
El hombre de las mil y una caras
Multifacético y dinámico, Damián Dreizik es actor, escritor y director. Fue la voz de La llama que llama. Se ganó un lugar en el cine, la tele y el teatro
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"Soy como una especie de Che Guevara, en vez de estar en las remeras estoy en todos los contestadores", dispara Damián Dreizik, con el humor histriónico que lo caracteriza. Aún hoy no para de sorprenderse por el furor que generaron las llamas de Telecom, esa serie de avisos en la que puso la voz y se convirtió en una marca registrada. "Es muy fuerte saber que las llamas del zoológico son estrellas, que hay pibes que se compran las remeras o que tiran el muñequito y sale mi voz", dice sin pestañar el actor de 35 años que, por una década, fue parte de Los Melli junto a Carlos Belloso.
"Fue una etapa bárbara que quedó en la memoría colectiva -dice, recordando los éxitos de la dupla-. ¿Volver? Uno nunca sabe, es muy difícil, pero quién te dice que Grinbank nos habilite Obras y armemos el regreso."
Por ahora eso no lo desvela, por la simple razón de que su cara se pasea entre el cine, el teatro y la televisión sin problemas. Los lunes (a las 23) aparece en Todo por dos pesos, por Canal 7; en teatro continúa presentando el Ciclo Negra Matineé (sábado, a las 23.30 en El excéntrico de la 18, Lerma 420), que dirige y protagoniza junto a Vanesa Weinberg. Y, desde ayer, se lo puede ver en Sólo por hoy, de Ariel Rotter.
Un toro que no es Venicio En esta opera prima, producida por la Universidad del Cine, que inauguró el III Festival de Cine Independiente de Buenos Aires y que fue aplaudida en los festivales de Berlín, Rotterdam y Toulouse, Dreizik le pone el cuerpo a Toro, un aspirante a actor que se gana la vida fumigando hoteles.
Explotando la faceta histriónica es donde se siente más cómodo. "Es un tipo de humor que siempre me interesó" y el que también pone en práctica en Todo por dos pesos, en skecthes como Granaderos de la vida, en el que parodia las producciones de Pol-ka y en algún que otro video clip.
Su abuelo, un director de operetas judías en Entre Ríos, parece ser la punta de una pasión que tomó un giro definitivo cuando estaba en sexto grado. "Cuando hice de Sarmiento supe que quería ser actor. Algo me pasó en aquel salón de actos", recuerda como si una luz casi mística lo revistiera.
Este chico, que se crió entre Chacarita y Vicente López, fue un poco callejero, "como dice Alberto Cortez -remarca- aunque tampoco me voy a hacer el Iván Noble", se divertía jugando a las escondidas, a la pelota y paseando en bicicleta "hasta que me sacaron las rueditas. Sí, no sé andar, lo dije y ¿qué?"
Terminado el secundario, pasó por la Escuela Municipal de Artes Dramáticas y debutó en una obra para chicos con marionetas. "Yo fui titiritero en una puesta con marionetas que pesaban tres kilos -cuenta de aquella experiencia-. En el momento que me lo ofrecieron me lo cuestioné porque siempre me costaron las manualidades, nunca fui bueno con el papel glasé ni con la brillantina." Ni lerdo ni perezoso, y con sólo 20 años, Damián se unió a Belloso en Los Melli, una dupla que marcó un antes y un después en su carrera.
Hollywood en castellano "Damián Dreizik es mi actor fetiche desde que empecé con cortos a los 16 años", confesó alguna vez Diego Kaplan, el director con quien trabajó en la tele en Son o se hacen y en el cine con ¿Sabés nadar?, que todavía no se estrenó comercialmente. Parece ser que Dreizik es uno de esos actores que pone el todo por el todo por un medio al que reconoce que cada vez le gusta más. Se divirtió a lo grande en el corto de Alexis Puig, Devórame otra vez, donde encarnaba a un freak fanático de Bela Lugosi. "Soy un fana de Price, Lugosi, Corman, de las pelis de la Hammer..."; trabajó en la ópera prima de Martín Rejtman, Rapado; en la de Rolando Santos, Qué absurdo es haber crecido y en las aún inéditas Arregui, la noticia del día, de María Victoria Menis y Herencia, de Paula Hernández, sólo por nombrar algunas.
Tal es su fascinación por la pantalla grande que en Ciclo Negra Matineé rinde un homenaje a las películas de Isabel Sarli y Armando Bo, desde la versión teatral de Furia infernal, una especie de western patagónico que data de 1973 y resume en cierta forma el espíritu de la filmografía Sarli-Bo. "Una verdadera tragedia griega."
"De adolescente no era un fanático de la Sarli, prefería ver películas italianas berretas, algún que otro western spaghetti hasta que de grande -dice como si se tratara de un cuentito- las redescubrí y me fasciné con esas miradas, esos escenarios, esos raptos, esas historias pecaminosas demasiadas jugadas para una época."
Con Vanesa (quien puso la voz de la llama ama de casa) tienen pensado continuar con el ciclo que rescata una fórmula escénica que fue marca del parakultural y presentar una adaptación de Fiebre, un clásico indiscutido de la Coca y Bo. También tiene previsto dirigir una obra que escribió sobre un torero argentino que vive frustrado en el Once porque no puede torear. "Por que no hay toros, ¿se entiende?" A punto de cambiar de barrio "hace 8 años que vivo en Almagro", el actor que supo ser Juan Salvador Gaviota en Delicatessen, reconoce estar pasando por un buen momento.
Perfil del personaje
- Su infancia la pasó entre Chacarita y Vicente López. Jugaba a la pelota, a las escondidas y andaba en bici hasta que le sacaron las rueditas.
- En sexto grado y gracias a su papel de Sarmiento en un acto escolar, descubrió su pasión por la actuación. "Algo me pasó en aquel salón de actos."
- En el cine encontró un espacio que cada vez le atrae más. Ayer estrenó Sólo por hoy , de Ariel Rotter. En la tele trabaja en Todo por dos pesos y en teatro hace el Ciclo Negra Matineé que dirige y actúa junto a Vanesa Weinberg.






