
Muchas veces, los placards terminan siendo testigos de nuestros secretos. Aquí, el había una vez de los cajones, estantes y recovecos que cuidan de las prendas.
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Por Cecila Acuña / Fotos de Sol Santarsiero
Decenas de planchas de melamina y de MDF llegan todos los días a PH&L, una empresa dedicada a la producción de muebles, entre ellos, placards y vestidores de alta calidad. En la fábrica, ubicada en Caseros, se diseñan, producen y ensamblan distintos modelos de espacios para guardar ropa y accesorios. La peregrinación del mueble comienza en una sofisticada máquina italiana que corta las planchas de melamina con precisión y prolijidad de acuerdo con las medidas ingresadas en la computadora desde donde se maneja. En PH&L todo es a medida del cliente, aunque el proceso de producción es uniforme para cualquier clase de vestidor o placard. La personalización no solo pasa por las medidas, sino también por la multitud de accesorios que pueden agregarse, como cajoneras, estantes, cajones secretos, percheros rebatibles, corbateros, alhajeros, espejos y herrajes, entre otros.

Una vez que cada parte del mueble es seccionada pasa a la perfiladora, otra máquina italiana, donde se le pegan los cantos adecuados para que la melamina o el MDF no queden a la vista. De ahí, las placas continúan su camino hacia el sector de mecanizado. Allí, se les realizarán todas las perforaciones necesarias que servirán luego para armar el producto. En el pantógrafo se ejecuta todo lo que sea corte de máxima precisión. Se trata de una máquina que también trabaja de forma digital con operarios que ingresan medidas y que vigilan el proceso.

Hasta acá es posible aplicar a la perfección el principio de la Gestalt que dice que el todo es más que la suma de las partes. Es decir, todavía les falta el concepto total que adquirirán en la sección de armado. De todas maneras, siempre se ensambla el mueble en la fábrica con el objetivo de comprobar que todo esté en orden y de resolver de antemano posibles problemas. Los detalles requieren un trabajo artesanal de carpintero debido a que las terminaciones son, entre otras variables, las que determinan la calidad de un producto. En este espacio se trabaja con escuadradora, tupí y sierra circular, herramientas típicas de una carpintería tradicional de barrio. Por último, si el cliente lo solicita, el producto terminado pasa por el sector de lustre o laqueado.












