
El regreso de la reina
Desde su estreno en Cannes el año pasado, María Antonieta, la última película de Sofia Coppola, ha despertado un glamoroso revival de los tiempos cercanos a la Revolución Francesa. De fuerte impacto en la industria editorial y la moda, el boom ya es objeto de polémica
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Hace poco más de dos siglos una multitud enardecida la vio avanzar sobre la tarima que llevaba al patíbulo. Cuentan que hasta el último minuto conservó sus modales, porte y elegancia. Con delicadeza similar, hoy esbeltas modelos exhiben en las pasarelas europeas colecciones inspiradas en el sofisticado estilo de aquella reina de destino trágico, blanco de exasperadas pasiones en su tiempo y objeto de culto fashion en la actualidad.
El espíritu de María Antonieta, la joven archiduquesa de Austria, casada a los 15 años con Luis XVI, el Delfín de Francia, y convertida en su reina consorte a los 19 años, está entre nosotros. Volvió al frente de un fenómeno cuyo motor más visible es la última película de Sofia Coppola, retrato de la vida en el Versalles de fines del siglo XVIII que viene generando controversias desde su mismísimo estreno en Cannes, en mayo del año pasado. Mientras la revista Vogue augura que el estilo María Antonieta influirá en el mundo fashion de los próximos años, se lanzan libros, documentales, líneas de ropa, perfumes y hasta líneas de repostería inspiradas en la corte francesa.
¿Una moda más? ¿O, como opina la intelectual norteamericana Camille Paglia, el síntoma de un malestar cultural similar al que ivía la sociedad europea en aquellos decisivos y turbulentos años?
El eterno retorno
“La historia de María Antonieta, con sus premoniciones de destino en medio de un fatalismo vertiginoso, parece señalar una culpa difundida sobre desigualdades sociales casi intratables”, asegura Paglia en un artículo publicado en The Chronicle Review. Allí la analista cultural traza un paralelo entre la exasperación del pueblo de París ante los excesos y derroches de la corte y la manifiesta tensión actual entre el “electrizante Occidente high tech y el turbulento Tercer Mundo”.
Bautizada Madame Déficit por sus detractores, María Antonieta se hizo célebre por sus descomunales gastos en vestuario, perfumes y joyas. “Si no tienen pan que coman pasteles”, habría afirmado una vez, frente a los reclamos de los empobrecidos –y hambrientos– habitantes de París. Aunque los historiadores actuales descreen de la veracidad de esta frase, los franceses, hartos de sostener a la corte más gastadora de Europa, no la ponían en duda. Acusaban a María Antonieta de frívola, derrochadora y libertina. La convirtieron, junto con su marido, el rey Luis XVI, en el símbolo más odiado del abismo social.
Pero no fueron estas cuestiones las que interesaron a Sofia Coppola. “Sólo quería hacer una película sobre una adolescente en Versalles”, explicó la realizadora de Perdidos en Tokio y Las vírgenes suicidas. Justamente, una de las principales críticas que recibió el film fue la poca atención que presta al conflicto histórico y la omisión del trágico final de la reina. La Revolución Francesa, iniciada en 1789 y destinada a marcar un hito en la historia de Occidente, apenas aparece bosquejada. Coppola muestra la revuelta popular frente al palacio de Versalles, pero no avanza en los hechos que siguieron. Aquellos que llevarían a María Antonieta a morir en la guillotina en 1793. Los partidarios del film, en cambio, defienden la plasticidad de sus imágenes, la banda sonora (que combina música clásica y rock) y cierto anacronismo voluntario que deja en claro que se está contando una historia del pasado con un punto de vista actual. Incluso se ha visto en Kirnsten Dunst, la actriz principal, el aire de una “Lady Di” de antaño, en alusión a esa otra protagonista de intrigas, amores y odios cortesanos que también encontró la muerte en París.
Lo cierto es que, más allá de las discusiones, el auge de María Antonieta ha beneficiado a unas cuantas áreas de la industria cultural. Por ejemplo, las editoriales. Se sabe que la joven Coppola se inspiró en el libro María Antonieta, la última reina (versión en español de Edhasa), donde la investigadora Antonia Fraser procura humanizar al personaje histórico. Muestra cómo la pequeña Toinette, convertida en una simple pieza del complejo entramado de alianzas políticas tejido por su madre (la emperatriz austríaca María Teresa), es arrancada del entorno familiar y enviada a una de las cortes más intrigantes y protocolarias de la época. Sola, hostigada por el entorno francés, con una vida conyugal desdichada, la muchacha se refugia en los aspectos más fastuosos, deslumbrantes y lúdicos de la vida cortesana: la ropa, los zapatos, las joyas.
Recientemente se lanzaron al mercado The hidden diary of Marie Antoinette, de Carolly Ericsson (St. Martin Press) y Abundance: A Novel of Marie Antoinette, de Sena Jeter Naslund (HarperCollins Publishers). Catalina de Habsburgo, descendiente de María Teresa de Austria, escribió una biografía en la que analiza cómo la capacidad de reacción de su célebre antepasado fue superada por los sucesos de la Revolución Francesa (en castellano, María Antonieta: una mujer de su linaje relata la gloria y la tragedia de la Reina de Francia, La Esfera de los Libros). Por otra parte, la italiana Benedetta Craveri se ocupa de un famoso entredicho suscitado por un collar de joyas de costo astronómico en María Antonieta y el escándalo del collar (Siruela), y la francesa Chantall Thomas propone en La reina desalmada (El Aleph) que María Antonieta debiera ser considerada la primera reina moderna, dada su obsesión por las extravagancias de la moda. En esta misma línea, Caroline Weber, profesora del Bernard College, publicó Queen of Fashion: What Marie Antoinette wore to the Revolution, un estudio académico que pone el acento en la figura de la reina como innovadora en la moda de su época. Si así reaccionó el ambiente editorial, no es de extrañar que, a partir del estreno de la película de Coppola, el mundo fashion rinda tributo a aquellos tiempos de sofisticado exceso. Como señala Weber en su estudio, María Antonieta gustaba de cubrir de joyas sus vestidos de baile, utilizaba ropa de montar atrevidamente masculina y llevó al extremo el estilo recargado que buscaba exaltar la riqueza de los monarcas. Corsés, lazos, pliegues, bordados, estampados, muselinas, complicadas pelucas que podían llegar a alcanzar el medio metro de altura: delicias barrocas a cuyos pies se han rendido algunos de los más renombrados diseñadores contemporáneos. John Galliano, Oscar de la Renta, Kart Lagerfeld y Dolce & Gabbana incorporaron terciopelo, cuellos altos, brocados, hilos de oro y telas de tapicería a sus nuevas líneas de ropa. La francesa Cherry Chau lanzó una línea de joyería, bufandas, gorros y otros complementos de inspiración cortesana y el Palacio de Versalles sacó a la venta un perfume compuesto de rosa, iris, jazmín, flor de azahar y madera de sándalo que, aseguran, es el mismo que utilizaba la reina. Para la perspectiva crítica de Paglia, no obstante, hay algo más que glamour por detrás de semejante boom fashion. “El perverso disfraz de la edad creado a fines del siglo XVIII por el blanqueamiento de los cabellos de ambos sexos tiene un paralelo en la cirugía estética y las inyecciones para insensibilizar los nervios, que en el presente producen un simulacro de juventud”, explica, trazando otra inquietante simetría entre aquellos tiempos y el espíritu de época actual. En contrapartida, Sofia Coppola, que antes de deslumbrar a las huestes de la cinematografía indie trabajó como diseñadora de ropa, aseguró en un artículo publicado por Vogue: “Pareces superficial y tonta por interesarte por la moda. Pero creo que se puede ser inteligente y frívola. María Antonieta era una mujer muy creativa”.
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