
El mimado del nuevo cine argentino
Lleva filmadas cinco películas. Está en cartel en dos películas simultaneamente, Sábado y NS/NC. Se hizo popular como Walter, en el aviso de Telefónica
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"Soy habilidoso, pero poco concreto a la hora del gol. Al menos de eso me acusaron siempre", confiesa Daniel Hendler, el uruguayo de 26 años, hincha de Nacional, que en poco tiempo se convirtió en una cara omnipresente en el nuevo cine argentino. "¿Sí? ¿Te parece?", pregunta tímidamente. Pero reconoce que su nombre es cada vez conocido gracias a películas como Sábado, de Juan Villegas; NS/NC, de Fernando Musa -ambas en cartel- o El fondo del mar, de Damián Szifrón (el creador de Los simuladores ) que terminó de rodar días atrás.
"Desafíos", dice como al pasar, pero otra idea se apodera de él: "Lo que me gusta es que cada película te saque del rumbo", dispara. Consciente de que debe cruzar el charco en forma cada vez más frecuente, asegura que no tiene pensando abandonar Montevideo, la ciudad en la que como dice Leo Masliah todos son poetas. " Estoy acostumbrado al viaje -explica-. Hubo un tiempo en el que venía a consumir teatro. Mucho después empecé a venir por trabajo."
Su primer gran salto lo dio con Esperando al Mesías, el segundo largo de Daniel Burman, en el que no sólo sorprendió como el hijo de Héctor Alterio, sino que le sirvió de vidriera para que Lucho Bender lo convirtiera en Walter, el chico que llegaba desde el pasado en un aviso de Telefónica. "Fue medio mágico como se dio todo, porque nunca crucé en busca de trabajo, se dio desde acá." Como si fuera el protagonista de un cuento de hadas, Hendler se perdió de hacer Garage Olimpo y sedujo a Burman con su decisión de abandonar el casting para poder asistir a una reunión familiar, Pesaj (pascua judía). De ahí en más se convirtió en el judío por excelencia de Burman, primero en Esperando... y luego en Todas las azafatas van al cielo (acaba de editarla en video).
Su vida parecía estar encaminada. Y la actuación le hizo frente a sus cinco años de arquitectura. "Me recibí en la película de Damián (Szifrón) - dice entre risas-, pero ni así confiaron en mis manos para una escena en la que estoy dibujando: me pusieron un doble de manos".
Desde 1997 dirige en Uruguay el grupo de teatro independiente Acapara el 522, que hace honor a una línea de colectivos uruguaya, con los que presentó tres obras de su autoría. Menciona una, Los magníficos, una especie de Brigada A en la Suiza del sur , en la que habla de una especie de grupo de héroes de estas latitudes. " Estamos preparando una nueva puesta. Esta vez sólo voy a actuar- aclara-, así que pienso tener una etapa montevideana. No sé si es por ser uruguayo, pero siempre necesito de un tiempo antes de arrancar de nuevo."
Obviamente siempre es más fácil cuando hay amigos de por medio y 25 watts, la película que le valió el premio a mejor actor, compartido con Jorge Temponi y Alfonso Tort, en el III Festival de Cine Independiente de Buenos Aires sirve de ejemplo. "Nos pusimos la camiseta, porque fue un proyecto que nos involucró a todos y de alguna forma marcó una movida generacional en Montevideo."
Habitué de la gloriosa Cinemateca Uruguaya, Daniel no sólo comparte con Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, los directores de 25 Wats, la cancha de fútbol . "Protagonicé todos sus cortos. Somos una barra de amigos con ideas." Entre las tantas que manejan ahora está la de hacer algo paraTV. "Diferente, divertido y joven", enumera como si se tratara de un apostolado.
La masividad es algo que aún parece asustarlo un poco, a pesar de haber superado la posesión de Walter . "La popularidad de la pantalla chica parece devorarte. Hola, soy Daniel y soy actor."





