
El estrés de la oportunidad perdida
Uno no quiere perderse nada...pero nada. Por eso, lo peor sería dejar pasar la oportunidad y permitir que se nos escape porque no la vimos, no la tomamos, nos distrajimos y no hicimos como otros, que sí la vieron y supieron agarrarla a tiempo.
Lo antedicho es la descripción de uno de los tormentos modernos más extendidos, pero menos identificados. Son miles, millones, los que se atormentan pensando que deben estar siempre atentos y lúcidos para no dejar pasar alguna oportunidad y perderse lo que ella traía consigo.
¿Oportunidad de qué? De cualquier cosa, no importa. El asunto es que, sea de lo que sea, estamos exigidos a que no se nos escape aquella oportunidad que pase cerca de nuestra puerta, por lo que debemos estar siempre alertas, acechantes, y tomar siempre las mejores decisiones para que después no nos digan que la perdimos, por zonzos, distraídos o dados a tomar malas decisiones.
Ese miedo a "dejarla pasar", sin dudas, es más nocivo que las eventuales consecuencias de aprovechar o no oportunidades, y por eso es bueno identificarlo.
El problema es que se teme perder lo que no se tiene (y a veces ni siquiera, de verdad, se quiere), y los efecto psicológicos de esa situación son extraños y complejos. Aparece la oportunidad, la dejamos pasar, y, junto a ella se va algo que nunca fue nuestro, pero sentimos como si lo hubiese sido? y nos lo quitaron o, peor aún, lo perdimos por culpa propia.
Como se verá, vivir así es un tormento que aflige de manera encubierta y corroe la tranquilidad o la paz. Los resultados de este tipo de mirada se ven en estados de ansiedad que afectan a muchos que no entienden por qué viven tensos, insatisfechos y con miedo a perderse algo y quedar afuera del club de los que "la vieron" y la tomaron.
"Tuve la oportunidad de casarme con Juan, pero me terminé casando con «éste»", dice una enojada dama que no se lleva bien con "éste", y recuerda a Juan como aquel caballero ganador, amable e iluminado, que ella, sin usar el mejor criterio, dejó pasar allá lejos y hace tiempo.
"Al decidir aceptar este trabajo y no el otro, perdí la oportunidad de crecer y desarrollarme" dice un señor enojado consigo mismo y con la vida que le toca, sintiendo que esas oportunidades pasaron y no volverán. No le molesta tanto su trabajo actual, sino el imaginar que podría estar en otro mejor si? hubiera aprovechado la oportunidad. Siente que perdió un trabajo que en realidad nunca tuvo.
No hacemos apología al conformismo, simplemente se señala que también vale la oportunidad de vivir un poco más relajados, confiando que a veces ocurrirá que pasará la oportunidad y seguirá de largo, porque la vida es así, y conviene aceptarlo. Ya vendrá otra, o, mejor aun, a veces.
Cuando le ponemos amor a lo que hacemos y lo que somos, y le encontramos sentido a nuestro presente, las cosas suelen irse desarrollando hacia su mejor versión. No sirve demasiado pensar que nos vamos a perder el último tren hacia la felicidad y que, encima, seremos unos tontos por eso.
Lo que se fue, se fue, inclusive si fue una oportunidad que dejamos pasar o que no vimos. Lo que tenga que venir, vendrá, y sabremos verlo cuando deba ser. Vivir pretendiendo no perderse de nada nos hace, paradojalmente, perder el presente y la posibilidad vivirlo de la mejor manera. La ansiedad nunca fue buena consejera, por lo que, si se nos pasó el tren y no lo vimos, es que quizás debamos seguir el camino por otros medios, porque nada se pierde, todo se transforma en la vida de las personas.
El autor es psicólogo y psicoterapeuta
@MiguelEspeche







