
El sostén llamado queso
A falta de plato sabroso, nos quedan los donaires de un Sbrinz, la pimienta excitante de un Pepato
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Nueve veces de cada muchas más, al cruzarse en la calle, en la cola del supermarket o la antesala de un dentista con alguien vinculado de manera directa, indirecta o circunstancial con el quehacer de los vinos, el argentino ambos sexos término-medio, medio-alto, suele plantear frecuente la siguiente disyuntiva: "¿qué debo saber para saber de vinos?"
Primero que nada y antes que todo -contesto yo en esos casos-, incorporar a su plantilla de conocimientos básicos que el vino debe ser siempre un episodio gourmet. "Ah, bueno", ratifica el preguntante. "¿Qué es eso?" Episodio gourmet significa que uno debe tomarlo sentado a la mesa, comiendo algo que le vaya. En copa, además, y no en vaso, salvo que el susodicho sea totín de la especie toraba.
"Perdón", dice el medio-alto. "En las cata-catas yo he visto muchas veces que los conocedores prueban los vinos de dorapa sin comer nada. Salvo por ahí algún saladito flácido". Usted es un veterano, le reconozco al medio-alto. "Se hace lo que se puede", dice el otro satisfechísimo.
Pero esos protagonistas de las cata-catas no son consumidores sino wine lovers , gente que no toma vino sino que los degusta. No acompañando al tinto con bocado de comida, tal como indicó Dios Nuestro Señor en sus diez mandamientios del monte Sinaí, este zumo fermentado de la vitis vinífera acrece sus astringencias tánicas, adquiriendo un paladar poco apropiado para el consumo mayoritario de los argentinos.
En este punto tac del presente texto llueven ya las protestas de los teólogos ortodoxos. Arguyen con fundamento que entre los citados mandamientos no figura este precepto referido al escabio. Figura, figura, digo yo, pero en la letra chica, esa que uno nunca lee y entonces después se golpea la cabeza contra el muro de los lamentos. Así, pues, el vino debe tomarse siempre mientras uno conversa con la que te dije y paladea la comida.
No habiendo comida, cosa cada vez con mayor fre-cuencia en Buenos Aires, el saboreo de los vinos debe ser acompañado por lo menos con un plateau de fromages, forma finoli de referirse al queso. En las degustaciones maso suelen servirse estos quesos, pero si ocurren en hotel piripipí, al Roquefort, Cheddar o Brie se los tiene por poco glamorosos, y el chef -recién llegado de entrenarse en el Bulli o algo así- los sustituye por crujientes de espuma candeal o cocciones lerdas (catorce horas) de andá sabé qué, árduas de desentrañar masticatoriamente hablando. Volvamos, pues, al queso clásico.
En relación con el vino, el queso funciona como una segunda maloláctica. Como todo derivado de la leche (crema, manteca), suele usarse para disimular defectos de sabor. Acompañado, por ejemplo, por un bleu Roquefort, de enzimas coagulantes, hasta un Syrah Reserva 2005 Don Diego ($ 50), logra amainar taninos y medio recupera sensualidad. También un Pepato, coagulado por cuajo de cabrito, consiguió avispar no hace mucho a un Merlot 2004 Tempus Alba ($ 52), vinificado áspero alla Parker por José Luis Biondolillo.
Los efectos benéficos del queso sobre el vino reactualiza la conveniencia de no servirlo para hacer boca acompañando un jerecito mishu mishu previo a la comida, tipo cantina de extramuros.
Por el contrario, una tabla de quesos debe servirse entre el plato principal (ya comido) y antes del postre. Para que los comensales pueden terminar lo que quedó en las copas, del vino más importante de la noche.
Cuatro lanzamientos de alta gama
Fabre Montmayou presenta nuevas cosechas
Tres tintos y un blanco componen el lanzamiento de las nuevas cosechas de la línea Alta Gama Reserva, de la bodega Fabre Montmayou. Se trata de Malbec 2007, Merlot 2007, Cabernet Sauvignon 2007 y Chardonnay 2008, todos ciento por ciento varietales. Para los tintos estiman siete años de guarda, mientras que para el Chardonnay recomiendan tres años.
Vuelven los brunchs en la mansión
Domingos para deleitarse en el restaurante del Four Seasons
La imponente Mansión del Four Seasons, terminada de construir en 1920, es el ámbito ideal para los renovados brunchs dominicales. Todos los domingos, de 12 a 15, un amplio menú que contempla pastas, sushi, frutos de mar, ensaladas, degustación de parrilla, carnes, postres, vino, café y té. El precio por persona es de $ 190; menores de entre 6 y 12 años, $ 95; menores de 5 años, sin cargo. Reservas e informes: 4321-1720.
Happy hour de vinos en el danzón
La promo contempla un blanco y un tinto de Finca Las Nubes
Hasta el 10 de mayo, el Gran Bar Danzón, uno de los enclaves emblemáticos de la movida porteña, propone un interesante happy hour de vinos. Se trata de dos copas de los vinos Finca Las Nubes Cabernet-Malbec y José Luis Mounier Torrontés, por $ 22 y $ 18, respectivamente, ambos de la pequeña y sofisticada bodega salteña José Luis Mounier-Finca Las Nubes. La promo va de lunes a viernes, entre las 19 y las 21, y sábados, domingos y feriados, de 20 a 22, en Libertad 1161.
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1.- Mix venturoso: Cheddar de Tandil macerado en whisky, acompañando Sauvignon-Semillon 2007 de Postales de Fin del Mundo ($ 17) Exalta fresco sabor herbáceo.
2.- Recomiendo vivamente -quedan sólo 4000 botellas- un afrutado 2005 Petit Verdot de Finca La Anita ($ 140), sostenido por queso Camembert sobre blini.
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Novedades
Tendencias gourmet
Catering personalizado
¿Se puede disfrutar de una cocina actual, creativa y moderna en un evento corporativo o social? Para Fennel, una de las empresas de catering que en los últimos años han ganado un alto grado de reconocimiento en la Argentina, la respuesta es afirmativa. Siguiendo la tendencia actual, la presentación tradicional de los menús se complementa con formatos modernos, lo que les otorga gran estilo y actualidad. La oferta abarca un amplio y variado abanico de platos gourmet. Antes de elaborar cada propuesta de servicio se evalúa junto con el cliente el tipo y motivo del evento, la época del año, el lugar, el horario en que se realizará y el perfil de los invitados o asistentes.
Los servicios pueden ser formales (donde cada invitado tiene asignado un sitio durante todo el evento y se sirven plato de entrada, principal y postre) o informales (para comer con o sin tenedor, de pie o sentado pero sin sitio asignado); con diferentes alternativas de menús: cócteles o finger food (bocados fríos y calientes), tapeos (distintas preparaciones que se presentan en mesas de apoyo), clásicos buffets fríos y calientes, menú de pasos o degustación (selección de platos en pequeñas porciones), y otros. Entre los clientes se destacan grandes empresas, prestigiosas universidades, agencias de gobierno, fundaciones y numerosas embajadas, además de una gran cantidad de clientes particulares. Patricia Gabrielcic es la chef ejecutiva y Sergio Rovagna, el responsable de la dirección comercial de la empresa. Más información: 4574-4797 (líneas rotativas) o en el mail info@fennel.com.ar






