
El gran desfile de los dibujitos
Otra manera de mirar cómics y films animados, géneros nacidos en el siglo, es ver cómo se visten los personajes. Así puede trazarse una historia de la moda en estos cien años
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¿Quién dijo que la pilcha es lo de menos? Las tendencias, los colores, las texturas y los raros peinados nuevos quitan el sueño a mujeres y hombres de todos los tiempos, pero preocupan también a los personajes del mundo animado -los cartoons- y a los que viven dentro de las viñetas. Ellos dejaron un rico archivo de la moda.
El gran desfile en el mundo de la historieta comenzó a fines del siglo pasado con la aparición de Yellow Kid, de Richard Outcault. Este personaje y sus amigos eran los responsables de terribles desmanes del barrio. "Yellow Kid se comunicaba con sus lectores a través de la indumentaria. Originalmente, usó un texto escrito en el pijama amarillo en lugar del globo -cuenta Elenio Pico, ilustrador y representante del Espacio de las Historietas del Centro Cultural Recoleta-. La historieta copia a la sociedad y ofrece un fiel testimonio de la manera de vestir de cada época", asegura.
Las estrechas faldas que Westover pintó a la protagonista de Tillie de Toiller hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial son otro eslabón de la cadena. Durante los años 50, seducida por el New Look Dior, la chica realzó sus curvas con las anchas polleras que marcaban la cinturita de avispa. En la vieja Pequeñas delicias de la vida conyugal, la primera historieta publicada por La Nacion, Trifón y Sisebuta nos brindan su aporte indumentario. Ella se vestía según el último grito de la moda, con pieles y caros sombreros que cargaba a la cuenta de su atribulado marido, enfundado por su parte en un frac.
Inspirada en la cantante Helen Kane, la bella y fatal Betty Boop apareció a principios de la década del 30. La primera superstar animada se presentó enfundada en un diminuto vestidito negro. Su imagen de sex-simbol se alimentó también de otros detalles fashion de la época: el maquillaje, el corte de pelo a la garçonne, las ligas, los grandes aros y los zapatitos tacos altos de punta redondeada. A 70 años de su nacimiento, la señorita de curvas pronunciadas sigue vigente. En Internet tiene una importante presencia: se la ve con pantalones y chaquetas de cuero, biquini, ropa deportiva, look rockero y hasta remeras con su propia estampa.
Con unos años más que Betty, Olivia Oyl, la novia de Popeye, hizo su debut en 1919 en la historieta de Segal Thimble Theathre. Junto a Castor, su hermano, fue la estrella de la tira hasta que Popeye, por aquel entonces personaje secundario, conquistó a los lectores y se transformó en el protagonista. El vestuario de estos personajes cambió más que al ritmo de la moda al de las necesidades e intereses de los editores y productores. La primera Olivia adhirió al largo de falda en boga en 1915, que se despegaba de los tobillos y cubría la rodilla y pantorrilla. Una larga falda negra, camiseta colorada de mangas largas y botines contorneaban su silueta chata y andrógina. Fleischer Studios de- cidió ponerle un poco de sal a la novia del marino, que llegó a la pantalla con nuevo peinado en 1944. Cubrió su frente con una especie de jopo. Sus pechos cobraron volumen -aunque mínimo- y la lánguida señorita de piernas eternas comenzó a mostrar también sus brazos. Sus botines fueron reemplazados por unos sexy tacos altos. Olivia volvió a cambiar una y mil veces. En la versión creada por la dupla Hanna-Barbera, Popeye & Son (1987-1988 CBS), lució a veces pelo corto, otras con rulos, y se atrevió a un look deportivo: jogging, zapatillas y vincha.
El traje marinero se impuso como vestimenta infantil desde mediados del siglo XIX y se extendió durante más de un siglo por todo el mundo. El vestuario de Donald copió el gorro y el blusón de mangas largas azul adornado con cintas blancas en el cuello. En cambio, Popeye prefirió chaquetas de manga corta para mostrar mejor sus musculosos brazos. En los años 90, la encantadora Sailor Moon nacida en una revista de manga (historieta japonesa) da vigencia al look. Al trasformarse en las Sailor Scauts, Serena y sus amigas visten el tradicional uniforme de las adolescentes escolares niponas, una especie de equipo marinerito, parecido al de Donald, pero con pollerita.
La capa, que nunca se impuso como prenda habitual en la calle, se transformó en la favorita de superhéroes y villanos. Adhirieron a esta moda Superman, Batman, Robin, El Zorro y Gatúbela. Entre los dibujitos locales, también encontró dueño: "Sombrero, sombreritus, conviérteme en Superhijitus". El paladín de la justicia made in Argentina creado por Manuel García Ferré sobrevoló los cielos de Trulalá munido de una capa azul.
Isidoro Cañones el padrino del indio Patoruzú, mostró la evolución de la moda masculina a través de los años. Este personaje es de Dante Quinterno y en los años 40 el playboy llevaba smoking y moñito, condición necesaria para entrar en las fiestas de la alta sociedad. Con el tiempo, cambió el smoking por el saco sport, las solapas anchas, el saco cruzado, los mocasines relucientes. En los 60, polera negra, campera de cuero y botamangas anchas. También se animó a los jeans y a los anteojos con marco blanco.
"La moda ofrece a la caricatura un accesorio repetido e insistente, una suerte de fetiche fashion que recorre la variedad más amplia de contextos y situaciones. Es como una marca o un sello, el logotipo que identifica a un personaje y sintetiza, de algún modo, su interioridad y su estatuto social. Es la materia prima para la caricatura", explica Alan Pauls en su libro La infancia de la risa.
"Lino Palacio desplegó en sus dibujos emblemas de la moda: trajes, corbatas, moños botamangas y sombreros. Sobre todo, sombreros. Su hijo confesó que Lino jamás encaraba una tira sin garabatear en un papel a un hombre alto, de barba, caminando bajo una inefable galera. Sus personajes aparecen siempre bien vestidos, sombrero alto, cuello alzado, corbata de lazo, bastón y traje", escribe Pauls.
Las legendarias chicas de Guillermo Divito poblaron las páginas de Rico Tipo. El trabajo de Adriana Aboy La sonrisa de los 40 las describe como "sexy, con cuerpos esculturales y polleras muy cortas, que piensan y se mueven como muchachas emancipadas. Las mujeres buscaban parecerse a ellas y las modistas copiaban su ropa".
No sólo las mujeres tomaron en serio la vestimenta de los personajes. También los muchachos de los 40 la llevaron a la calle. Adoptaron los colores detonantes para la ropa y el look jopo.
Los Grafodramas de Medrano, publicados en La Nacion representaron con mucho humor la realidad y la indumentaria porteña de los años 40, desde la de las clases más altas de la sociedad, siempre sobria y elegante, hasta la de los sectores más populares.
El broche de oro llega con las chicas dibujadas por Maitena Burundarena. Modernas a ultranza, se visten y maquillan. Usan sombra y rouge, lucen uñas pintadas y hasta se atreven con la última fragancia de moda. "Me fascina el tema de la moda y me parece un buen recurso narrativo. No es la misma mujer la de pelo cortito, tatuaje en el hombro que tiene puesto un pantalón seis talles más grandes que la que viste un trajecito gris y camisa. Y lo que dice cada una de ellas está absolutamente respaldado por la ropa que tiene puesta." A su sexto sentido se suman la pasión personal por la moda, la experiencia en revistas femeninas y constantes investigaciones sobre moda. "Me encanta dibujar todo exactamente como se usará en la vida real: los zapatitos que se van a usar, las polleritas, cada estampado, las transparencias. Jugar con los que están fuera de moda es otro recurso. Cortes de pelo pasados. Me encanta hacerles reflejos, flequillo erizado, vestirlas con ropa de marca. Al dibujar hombres, tampoco es casualidad que uno sea más pelado que otro o que tenga un traje de yuppie o uno clásico."
Desde el comienzo del género hasta hoy, como se ve, la historia de la moda puede seguirse a través de los personajes de historieta y de dibujos animados. Son como documentos de la realidad, en los que puede leerse lo ocurrido. Además, obviamente, hacen reír.
Agradecemos a Camelot y a Disney Argentina la autorización para reproducir estos dibujos.
El ropero de los Simpsons
Los Simpsons, los personajes creados por Matt Groening, reflejan estereotipos a través de lo que tienen en su ropero. Homero va siempre muy clásico, con chomba blanca y pantalones azules. Para ir a trabajar completa el equipo con una corbata. A veces se pone camisas hawaianas. Bart usa bermudas y remera naranja. Para ocasiones especiales, se tiran el placard encima. En algunas ocasiones, Bart se peina con raya al medio. El malvado señor Burns no se saca nunca el traje. Las chicas, Marge y Lisa, van de vestido y collares. Maggie, una especie de Oaky americana, se desplaza envuelta en una especie de vestido-pañal azul.






