
El sangiovese es otra cosa
Abundante, preclaro y esquizoide en Italia, este cepaje se mantiene mas bien ignoto y escaso en Argentina
1 minuto de lectura'
En el conjunto de los cepajes tintos, el sangiovese no da vinos complicados intelect, de esos que te hablan en difícil, como el cabernet sauvignon. Tampoco se comporta como el merlot, levemente frívolo y malvadito, ni fornido tirando a inocentón tipo malbec, o seductor de las jóvenes incautas, como el syrah. No se inscribe en un curso corto para recibirse de otro cepaje más fachoso, a la manera del tempranillo con el cabernet, ni las va de modales elegantes aleatorios algo neuróticos, como hace el pinot noir. O adoptando perfil luctuoso, al estilo del tannat, cuya virtud más exclusiva es pertenecer a la raza negra. No, el sangiovese nada que ver: es otra cosa.
¿Qué otra cosa? Estos tintos italianos del corazón de la Toscana, de la Umbria y de la Emilia Romagna mediterránea funcionan multitudinarios en aquellas comarcas: es la cepa tinta más cultivada en el país. Pero tiende a ser remisa a viajar frecuente y lejos. Menos todavía, a hacer pata ancha y afincarse en climas extraños.
"Maniática", anoté, una vez que la calificó el sabio Mariano Di Paola. Por no decir esquizofrénica. Pues para ejercer a fondo esas sofisticaciones hay que vivir en las grandes urbes. En las glebas rústicas rurales, la neura apenas le alcanza a uno para hacerse el maniático. Pero no sé, no explico, las vicisitudes ampelográficas no son mi materia.
En cuanto a las esquizofrenias, verifico solamente que en la Italia central los abundosos viñedos Sangiovese Piccolo dan en líneas generales unos chianti maso, poco prestigiosos, que se descorchan en cualquier euforia pastasciutta local como vini da tavola. Es el totín toraba nuestro de cada día en Arturito, el reducto Martita o el Rodi de la Recoleta. Bien tomable, aunque sin excesiva gloria. Pero, al mismo tiempo, en un terruño toscano próximo a Siena vinifican también con sangiovese un Brunello di Montalcino, con cuatro a ocho años de estiba en botella, que tiene firme fama de mejor vino italiano. Y un taca-taca high haciendo juego.
Lo probé y no me gustó. Púrpura negro, bajo de aromas, de textura megaconcentrada y paladar bien parkeriano, de neto asfalto derretido. No se me ocurre con cuál plato de qué comida puede combinar.
Viaja mal el sangiovese, pero se cultiva entre nosotros, y también en California. A Mendoza lo trajeron los tatarabuelos fundadores, junto al malbec, la bonarda, el lambrusco, la barbera del Piamonte, la aspiran bouschet, el tannat, etc., para usarlo exclusivamente como uva tintorera. Esto es, vinos retintos de corte, destinados a dar vigor profundo a los vinos comunes, de uva criolla grande o cereza. Que hasta los años 70 constituían el 98% del consumo nacional.
El 2% restante era de genéricos, assemblages o blends de cepas finas, como el Montchenot de López, el Valroy de los antiguos Arizu (pinot noir/cabernet/merlot), el malbec con merlot del antiguo Borgoña Federico Benegas, el malbec con syrah y barbera del Pont L’Eveque Escorihuela, el Bar-Le-Duc de Pascual Toso, todos madurados tres-cuatro años en toneles grandes de roble centenario.
La irrupción comercial del marketing Napa Valley contra el virtual monopolio exportador francés empezó a reemplazar (década del 80) los auges blends tradicionales por la fashion de los varietales ciento por ciento. Fueron los single vineyards del debutante malbec, el clásico cabernet, el bonarda sanjuanino, el merlot, el syrah: hasta el borde de lo desconocido en procura de lo nuevo.
El sangiovese también. Pero en su caso, con apenas tres o cuatro opciones. Pocas. Este cepaje siempre fue Otra Cosa.
1. Mejor opción
San Felipe Roble Sangiovese 2007 ($ 25), de aromas cautos levemente ahumados, sin (pese a la añada) conceder tranco de pollo a la fashion New World Parker. Una buena puerta para entrar en el aprecio del cepaje. Dato clave: donde vea una botella 2002, cómprela tac, sin titubeo. Este es impecable donde el otro aparece fuori serie.
2. Orgánico
Orgánico y todo eso -una especialidad de Alto Salvador-, este sangiovese de San Martín acompaña con beneplácito, a mi parecer, un panaché de legumbres sobre velouté light hecha en casa, o plato alternativo de paladar sin culinarias de artificio. Franco, fresco y fluido. Una muy aceptable segunda opción.
3. Deschave mio
Razón subsidaria poco conocida para explicar la particular versatilidad del Rincón Famoso ($ 20), de Bodegas López: en su fórmula de corte el vino base es un sangiovese de Tupungato. Los otros dos componentes: malbec y merlot. El viñedo de altura subsana el ciclo largo (maduración tardía) del cepaje italiano
Entre copas
After Martini Los martes, el White Bar del Hotel Madero propone un after-office con cócteles a base de Martini, a cargo de Emiliano Carpentieri y Rolando Solís, con DJ & VJ en vivo. Rosario Vera Peñaloza 360, Puerto Madero; 5776-7677. Varietales Bodegas Trapiche extiende su línea de varietales con dos nuevos ejemplares, Tannat y Torrontés ($ 13).






