
El refugio de un rey
Giorgio Armani abre a LNR las puertas de su casa de fin de semana en Pantelleria, Italia
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Su nombre es sinónimo de estética, sobriedad y distinción. Hoy, Giorgio Armani se da el gusto de dedicarse al diseño, no sólo de ropa, sino también de muebles y objetos. Sin duda, tiene un sello propio que sabe plasmar en todo lo que toca. Aquí cuenta cómo es su refugio de fin de semana en la isla Pantelleria, a 70 km de Túnez y 110 km de Sicilia.
"La primera vez que conocí este lugar fue hace 30 años, cuando visité a un amigo. Créase o no, no me gustó. Esperaba que fuera más exótico. No había ningún buen hotel, ni restaurantes ni demasiada gente. La mayor diversión del día era cuando pasaba un auto por el camino, y para cocinar necesitábamos un generador. Pero al cabo de unos pocos días, miré ese cielo tan azul y cambié mi impresión. Todo era tranquilo y silencioso.
Pocos años después, en 1981, volví para visitar a otro amigo y decidí comprar una casa. Luego, adquirí otro poco de tierra más cerca del agua. Desde entonces, ha sido mi refugio en verano; paso allí cada mes de agosto. Por supuesto, ahora hay electricidad en Pantelleria, algunos hoteles y los autos que pasan por el camino ya no son la mayor atracción. Pero todavía conserva ese toque salvaje, esa belleza exótica dada por el paisaje, en el que se descubren las casas dammusi, con su tradicional estilo árabe, que datan de muchos siglos atrás. Tienen paredes de piedra de roca volcánica de 70 cm de espesor y blancos techos abovedados, que proporcionan un aislamiento natural y protección de las temperaturas extremadamente elevadas. Creo que en esa época el diseño interior reflejaba la misma lógica que el exterior. Funcional, confortable y natural.
La que hoy es mi casa inicialmente contaba con las estructuras originales: dos dammusi abandonadas en un lugar aislado en el que la gente solía ir a recoger los frutos de los cactos gigantes. Por raro que parezca, el mar no es lo más llamativo. Es toda la isla, su luz, el terreno rústico y salvaje. La gran emoción de estar rodeado de roca volcánica negra. Necesito una fuerza así de intensa que me obligue a relajarme.
Hoy mi casa tiene dos áreas centrales que incluyen un living al aire libre, un comedor y 7 dammusi. Con el tiempo he trabajado en ese especial jardín-oasis que la rodea. Hay espectaculares árboles tiaré, magníficos rosales, arbustos de jazmín, raros cipreses y palmeras de 300 años, importadas de Sicilia; por no mencionar los cactos locales. El año pasado se renovó la piscina.
En el momento de reciclarla contraté a la arquitecta Gabriella Giuntoli. La elegí por varios factores: vive en la isla y entiende perfectamente la naturaleza local y su entorno. Además, tiene la capacidad innata de comprender el gusto y las necesidades personales, transformando esas ideas en una realidad simple, natural y, en última instancia, lujosa.
Mi casa de vacaciones en Pantelleria refleja mi visión y mi personal estilo estético. Como en el caso de la ropa, el hogar refleja la personalidad de su dueño. Por eso es tan importante elegir objetos que ayuden a expresarse de manera natural. Uno tiene que sentirse cómodo, tranquilo y mimado.
Me gusta todo lo basado en la naturaleza, tanto respecto de los materiales como en cuanto a la forma y el color. Tengo varias casas en todo el mundo y cada una de ellas es muy diferente. Pero hay un denominador común: todas ellas reflejan mi personalidad y la idiosincrasia de los paisajes naturales que las rodean.
Los principales atractivos que destaco de esta casa son el living exterior, que se encuentra en la terraza –desde allí se domina el mar–; la piscina, que parece un estanque natural en medio del paisaje; la calma y la distensión que se sienten; su funcionalidad; la posibilidad que me brinda de invitar a mi familia y mis amigos, y el hecho de que esté tan cerca de Milán, aunque parezca estar a millas de la civilización.
Con frecuencia me piden que compare mi casa de Milán con la de Pantelleria. Son dos realidades con funciones muy diferentes. La primera es donde paso mi vida laboral, de lunes a viernes. Es moderna, práctica y lineal: responde a mis necesidades de trabajo. Además, puedo divertirme, invitar gente y, en dos segundos, estar en mi oficina en el centro de la ciudad.
En Pantelleria vivo al aire libre. Es el único lugar donde en realidad puedo "desconectarme" del estrés y de los altibajos de la vida laboral. Antes solía ir sólo en verano, pero últimamente he pasado allí los fines de semana largos de otoño y primavera. Está tan cerca de Túnez que el clima es siempre cálido y acogedor. Mi hermana dice que es el único lugar donde me cambia la cara. Apago el reflector y mis ojos están siempre fijos en el cielo despejado. El estrés desaparece.
Este lugar ha sido mi fuente de inspiración para crear algunos productos de Armani Casa, mi línea de equipamiento. Pero no es la única. También, los elementos naturales, como la madera, la piedra y el mar, entre otros. Las líneas simples y puras, los materiales lujosos y ese inevitable sentido del confort funcional, son los pilares de mi filosofía para esa línea. Como ocurre con mis diseños de moda, se trata de un combinación de lo étnico con las formas modernas.
Un día de mi vida en Pantelleria es muy simple. Empieza con una enérgica caminata por la isla a las 7.30 (siempre he sido madrugador)... Y contrariamente a lo que dicen por ahí, jamás obligo a mis invitados a acompañarme... Por supuesto, cuando no quieren hacerlo. Todos son bienvenidos.
Es divertido tomar el desayuno con mi familia y mis amigos después de la caminata, porque estoy lleno de energía y ellos, bastante dormidos. Después del desayuno, habitualmente salimos al mar con la embarcación y nadamos un poco. Después, volvemos para almorzar, alrededor de las 3 de la tarde. Siempre comemos afuera. Luego duermo una siesta y, más tarde, solemos ir al mercado local o a ver una película. La cena siempre es el aire libre, a la luz de las velas. No salgo con frecuencia (¡en Pantelleria no hay muchos lugares donde ir!), pero a veces vamos a la heladería o al bar de la playa.
Armani / Muy personal
Giorgio Armani tiene diferentes casas, en todo el mundo. Sin embargo, la de Pantellería es una de sus preferidas. Desde su oficina en Milán, el diseñador italiano respondió un cuestionario a LNR.
–¿Qué lugar de su casa le gusta más?
–Me encanta vivir en todos los espacios. Uso los ambientes de manera diferente para las distintas actividades y de acuerdo con mi estado de ánimo. Por ejemplo, lo primero que hago en la mañana es un poco de gimnasia en la sala de aparatos. Siempre almuerzo en el comedor y me encanta descansar media hora en la sala de lectura, donde hojeo algunas revistas o periódicos. A la noche me gusta la sofisticación de mi dormitorio, tan confortable en su estética pura... Es un gran lugar para dejarse llevar al sueño, muy tranquilo y calmo. ¡Creo que amo mi casa completamente!
–¿Ambienta su casa con los mismos muebles que diseña para Armani Casa?
–No todos, pero sí muchos elementos importantes, como la mesa Ginza y las sillas Oxford. También tengo muchas lámparas. Por supuesto, me encanta la colección, así que trato de usar sus elementos tanto como sea posible. Es cierto que un visitante verá en mi residencia de Pantelleria muchas cosas de Armani Casa.
–¿Cuándo comenzó a interesarse en la decoración?
–Siempre me atrajo el diseño de interiores, pero la creación de una marca de moda es una tarea absorbente. De manera que durante años me dediqué a diseñar moda. También me llevó tiempo dar forma al concepto de Armani Casa. Pero a fines de la década de los 90 ya tenía una idea clara de cómo sería la línea y decidí que había llegado el momento de desarrollarla. Me parecía un paso natural y sentí que el público lo apreciaría.
–¿La decoración y la ropa tienen la misma importancia para usted?
–Representan dos canales diferentes que me permiten expresar mi estilo y mi filosofía. Empecé como diseñador de moda y mi primer amor sigue siendo la ropa. Sin embargo, si uno es creativo, le gusta ampliarse y enfrentar nuevos desafíos. Los muebles y los objetos me ofrecieron una oportunidad perfecta para plasmar mi visión de otra manera. Me sorprende ahora que Armani Casa se haya convertido en una actividad importante para mí. En cierto modo, es una nueva vida, y me gusta.
–¿Compra muebles en otros países?
–Me encanta traer recuerdos de mis viajes. Adoro, incluso, las cosas pequeñas, como los caracoles. Lo importante es que esos objetos me recuerdan una atmósfera, una situación o una persona.
–¿Le gustan las antigüedades?
–Tengo particular predilección por las décadas del 20 y del 30, es decir, por el período art déco. También me encantan los estilos chino y japonés de la misma escena cultural. Tengo algunas piezas de ese período y creo que poseen un atractivo eterno debido a la pureza de su forma. Creo que Jean Michel Franck y Pierre Chareau serían tan importantes hoy como lo fueron en su época.
–¿La iluminación es importante?
–Sin duda... Es primordial. Me gusta que sea íntima e informal. Que caiga sobre los contornos de los objetos y evoque una atmósfera distendida y contemplativa.
–¿Qué no puede faltar en una casa?
–Una atmósfera individual... Una gran casa tiene su propio carácter distintivo. Es como si cada una tuviera nombre y apellido.
Paula Halperín





