El síndrome de las falsas esperanzas
Cuando las metas y resoluciones no se ajustan a nuestras verdaderas posibilidades, generan frustración y perjudican nuestra productividad; cómo fijar metas
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Cada año, promediando enero usualmente, escribo en un bloc nuevo y rayado mis aspiraciones para los próximos doce meses. Como lo hago hace muchos años ya puedo comparar y hasta encontrar patrones entre las listas. Los temas se repiten, con matices, pero se repiten: hacer más ejercicio, usar menos Internet, procurar más momentos de ocio, tiempo de calidad con mi hijo, mayor organización en el trabajo, entre los principales. Veo (ahora) que la consigna es siempre demasiado amplia y, por lo general, lejana en hábitos al momento en el que escribo el papel, lo que me genera cierta frustración temprana que empieza por marzo y que pesa como yunque el resto del año.
Sé que no estoy sola en esto de la listita de imposibles llena de buenas intenciones y vacía de estrategias certeras. Según el psicólogo John Norcross, autor del libro Changeology, sobre cómo alcanzar metas y resoluciones, más de la mitad de la población traza algún tipo de plan de metas, y es bastante común que se repitan una y otra vez por más que no se hayan alcanzado el año anterior. Este hábito fue bautizado por el psicólogo Peter Herman como el síndrome de las falsas esperanzas. El ciclo funciona así: nos proponemos una tarea difícil o casi imposible y, aunque hagamos algunos movimientos hacia eso, no llegamos a concretarla. Y esto impulsa a reapostar el año siguiente, pero siempre de una manera poco realista. Según Norcross, los pasos que damos no son lo suficientemente significativos para alcanzar el objetivo fijado y entramos en un espiral de frustración. "Las personas que idearon una resolución pero que no trazan un plan detallado tienen un 4% de chances de lograrlo", sentencia.
Hay algunas estrategias que podemos usar a la hora de escribir la lista este año partiendo de una premisa ineludible: el cambio será incremental. Un cambio de comportamiento requiere un recableado que a nuestro cerebro le tomará entre 60 y 90 días hacer el switch y asimilar una conducta temporaria como habitual. Que colegas, familia y amigos estén al tanto de la búsqueda de estas metas es excluyente, dicen los expertos. Se necesita, además, de un monitoreo diario interno, un control y apoyo externo. Alguien con quien corregir los desvíos y festejar los logros.
Para la lista de proyectos y deseos 2015 utilicé dos métodos que vienen dando frutos. El primero se llama Smart. Las siglas hacen referencia a los términos en inglés de Específico, Medible, Alcanzable, Realista y durante un Plazo Definido. Escribo cada meta siguiendo de manera estricta las cinco variables. Por ejemplo, para estar menos en Internet utilizo apps que controlan en tiempo y lo miden. Fijé una meta de una hora menos por día por cuatro semanas. Luego revisaré y repautaré según los resultados que vaya obteniendo.
Es importante no formular deseos genéricos o abstractos, deben ser concretos y cuantitativos. Así quiero ser más feliz no sería una meta válida, pero quiero aumentar mis salidas al teatro, sí. Otro método similar se llama Grow, que proviene del mundo de los recursos humanos. Se trata de escribir el objetivo, el escenario desde donde se intentará, las opciones y obstáculos, y cuál es el camino que se intentará seguir. Todas opciones más realistas para que la lista de este año se transforme de una simple enumeración de deseos a una guía de trabajo, mejora personal y disfrute.






