina?
Martín y yo teníamos mucha energía. No nos importaba la hora del día, nada… La verdad que Trosman-Churba fue inolvidable. Me de acuerdo las horas que nos pasamos en el taller buscando la forma de pegar canutillos, hasta que la encontramos. Por esa época, Jerónimo [su primer hijo, hoy economista y DJ; también tiene a Rosa, de 8] era chiquito, y yo lo llevaba todas las mañanas al colegio religiosamente.
JT / Yeite
El local del último proyecto de Jessica Trosman está en Humboldt al 200, pegado al café y restaurante Yeite, de Pamela Villar.

"Éste es mi barrio. Iba al Tel Aviv, un colegio de clase media, con mis hermanos, con quienes nos llevamos trece meses entre cada uno: mi hermana Fabi, que ahora vive en Los Ángeles y diseña carteras, y mi hermano Hernán, que vive en Carolina del Norte."
"Cuando tenía 13 años, mis padres se separaron y nos fuimos con mamá a vivir a Miami. Hice la secundaria entre EE.UU. y Buenos Aires, y fue en una de esas idas y vueltas que conocí al padre de Jerónimo en un avión, lo que terminó definiendo que me quedara en la Argentina. Pero algo tenía que hacer… Me recibí de traductora pública."

En sentido figurado, "vórtice" es lo que implica constante actividad alrededor de un centro. Acá, entre Villa Crespo y Paternal, está el vórtice de Jessica Trosman. "Mi viejo trabajaba acá cerca, en Warnes, era repuestero. De hecho, mi abuelo fundó Warnes con dos amigos".
Me muestra una foto de su padre, que tenía el hobby de pintar rosas. Devuelve el portarretratos al mismo lugar de donde lo tomó: su vestidor, entre cientos de perchas apretadas de donde cuelga ropa, mayormente, negra.






