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Bienestar

“El movimiento es mi salvación”: la pasión por la danza para enfrentarse a los dolores del cuerpo

Alejandro Gorenstein
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25 de diciembre de 2018  • 00:28

Contagio, libertad, paz, mucho amor, felicidad, bienestar, carisma, gratitud y placer. Estas son algunas de las palabras que salen de la boca de los alumnos de Vanesa Saul (45) una vez finalizada la clase de Being Energy, una danza que revitaliza la mente y el cuerpo con secuencias de "pases energéticos" y respiraciones que tiene como objetivo incrementar la vitalidad de quienes lo practican.

Y no es casualidad que Vanesa se haya animado hace unos años a soltarle la mano a ciertos mandatos familiares para volcarse de lleno en esta actividad que la apasiona ya que el movimiento, dice, es su salvación para ir sanando aquellos dolores que durante mucho tiempo la perturbaron.

Fibromialgia

Desde que era adolescente a Vanesa le dolía "todo, desde el pelo hasta la punta de los pies". Durante mucho tiempo concurrió a varios traumatólogos y kinesiólogos pero ninguno le supo dar respuestas concretas para su padecimiento.

Y cuando comenzó la facultad notó que a la hora de tomar apuntes se le cansaban las manos. "Siempre salía frustrada de los médicos, iba al gimnasio como me decían pero tenía que cambiar constantemente de actividad a causa de los dolores que sentía. A ninguno de ellos se les ocurrió derivarme a un reumatólogo", dice Vanesa, a la distancia.

Por aquel entonces trabajaba como diseñadora gráfica nueve horas todos los días sentada en una computadora, un hábito que profundizaba aún más esos dolores en el cuerpo. Para paliar esa angustia, solía ir a bailar los 5 ritmos (meditación en movimiento que promueve la relación con el cuerpo y la respiración), una práctica que la hacía sentir libre y que la conectaba con sensaciones de placer.

En un momento concurrió a un clínico que, por fin, la derivó a un reumatólogo. Tenía 25 años cuando le diagnosticaron fibromialgia, una enfermedad que se caracteriza por un dolor muscular crónico de origen desconocido, acompañado de sensación de fatiga y otros síntomas. En ese momento Vanesa no sabía de qué se trataba esta dolencia, pero, al menos, podía colocarle un nombre a todos los dolores que la venían aquejando. Ese especialista le recetó la medicación que tomó durante aproximadamente un año y medio.

Mientras tanto, seguía con sus trabajos independientes de diseño que la hacían sufrir por la postura. Pero un curso que realizó sobre coaching le dejó picando la idea de que si hacía siempre lo mismo, no iba a obtener resultados diferentes.

Danzaterapia

A los 30 años se fue de vacaciones a Brasil y al regresar pudo tomar plena consciencia de la hermosa sensación que había disfrutado al bailar descalza en la arena.

  • -Para mí, esa es la definición de felicidad –le comentó por aquel entonces a su médico .
  • -Vos tenés que estudiar Danzaterapia –le recomendó

Si bien hasta ese momento Vanesa desconocía la existencia de esta carrera, comenzó a cursarla y dice que lo más importante de ese proceso fue el trabajo de auto-conocimiento. "El cuerpo no miente y cuando me empezaba a mover me daba cuenta de la información que me llegaba".

Con Martina, una compañera alemana con la que había estudiado en la facultad, empezó a dar cursos sobre pausas activas en la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana. A esa altura, el dolor, cuenta, era más manejable porque ya tenía más herramientas para controlarlo. Casi todos los días hacía algo de movimiento: taichí, artes marciales, natación, yoga, entre otras actividades.

"El amor libera"

Sin embargo, en el año 2012 descubrió Being Energy al participar de una charla sobre medicina integrativa. Posteriormente, fue a un seminario llamado "El amor libera", donde se vio cautivada por los movimientos y los pases energéticos.

"Lo que tiene de interesante es la intención de los movimientos, tienen todos un sentido y hay algo en la descarga que me hace bien porque me conecta con algo más fuerte. Los movimientos cada uno los hace con su intensidad y a su tiempo. Lo que tiene es que integra mente, cuerpo, emoción y espíritu. Se basa en que somos seres de energía", cuenta. A partir de ese momento Vanesa se enamoró definitivamente de esta disciplina y continuó con la formación online.

  • -¿Te animás a que hagamos un ciclo de 8 clases de Being Energy? –le propuso una compañera.
  • -Sí, dale –le contestó Vanesa.

Y de esa forma arrancó como docente, algo que tiempo atrás no se hubiera imaginado. Después de esa primera experiencia continuó con un grupo de mujeres de un templo de la colectividad judía apoyada por la esposa del rabino. "Fue mucha gente y la actividad resultó mucho mejor de lo esperado. Las personas quedaron muy contentas y esa experiencia duró dos años".

Posteriormente, empezó a dar clases con mujeres embarazadas y otras que estaban en el post parto una vez que nació Camila, su segunda hija, ya que durante su propio embarazo fue adaptando los ejercicios para continuar con la danza.

La intuición para conectarse con lo que uno siente

El escenario es un estudio de danza ubicado en el barrio de Palermo. Como todos los miércoles a las 10, Vanesa se dispone a brindar una de sus clases que dura aproximadamente una hora. Vestida con una musculosa azul, que tiene un corazón negro en el centro, y unas calzas haciendo juego se dispone a pegar algunos cartelitos que contienen mensajes que están vinculados a la temática del día. "Sintoniza con: tu intuición, tu sabiduría, tus visiones, tus sueños, tu destino". "Aparto mi intención de todas las proyecciones y miro hacia adentro" son algunas de las frases que cuelgan en una de las paredes. A la izquierda de la puerta de entrada se observa una mini-mesita redonda que contiene una vela de color violeta, un sahumerio y cuatro piedritas. Todo está listo para comenzar la clase. Vanesa termina de preparar algunos detalles de la música y se dispone a empezar. Se la ve radiante y la sonrisa en ningún momento desaparece de su rostro. "Hoy vamos a trabajar el sexto chakra que tiene que ver con la intuición. Me conecta con lo que yo siento", dice segundos antes de arrancar.

"Siempre voy buscando alguna idea que me inspire para cada una de las clases. A veces, se trata de un tema como, por ejemplo, trabajar la gratitud, la alegría o las emociones. También se puede ejercitar la autoestima, la confianza en uno mismo y en base a eso voy pensando cuáles de las secuencias de ésta danza me pueden ayudar a despertar la energía en el cuerpo que me permita conectarme con eso. Yo me fijo mucho en lo que dicen las letras de las canciones. A veces, pongo canciones en inglés y les traduzco a mis alumnos algunas partecitas que me inspiraron a elegirlas. Soy extremadamente detallista y exigente. Me fijo que la canción que elijo tenga algo que ver con la intención de la clase", expresa Vanesa.

A medida que va avanzando la clase, la música va invitando a los participantes a moverse a un ritmo más inspirador, descontracturado y libre, a veces en soledad y en otros momentos, por indicación de la profesora, se juntan para bailar en parejas.

"Lo importantes es que puedan descubrir cada uno su propio movimiento y no desde la exigencia o desde la mirada de tener que copiar lo que hacen los otros. Como yo me muevo está bien y no me tengo que mover como lo hace el otro. Lo importante es que yo me conecte con mi posibilidad de movimiento. Hay una intención en mí de generar como una integración de sentir el cuerpo en su totalidad: de los pies a la cabeza, eso te da otra sensación. También se trabaja mucho la conexión a la tierra, eso te brinda más seguridad y confianza".

"Mi cabeza va a una velocidad y mi cuerpo a otra"

Vanesa cuenta que en relación a los dolores se siente mejor, pero confiesa que tiene que estar siempre atenta porque, por ejemplo, si se queda varias horas en la computadora le duele todo. "Una de las cosas que tiene la fibromialgia y todavía me cuesta es el cansancio, no descanso muy bien en la noche y me siento cansada de día. Lo que trato es de bajar mis expectativas: mi cabeza va a una velocidad y mi cuerpo a otra: mi cuerpo me pide más lentitud, entonces tengo que estar todo el tiempo atenta y negociando. Deseo hacer un millón de cosas pero no todo es posible, tengo que hacer una pausa y ver que de todo eso puede hacer hoy, entender qué es lo que me pide mi cuerpo porque muchas veces no me escucho y me duele la cabeza, me tensiono el cuello o siento molestias en la cintura".

Sin embargo, está feliz desde que empezó a conectarse con su cuerpo y a dar estas clases que le llenan el alma. "Para mí, el movimiento es mi salvación y hoy en día entiendo que dando clases me voy sanando a mí misma, creo que tiene que ver con mi evolución y con mi crecimiento. Siento que es lo que tengo que hacer en mi vida. Me siento feliz y plena de poder dar estas clases, me llevó mucho tiempo estar conectada para fortalecer mi confianza y actualmente lo sigo trabajando".

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