
EL MERCADER
Desde el 27 de este mes, se verá Shylock, de Shakespeare, con la dirección de Robert Sturua, en el San Martín
1 minuto de lectura'
El personaje central de El mercader de Venecia , de William Shakespeare, suele remitir a la imagen del prestamista judío, lugar común del antisemitismo que la cultura contemporánea arrastra desde el medioevo y la edad moderna.
Arquetipo de conductas humanas, Shylock es, sin embargo, bastante más que el estereotipo al que remite en primera instancia. Y ésa será la base para la versión que el Teatro San Martín pondrá en escenadesde el miércoles 27, con Roberto Carnaghi en el papel protagónico y la dirección del georgiano Robert Sturua.
Acompañado fielmente por su traductora Natalia Kovaleva, Sturua relata sin prisa ni pausas que el trabajo comenzó con un proceso de traducción del inglés, realizado por la dramaturga Patricia Zangaro, al que le siguió una comparación con la versión rusa que él traía consigo desde su tierra natal.
"Revisamos los dos textos para que coincidieran. En las traducciones de Shakespeare suele haber problemas para definir ciertas expresiones, por eso es habitual tomar distintas versiones y evitar divergencias semánticas."
Preguntas
Mientras Roberto Carnaghi se suma a la charla, Robert Sturua explica que su puesta en escena de este clásico shakespeareano busca eludir las cuestiones religiosas para poner el acento en las diferencias raciales.
"El cristianismo nace del judaísmo. El Nuevo Testamento es sólo cristiano. El Viejo Testamento nos pertenece a todos. Por eso, el eje está puesto, en realidad, en una pregunta: ¿Por qué discriminamos? ¿por qué no podemos convivir con las diferencias y respetarlas? Es un rasgo esencial de la naturaleza del hombre, casi en un sentido darwiniano, contra la que se intentó luchar siempre. Incluso dentro de una misma nación existe este tipo de divisiones absurdas. Además, en la obra se cuestiona la vigencia de ciertas leyes estúpidas impuestas por el cristianismo, como la que convertía en legal que un ciudadano le extrajera una libra de carne a su prójimo. Esto, claro, tiene analogías con la actualidad."
Cuando se le preguntan a Sturua los motivos por los que eligió a Carnaghi para encarnar a Shylock, el actor, dueño de una conocida timidez, agacha la cabeza y se sonroja. El director, en cambio, responde llanamente: "Fue una idea del director del San Martín, Kive Staiff. Una elección feliz. En este caso hubo varias coincidencias, cosa que no siempre sucede, y me complace trabajar con el señor Carnaghi. En primer lugar porque se llama Roberto, igual que yo. En segundo lugar porque tiene ascendencia italiana y yo soy un racista positivo: me encantan los italianos".
Ante la ocurrencia, Carnaghi se repone del brevísimo juicio y lanza una carcajada. Sólo entonces se distiende, resuelto a analizar su propio cuadro de situación. "El Shylock ocupa toda mi cabeza -bromea, en un intento por definir su estado de ánimo-. Estoy lleno de preocupaciones, por las dificultades que presenta este personaje. La verdad es que, como Sturua, no puedo dormir. Espero llegar al estreno con un trabajo respetable. Al margen de la crítica y como suelo hacer siempre, me gustaría que mi actuación siguiera creciendo en el transcurso de las funciones para ver si, finalmente, puedo mirarme al espejo y decir: llegué un poquito más lejos."
Un hombre como todos
Debe de haber pocas empresas más complejas para un actor que encarar a un personaje que reúne características arquetípicas. Porque el riesgo, casi siempre, es caer en la caricatura, en la seductora tentación de la cáscara, y no profundizar en las contradicciones.
Para Carnaghi, sin embargo, Shylock significa la posibilidad de tocar una escala amplia en matices y descubrir otra manera de entender a Shakespeare. "Es un hombre como cualquiera de nosotros, sólo que, gracias al concepto de Sturua, toca una cantidad de notas asombrosa. Gracias a eso, se muestra un Shylock diferente, lejos del estereotipo. Tiene, por ejemplo, mucho más humor. Este Shylock no es ni bueno ni malo, es la sociedad la que crea al monstruo. En esta puesta él quiere encontrarse a sí mismo y modificarse; entiende que las cosas tienen que cambiar para que algún día pueda haber un encuentro. No sé si me va a salir, pero ése es el objetivo."
Según Carnaghi, que está fascinado por poder trabajar con el prestigioso director georgiano, parte de la responsabilidad de que existan estas diferencias en apariencia irreconciliables la tienen la indeferencia y el deseo de venganza. Y entonces recuerda con estupor la reciente profanación de tumbas de niños judíos. Una imagen televisiva que le corroboró su opinión. "Era una mujer, con un pedazo de piedra en la mano que decía: "Basta. Que esto no pase nunca más. Pero no tenemos que decirlo sólo nosotros, sino todos los argentinos". Es decir, no clamaba venganza, pedía que se detuvieran. Pero parece que la indiferencia siempre gana."
Testamento para el siglo XX
El director, por su parte, conviene en que las obras de Shakeapeare se han convertido en un testamento de valores humanos para este siglo. Y aunque de la vigencia del autor isabelino se desprendería la casi absoluta improbabilidad de una transformación en el alma humana, se consuela con el hecho de que, al menos, "gracias a que no hemos cambiado podemos percibir el arte de los siglos pasados. Sentimos que somos iguales que esos hombres, sólo que tenemos más información. Aún ignoramos si es para bien o para mal; a veces hacemos cosas horribles".
Cambios al margen, más de una vez se ha dicho que el teatro no está para dar respuestas sino para hacer preguntas. "Yo intenté -dice Sturua- que sobre el escenario hubiera representantes de varias naciones. Shakespeare da esa posibilidad. Y aunque la revisión histórica indique que no hay casi ninguna probabilidad de que se respeten las diferencias, vale la pena volver a preguntarse si alguna vez será posible."
1
2Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
3Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
4Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?



