
El fruto del esfuerzo
En Los Antiguos, el pueblo santacruceño que en 1991 quedó casi sepultado por una erupción del volcán Hudson, la producción de las cerezas une a sus pobladores y crece a ritmo sostenido. La Revista estuvo allí para contar cómo trabajan y por qué exportan al mundo desde uno de los rincones más australes del planeta
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LOS ANTIGUOS, Santa Cruz.– A los 56 años, Hebe de Wilks decidió que era un buen momento para volver a empezar. Había perdido a su compañero de toda la vida, y Los Antiguos, este pueblito fronterizo de dos mil habitantes, se transformó en su norte. Y fueron las cerezas y la chacra junto al lago Buenos Aires las que la reconciliaron con la vida. Hace un año sabía poco y nada sobre el cultivo y hoy sabe que sus cerezas se venden en las góndolas europeas.
En la chacra La Cascada, ubicada en las afueras de Los Antiguos –a 1023 km de Río Gallegos y a más de 2000 km de Buenos Aires–, los Wilks tienen cuatro hectáreas con cerezos. A principios de los 90, compraron un terreno. "Con mi esposo, soñábamos con venir a vivir algún día, después de que los chicos crecieran. Poco a poco, hicimos esta casa, plantamos cerezos, pero no nos decidíamos", relata Hebe, que ahora vive aquí, junto a su hija Bárbara y sus dos nietos.
Los Antiguos no es el único lugar donde se cosechan cerezas en la Argentina, pero sí el último de cada temporada. Como las temperaturas son muy bajas, se trabaja en la especie de la "cereza tardía", cuya producción llega a Europa cuando ya casi se ha agotado el stock en el mercado.
Los primeros pobladores del lugar recuerdan que en los años 70 se realizaron las primeras plantaciones. Empezaron con una producción pequeña, que incluía ventas al mercado regional, pero la explosión del volcán Hudson, el 13 de agosto de 1991, cubrió de cenizas la tierra y postergó la producción durante dos años. Las cenizas no fueron un aporte fertilizante, como se creyó durante un tiempo, pero sí mejoraron las condiciones físicas del suelo en cuanto a la permeabilidad del agua y la aireación, según datos de la Estación Experimental del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), fuente de consulta permanente de los productores.
"En verano todos nos juntamos acá, ayudamos y vemos cómo puede crecer la chacra", dice Arturo Wilks, de 32 años, geólogo, empleado en una petrolera. Hacen de todo: "Desde cosechar, hasta probar con dulces, tartitas y budines", agrega Lucrecia Wilks, de 27, flamante licenciada en Cine.
A diferencia de otros cultivos, la cereza debe recogerse rápidamente. Una vez cosechada del árbol, empieza el tiempo de descuento. "Lo ideal sería que el mismo día que se recoge en el campo, llegue a la planta, se seleccione, se le realice todo el proceso y esté lista para partir", asegura Federico Guerendiain, a cargo de la comercialización y venta en la cooperativa El Oasis, una de las dos empaquetadoras de la localidad.
La última recolección empezó el 26 de diciembre. De ahí en más, y como ocurre cada año, durante un mes Los Antiguos vivió un ritmo frenético, que siempre altera la parsimonia habitual de las calles con alamedas y siestas largas. De pueblos cercanos y distantes, llegan zafreros. Trabajan de sol a sol, colgados de los árboles y cobran entre $ 0,25 y $ 0,50 el kilo.
La edad no es impedimento a la hora de ser cosechero. "Tenía ganas de venir, nunca lo hice, me sumé con otras familias y vivimos en carpas mientras dura la cosecha", dice Amada, de 66 años, trepada a una escalera. Cuenta que es de Caleta Olivia, y sin más explicaciones continúa la cosecha en la chacra Chauin (significa "cerca de la luna", en tehuelche), de la familia Lizzano.
Los Lizzano se encuentran entre los socios originales de la cooperativa, y con 16 hectáreas sembradas los árboles prometen un potencial de 18.000 kilos. "Se debe cosechar en tiempo y forma, a partir de septiembre, cuando se polinizan las plantas; todo debe estar perfecto; una helada tardía o una lluvia nos pueden arruinar la cosecha", asegura Carlos Beroiza, que desde que nació pasó su vida conociendo los secretos de la tierra.
"Al final del día, los cosecheros traen la recolección separada por variedad; se pesa y se anota para pagar luego por kilo recolectado", explica Pablo Lizzano, de 21 años, estudiante de Administración de Empresas en la UBA durante el invierno y a cargo de la chacra en verano.
Como todos en este pueblo, desgrana la historia de la chacra y comparte sus dudas: "Papá compró esta chacra en el 93. Vivíamos en Comodoro Rivadavia, pero cada verano veníamos para la zafra. Durante años, esta chacra fue motivo de disputas familiares, dado que había que poner siempre plata encima. Sólo a partir del año pasado empezó a autoabastecerse. Ahora soy el único de la familia que puede venir. Papá me pregunta si la vendemos y yo aún no puedo resolverlo. Cuando estoy lejos, en Buenos Aires, pienso que no se puede administrar, pero cuando vengo y veo las plantas y la tierra y todo lo que hicimos por la chacra, no puedo pensar en vender. Mi viejo, sin un pedazo de tierra, se muere".
Contrarreloj
A la hora del empaquetamiento, la cooperativa El Oasis y la empaquetadora Riolara SA se disputan las cerezas en una puja silenciosa de la que en el pueblo nadie se pierde detalle.
Yanina Vázquez recorre los surcos de la chacra familiar El Refugio desde que nació. A los juegos de chica los transformó en profesión. Hoy, es ingeniera agrónoma, recibida en La Plata, tiene 28 años y es la jefa de empaque de la cooperativa.
"Cuando el fruto llega, pasa por el hydrocooling, un sistema a través del cual se le baja la temperatura al fruto con agua fría, para demorar el proceso de maduración", detalla.
Al ingresar en el hydrocooling, se registra el productor, el lote, las variedades, la temperatura. De este modo, se inicia la trazabilidad que permite el seguimiento de la fruta hasta que llega a la góndola europea.
Rock y cerezas
En la planta de El Oasis, Miguel Mateos canta "Tirá para arriba..." desde un viejo grabador. Los trabajadores del segundo turno de la tarde cantan con él mientras seleccionan en forma manual las cerezas. Al ingresar en la cámara, se higienizan las manos con gel bactericida. A ambos lados de una cinta transportadora, se alinean cerca de 20 mujeres. Las más jóvenes se ponen nerviosas ante la presencia del fotógrafo; las más veteranas no prestan atención y siguen con la mirada fija en la fruta que revisan hasta en el mínimo detalle. Es la primera selección visual.
"Las mujeres son las mejores para hacer este trabajo porque son más detallistas, más prolijas", explica Yanina. Las cerezas no deben tener ninguna marca, ni estar picadas, ni tener cabito, ni tampoco presentar exceso de humedad.
"No es difícil el trabajo. Es la primera vez que lo hago y me sirve para ganar unos mangos", asegura Onofre Méndez, de 17 años, quien selecciona las cerezas por color. Dice que el año que viene se va a ir de Los Antiguos para estudiar en la Escuela de Policía. A su lado, Paola Hormachea cuenta que nació en Los Antiguos y desde siempre trabaja en la chacra familiar Don Lucas. Ahora estudia abogacía en Buenos Aires.
Las cerezas tienen diferentes tamaños, que se miden en calibres. Van de 22 a 28 milímetros de diámetro. Las de más de 26 son las destinadas a la exportación. También se las separa según la variedad. Mientras que los ingleses las prefieren más pequeñas y oscuras, en España las eligen más grandes y rosadas.
En la empaquetadora de Riolara SA, las mujeres también son mayoría. Cecilia Trama nació en Tandil y se recibió de licenciada en Tecnología de los Alimentos. Llegó cuando empezó la zafra y dice que la mayor parte del tiempo lo pasa en la planta.
Luego de la selección por calibre, variedad y color, la fruta se encuentra lista para exportar. En cajas de cinco kilos, reciben un proceso de "atmósfera controlada".
Hoy, como cada día, camiones frigoríficos cargan el preciado tesoro y lo depositan en el puerto de Buenos Aires o en Ezeiza. Unos días después, el aroma de campos de la Cordillera invadirá a españoles, franceses, ingleses, alemanes... El fruto llegará casi intacto. A él, se le habrá "agregado" parte de la historia de hombres y mujeres que viven en este pueblo que huele a futuro.
Para saber más:
www.santacruz.gov.ar
losantiguos@santacruz.gov.ar
coopeloasis@infovia.com.ar
En crecimiento
- La cooperativa El Oasis comenzó su actividad en 1988, cuando un grupo de productores impulsados por el INTA unieron esfuerzos para mejorar las condiciones de venta. En el 97, seis años después de la tragedia provocada por el volcán Hudson, concretaron la primera venta a Bélgica y España. La producción de 2005 rondará las 110 toneladas, de las cuales exportarán cerca del 45 por ciento. Actualmente, existe un convenio entre el INTA y el instituto francés Ctifl para que la fruta llegue a Francia, y en el futuro se espera lograr una identificación de origen que podría ser: "Cerezas de la Patagonia Austral".
- Hace tres años la empaquetadora Riolara SA se instaló en la localidad, y marca una fuerte competencia. Exporta a Europa y Asia. La empaquetadora –compuesta por Utopía (Inglaterra), Alara (Turquía) y Río Claro (Argentina)– espera convertirse en el primer exportador de cerezas en América del Sur.
- La producción de cerezas también tiene como protagonistas a figuras de la política. En la chacra Ikeuken, Arturo Puricelli, gobernador santacruceño entre 1983 y 1987, funcionario del gobierno de Carlos Menem que llevó adelante la privatización del Correo Argentino y de los aeropuertos, y viceministro del Interior de Eduardo Duhalde (2002-2003), cultiva cerezas. "Cuando (Néstor) Kirchner ganó, supe que no tenía más lugar en la política –le dice a la Revista–. Y siempre pensé que cuando me retirara, iba a dedicarme a esto."
Para visitar
- Cómo llegar: por la ruta 3 hasta Caleta Olivia (Santa Cruz) y desde allí empalmar las rutas 12 y 43. Los Antiguos se encuentra a sólo 3 km de la frontera con Chile y a 7 km de Chile Chico, sobre las márgenes del lago Buenos Aires, que junto al lago General Carreras conforman el segundo espejo de agua de América del Sur. Este año se prevé inaugurar el aeropuerto en Perito Moreno, ubicado a 50 km al oeste de Los Antiguos.
- Dónde dormir: cuenta con 260 plazas entre dos hoteles, hosterías (entre $ 130 y $ 65, en base doble) y cabañas (desde $ 75 la cuádruple). Se puede acampar en el camping municipal sobre el lago Argentino y en las chacras durante la Fiesta de la Cereza.
- Qué hacer
Agroturismo: una visita a las chacras atendidas por sus dueños.
Pesca deportiva: el lago Buenos Aires tiene piezas magníficas durante todo el año.
Pinturas rupestres: excursiones hasta el Monumento Nacional Cueva de Las Manos, ubicado a 150 km, sobre la ruta 40.
Turismo aventura: excursiones en 4x4 al cerro Zeballos.






