
El placer de sufrir
Cuando el padecimiento se eterniza a raíz de ciertas características de la personalidad puede ser insoportable. La psicóloga española María Jesús Alava Reyes aporta algunas claves para vencerlo y aprender a ser feliz, desde su libro La inutilidad el sufrimiento, publicado por El Ateneo
1 minuto de lectura'
Parecería que en la infancia la mayoría de los seres humanos escucha más de la cuenta aquello de que "la vida no es fácil". Y también: "La felicidad no dura para siempre". Sólo así sería factible explicar las dificultades para ser positivos durante la vida adulta y la tendencia, a veces irrefrenable, a lamentarse.
Por la calidad de vida a la que suele accederse en la sociedad moderna, motivos para sufrir no faltan, pero cuando esto es resultado de una actitud frente a la vida más que de un hecho provocado por causas objetivas, se recurre a cualquier método para aliviar una circunstancia permanente: largas sesiones de terapia, ansiolíticos, antidepresivos, miorrelajantes y una extensa batería de recursos dentro de las terapias alternativas.
La psicóloga española María Jesús Alava describe en su último libro, La inutilidad del sufrimiento, las claves para aprender a vivir de otra manera. La obra apunta a incentivar la toma de conciencia, en quien la lee, acerca de su problema y aporta consejos y sugerencias que puedan ayudar a las personas a modificar este punto de vista.
"Es muy fuerte ver todos los días, en la consulta y en la formación que damos en las empresas, la gran cantidad de personas que sufren de una forma tan inútil y estéril", reflexiona la psicóloga cuando se la consulta por sus motivaciones para escribir su libro.
Alava propone desandar el camino. Recuperar a la persona que se era antes de que comenzara esta suerte de autoconvencimiento de que "todo se consigue con dolor". Para esto, la autora intenta "mostrar un camino, ofrecer pautas, recursos y habilidades que le permitan a la gente mejorar sus niveles de autocontrol en situaciones de ansiedad, de tristeza, de desilusión, de apatía, de angustia y de dolor".
La autora propone fortalecer el ánimo, la energía y la ilusión, y espera que su libro se articule como motor para que sus lectores tomen la iniciativa de cambiar.
"Siempre tenemos una resistencia a hacer cosas nuevas, porque no nos sentimos cómodos en un primer momento. Sin embargo, en cuanto nos decidimos y nos lanzamos, ya somos capaces de salir adelante. Nos cuesta mucho dar ese paso, si previamente no tenemos una ilusión que nos motive a ello o una persona que nos impulse", explica la experta, y dice estar convencida de que se puede aprender a ser feliz, que el impedimento sólo lo ponen los pensamientos catastrofistas.
No a la autocompasión
"Tal como alguna vez dijo Lou Marinoff en su libro Menos Prozac y más Platón, cuyo título alude a la noción de que la filosofía puede ayudar a resolver los males del ser humano más que los medicamentos, yo creo que con los fármacos, los médicos analistas y los psicólogos hay un ciclo que cumplir –señala Alava–. Pero hay pacientes que eternizan el tratamiento porque se niegan a superar lo que los llevó hasta allí."
No obstante, la idea es no caer en la autocompasión, sino poner manos a la obra con uno mismo para volver a tomar el mando sobre las propias emociones. Y, desde luego, el libro de Alava, como muchos otros que en la actualidad se ocupan de este tipo de problemas, pone a disposición herramientas para ayudar en el proceso.
María Jesús Alava siempre da un sabio consejo en este sentido: "No vaya por detrás de los acontecimientos. Adelántese. Y gobernará su vida".
Para saber más:
www.mariajesusalavareyes.com
Consejos
- Errores a evitar: darle vueltas a un hecho que ya ha pasado, no aceptar lo inevitable, complicarse la vida inútilmente, expresar todo lo que pensamos, creer siempre que estamos en posesión de la verdad, no confiar en nosotros mismos, querer arreglar las cosas realizando cambios drásticos en nuestra vida, pensar que “lo nuestro” no tiene solución, dejarnos contagiar por el pesimismo reinante.
- Reglas de oro: creer en nosotros mismos, intentar “sentirnos bien” cada día, ser conscientes de que la felicidad está en nuestras manos, seguir confiando en nosotros en los momentos difíciles, premiarnos de vez en cuando y siempre que nos encontremos con la guardia baja, aceptar que no somos “dioses” (no podemos arreglarlo o controlarlo todo), fomentar el sentido del humor y, sobre todo, comprender que estamos aquí para aprender a ser felices y no para sufrir.
1
2Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
3Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
4Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?



