
El Queen Mary 2: la opulencia del pasado
Su largo representa tres veces la altura del Big Ben londinense; es el barco más grande y costoso que jamás se haya hecho. En esta nota, un relato pormenorizado de cómo es viajar inmerso en el más exquisito de los lujos
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Navegar en el barco más grande y costoso que jamás se haya hecho tiene un costo adicional al del pasaje: sentirse expulsado del paraíso cuando el viaje termina. No todos los días llega –puntual, a las 18.45– un mayordomo de etiqueta para servir champagne y caviar beluga como si ése fuera el más corriente de los aperitivos. Desde que, recientemente, la reina Isabel II de Inglaterra bautizó la nave con el nombre de su abuela, el Queen Mary 2 es el nuevo soberano de los mares y heredero de la tradición y el estilo de los transatlánticos de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
La primera experiencia reveladora es hacer el check-in en el Grand Lobby, cuyas dimensiones y el diseño prenuncian la vastedad y magnificencia del resto de esta ciudad flotante de 350 metros de largo y 14 pisos de altura. El estilo déco en muchos de los sitios y las referencias a las celebridades que Cunard –empresa naviera que lo construyó– transportó durante años son evidencia de que multitud de ambientes recrean la clásica atmósfera de los glamorosos transatlánticos de aquellas épocas.
Buscar el clima de esos tiempos no parece una ilusión vana. Allí están las señoras con vestidos de noche y relumbrantes joyas, sus maridos de riguroso black tie (si no lleva smoking, puede alquilarlo a bordo), las personas que en dos turnos comen en el restaurante Britannia (de tres niveles y para mil comensales), los cubiertos de plata, la vajilla de porcelana. Otros dos restaurantes, el Queens Grill (vajilla de oro) y el Princess Grill son aún más elegantes y están reservados a quienes ocupan las cabinas más exclusivas. Los manjares son preparados por un ejército de cocineros al mando del famoso chef Daniel Boulud, cuyo restaurante Daniel, en Nueva York, es considerado uno de los diez mejores del mundo. La lista de vinos, extensísima, recorre la oferta existente por países. Un Château Pétrus 1989 cuesta 2650 dólares. Y los vinos argentinos, entre 20 y 35 dólares. Pero hay otras alternativas a la hora de comer, como el Todd English –célebre chef inglés y una estrella televisiva–, en el que se sirve comida mediterránea, o el Kings Court, donde se ofrece un buffet informal durante el desayuno y el almuerzo.
Por la noche, esos espacios se transforman en cuatro íntimos restaurantes: uno oriental, uno italiano, otro en el que la protagonista será la cocina inglesa más actual y, por último, el Chef’s Galley, en el que se enseña a cocinar lo que luego se sirve para comer.
Perderse
La inmensidad del barco puede que no deje tiempo para conocerlo todo, al menos si se toma un crucero de una semana. Quien esto escribe vio el primer día una pileta de natación cubierta que no volvió a encontrar en toda su estada. El consejo: vagar, como Borges hacía por las calles de Buenos Aires. Es decir, camine sin rumbo, métase en cada salón, en cada espacio. Repare que a cada paso hay una obra de arte, que juntas alcanzan un valor de 5 millones de libras. Y cuando necesite estar en horario en algún lado, entonces mire los planos que hay en cada rincón.
Así tal vez llegue usted al salón de baile más grande que existe sobre el agua, el Queens Room, o al Canyon Ranch Spa Club –considerado el mejor de EE.UU.–, donde podrá solicitar masajes, talasoterapia, tratamientos de belleza, gimnasia reparadora, relax y una interminable lista de servicios relacionados con el cuerpo. Tal vez tropiece con la disco o la biblioteca, de 10.000 volúmenes y estanterías de raíz de nogal; o con el Churchill’s Cigar Lounge, dedicado a los fumadores y abastecido con los mejores puros del mundo.
Hay también un casino con tragamonedas, ruleta, black jack y dados que funciona las 24 horas. Si sigue deambulando tal vez encuentre los refinados locales duty free de Hermès, Dunhill o Harrod’s, o alguno de los muchos pubs y bares, o el teatro para más de mil personas, con la más moderna tecnología, en el que se presentan diariamente los más célebres artistas del West End o de Broadway. O un planetario y cine, una florería, un banco, lavanderías, un centro médico, un museo, cinco piletas de natación, un helipuerto, una perrera... ¡y hasta una cárcel!
Quienes tengan dificultades para movilizarse no se perderán nada. El barco está totalmente adaptado para discapacitados.
Los deportes
Si usted es de los que practican deportes, no crea que en el Queen Mary 2 reina el sedentarismo. Una amplia cubierta en 360 grados (una vuelta tiene 2093 metros) es utilizada diariamente por los que se dedican al aerobismo. Un gimnasio de 2325 metros cuadrados, con los aparatos más modernos, permite atenuar los excesos en la comida. Las canchas de paddle y tenis están en el deck 14. Y si lo suyo es el golf, contará con un minigolf a su disposición.
Pero si lo suyo no es la actividad física, no importa. Una lista de conferencias, seminarios y cursos está disponible para usted. Un acuerdo con la Universidad de Oxford posibilita que sus profesores dicten clases sobre temas variados, al igual que los especialistas de las revistas Architectural Digest y Gourmet. Son particularmente demandados los cursos de informática e idiomas.
Maniobrar el coloso
El capitán Ronald Warwick, de 63 años, se encuentra al timón del Queen Mary 2, el primer transatlántico construido desde 1969.
Perteneciente a una familia de marinos, tiene el honor de continuar la tradición que consolidó su padre, William Warwick, que comandó el mítico Queen Elizabeth II.
Cualquiera podría pensar que maniobrar semejante estructura requerirá de enormes comandos. Pues no: un simple joystick, de esos que los chicos usan para sus juegos virtuales, basta para conducir el barco desde el puente, de 50 metros de largo. Los motores que le permiten girar sobre sí mismo hacen prescindible el uso de remolcadores. Tiene, además, cuatro estabilizadores construidos en Edimburgo, Escocia, que combinados reducen un 90 por ciento el rolido del barco.
La dificultad que encierra el tamaño del Queen Mary 2 se evidencia en la imposibilidad, por razones de calado, de amarrar en muchos puertos que visita. Ese obstáculo se salva con la utilización de lanchas que permanentemente van y vienen del barco a tierra. Tampoco puede cruzar el Canal de Panamá, razón por la cual está previsto que zarpe hacia América del Sur para cruzar hacia el Oeste por el cabo de Hornos.
Llega a la Argentina
Jorge Zarattini, representante de Cunard en la Argentina y Uruguay, confirmó que la South America Odissey partirá desde la costa este de Estados Unidos y llegará a Los Angeles en 38 días de crucero. El viaje cuesta desde 8500 dólares por pasajero en base doble, aunque hay cinco itinerarios de 14 días cada uno que pueden hacerse a un costo de 2500 dólares. Tres días por la costa californiana cuestan desde 750 dólares.
Como no es posible que amarre en Buenos Aires, el Queen Mary 2 llegará a Montevideo, donde podrá ser abordado para un itinerario de 12 días hasta Valparaíso, Chile, con precios desde los 3000 dólares por persona, y en el que se visita Ushuaia, Punta Arenas y Puerto Montt. El mismo itinerario, pero a la inversa, podrá hacerse al mismo precio: parte de Valparaíso el 22 de marzo y cuenta con la posibilidad de visitar la Antártida.
Las cabinas más económicas para siete días por el Caribe cuestan 789 dólares por persona más impuestos, durante enero y febrero. En abril comenzarán los cruces transatlánticos de seis días e incluyen el pasaje aéreo de regreso al puerto desde donde partió.
En general, los costos de los pasajes varían entre 150 y 2780 dólares por día, según el recorrido y el tipo de camarote. La diferencia está entre un camarote interno de 18 m2 y el dúplex Balmoral o la suite real Queen Elizabeth. Estos tienen más de 200 m2, doble altura, baños de mármol, comedor privado, terraza privada y mayordomo particular las 24 horas.
En otro rincón, una biblioteca particular con un escritorio para mandar cartas con el papel y los sobres personalizados. Enfrente, un televisor con pantalla de plasma y un surtido catálogo de DVD.
Cerca del terrazón que da al mar, una mesita en la que todos los días hay fruta fresca y una botella de champagne. Doce días en este plan cuestan 36.000 dólares por persona.
No obstante, el precio del pasaje también depende del recorrido y su duración. En 2004, a bordo del Queen Mary 2 se pudo optar por surcar el Atlántico, el Caribe, el Mediterráneo o el mar del Norte.
En un camarote básico con terraza el precio fue desde 1499 dólares por persona (en el crucero de cinco días por las islas del canal de la Mancha) hasta 5359 dólares en el crucero más caro, pasando las dos semanas navideñas en el Caribe. Como podrá apreciarse, existe otro mundo y se puede espiar.
Para saber más
www.cunard.com/QM2/home.asp
En cifras
- El original Queen Mary, que hoy se utiliza como hotel amarrado en Long Beach Harbor, California, fue bautizado en 1936 por la propia reina Mary. Su sirena, ahora restaurada, sigue sonando por los océanos, reinstalada en el nuevo Queen Mary 2.
- Tiene 345 m de eslora y 74 de alto. Es cinco veces más grande que el primer barco de Cunard, el Britannia (70 m) y 35 m más largo que el Queen Mary original. Su largo es dos veces la altura del monumento a Washington, 45 metros más que la altura de la Torre Eiffel y tres veces y media el alto del Big Ben.
Pasajeros celebres
- En 1882, Oscar Wilde llegó a Nueva York a bordo de un barco de Cunard. Cuando bajó a tierra y debió pasar por la aduana, en un rasgo típico de su provocadora autosuficiencia, exclamó: "No tengo nada que declarar, excepto mi genio".
- Una galería de fotos en blanco y negro recuerda a algunos de los más conspicuos pasajeros de la Cunard. Clark Gable, Cary Grant, Burt Lancaster, Bing Crosby, Winston Churchill, Marlene Dietrich, Abbot & Costello, Liz Taylor, Marilyn Monroe, Ingrid Bergman y Humphrey Bogart, entre ellos. Difícilmente haya alguna celebridad, tanto del arte como de la política o del mundo financiero, que no haya utilizado los servicios de estos transatlánticos.
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