
El teatro de la comida
El romance entre la cocina y las obras teatrales tiene varios años de historia en la Argentina. Mañana se sumará a la lista El pescado original
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La puesta en plato, la puesta en escena. La historia del romance entre la cocina y el teatro es tan antigua como la relación entre el hambre y el mundo. Los cinco sentidos son los invitados de ambas disciplinas . El comensal se rinde frente a un plato de comida, tanto como frente a los actores en escena. Dando cuenta del idilio entre ambas artes, mañana se estrena El pescado original . Jorge Schussheim e Ismael Hase, por primera vez juntos en escena, son los responsables de este sabroso entretiempo montado en Big Mamma, el gourmet-deli del que Schussheim es factótum. Condimentado con canciones, textos y anécdotas, el espectáculo surge como una suerte de respuesta a "esta comida despojada de hoy". Las palabras de Hase, dramaturgo y director teatral y televisivo, armonizan con las de Schussheim, como en un pacto amoroso: "Comer y alimentarse son dos proyectos totalmente distintos, al igual que el sexo y el amor. Cuando se unen, es una celebración". Intimo festejo que se realizará ahí nomás del público, con ambos anfitriones acodados sobre la barra o deambulando entre las mesas del local. A partir de una anécdota, el tedioso tiempo de espera cuando la cocina de un restaurante está retrasada, el espectáculo adopta la forma de una receta. Primero, se bebe una copa de bienvenida y se saborean los canapés de pastrami. Luego se degustan los textos del propio Hase, Fernado Pessoa, Jorge Luis Borges yHenry Miller, entre otras exquisiteces literarias. Los poemas y algunas canciones llegan a la mesa en varios servicios, "como solía hacerse en la época de Antonin Carenne", apunta Schussheim. Una referencia sobre aquel chef que sofisticó la cocina francesa posrevolucionaria. Sólo después de cumplido el rito, llega la cena, con tres opciones de entrada o plato principal. En el último rubro, se recomienda probar el pescado original que da nombre a la propuesta: un pejerrey custodiado por verduras.
El cocinero. Historia brutal de la comida es la otra propuesta relacionada con el tema que lleva meses en cartel. El unipersonal -ganador del premio Ace 2000 como mejor espectáculo de café concert- comparte, con el estreno de mañana, el amor por la buena mesa. De todos modos, ambas son diferentes y sabrosas, como los platos de una carta bien pensada.
En El Cocinero , Pablo Alarcón es el responsable del servicio: "Voy por las mesas atrás del pan y la comida", asegura el actor. Recién cuando finaliza la cena, comienza el show. "Amo la cocina y la practico todos los días", señala Alarcón, que durante el espectáculo se da el gusto de tocar la armónica junto a los integrantes de la Picado Grueso Jazz Band.
Ambas obras teatrales rinden culto a la memoria, elemento fundamental para rescatar los placeres gastronómicos, siempre ligados a la infancia. Así, Schussheim destaca que "cuanto más efímera es una sociedad, más efímeras son sus comidas. De ahí que la sopa resulte el plato menos efímero. Se prepara en un caldero, un recipiente en el que todo se conserva. Nada se pierde allí", concluye el multifacético autor de canciones, obras teatrales y guiones, prócer del Di Tella.
Algunas fórmulas culinarias y el anecdotario de la historia de la cocina tejen la trama a la que Alarcón le presta el cuerpo. El cocinero de Leonardo Da Vinci y los secretos del revuelto Gramajo, son algunos de los chismes gastronómicos vertidos en el teatro de la Comedia. Según Hase, la propuesta de El pescado original goza de "una atemporalidad dicha desde hoy, desde nuestra época".
La cocina, ese ambiente reservado al trabajo y la confidencia, sale a escena una vez más. El teatro, en esta oportundiad, ofrece dos menús diferentes . Los platos de uno de ellos ya se ganaron el alma de los clientes. La otra carta estrenará mañana un elenco de sabores trabajados desde hace más de dos meses. Sólo hace falta contar con comensales-espectadores capaces de saborear el dúo de propuestas, realizadas desde el placer y a fuego lento.
El pescado original :
Sábados, a las 21, en Big Mamma, Reconquista 1080. Reservas: al 4894-1228, $ 40, por persona. Incluye: espectáculo, copa de bienvenida y un menú de tres opciones. Entradas: plato de fiambres y quesos, ensalada tibia de higaditos de pollo y verdes o gazpacho clásico. Platos principales: el pescado original, pollo a la cacciatora o spaghettis italianos con negro de sepia y salmón ahumado. Postres: ratatouille de frutas con crema, mousse de chocolate amargo o tirmaisú, vinos y café.
El cocinero. Historia brutal de la comida .
Textos de Carlos Nine. Jueves, viernes y sábados, a las 21, en el Teatro de la Comedia,Rodríguez Peña 1062; 4812-4228, $ 20, por persona. Incluye: espectáculo, tabla de fiambres y, según el día, ravioles con nuez y crema o risotto. Ofrecen, también, helado, pan y vinos.
De producción nacional
Según pasan los años, distintas obras signadas por la comida ofrecieron sus mieles al público. Muchas de ellas fueron amasadas en el off, con esfuerzo y apetito. Tamara , una obra devenida en clásico de la vida cultural porteña, allá por los 90, lograba que el público, entre otras cosas, cenara en abundancia. Protagonizada por Jorge D´Elia en la piel del poeta Grabrielle D´Annunzio transformaba a los espectadores en comensales y casi extras en medio de una trama de suspenso y pasión. Martes eróticos , en cambio, invitaba a escuchar textos de tinte erótico, matizados con gazpacho, antipastos y mariscos. Un menú especial, preparado por el chef Andres Sinner y servido en Babilonia.
Los pensamientos y las angustias experimentados por una mujer mientras se dedica a cortar verduras y amasar el pan, conformaban la trama de Marta y Marta . El público, en aquellas funciones realizadas durante el último año en el Excéntrico de la 18, presenciaba la faena culinaria. Una vez terminada la misma, eran invitados a probar lo elaborado en escena: una preparación a base de arroz, chop suey, pan casero y bebidas generosas.
Por otra parte, los chicos fueron los destinatarios de Rezetas , de Héctor Presa, también representada el año último. Una obra que permitía espiar la cotidianeidad de cinco cocineras en acción. La propuesta incluía la realización de platos familiares para los aspirantes a gourmets. La temida sopa de verduras, suprema de pollo y la tradicional ensalada de frutas conformaban el menú, aderezado con bailes y canciones.
Platos con historia en las tablas
El teatro, arte de raigambre popular, desde siempre estuvo relacionado con la cocina, otra disciplina que también seduce al pueblo. Los más diversos platos y los avatares de los comensales -y también de los que soñaban con sentarse a una mesa bien provista- estuvieron presentes en las diferentes obras, como argumento o protagonistas.
Los atenienses condimentaban su asistencia a las prolongadas representaciones teatrales con habas, nueces y garbanzos. Las mismas sólo se interrumpían para que actores y público salieran a comer. En la comedia Pluto , de Aristófanes -otro ateniense-, los ruegos a los dioses implorando riqueza y salud se aderezaban con libaciones de vino, carnes, panes y aceite.
Los romanos también incluyeron referencias a bocados y hambrunas en sus textos. Una herencia bien aprendida por los italianos que sazonaron su Comedia del Arte con obras que solían incluir algún cuadro donde el comer y el beber reinaban soberanos.
Muchas obras de la picaresca española tienen como tema principal al alimento, aunque casi siempre se plantea su escacez. Al pícaro le toca, entonces, observar cómo los poderosos se atiborran durante los banquetes. El hambre y los esfuerzos para procurar un botín comestible son el motor de este personaje. En la segunda parte del Lazarillo de Tormes, Lázaro dice: "Porque siempre quise más comer berzas y ajos sin trabajar, que capones y gallinas trabajando".
Los cafés madrileños, durante la segunda mitad del siglo XIX, no sólo ofrecían tertulias, sino que además sorprendían a la concurrencia con alguna representación. Con esa premisa nacieron los cafés-teatro. El primero fue el de Capellane, en el que se presenciaba el espectáculo y los ensayos por el precio de la consumición: dos reales.
La tradición de enriquecer el menú de turno con ritos teatrales alcanzó hasta los claustros hispanos. En el Convento del Carmen, situado en la localidad de Sangüesa, en la Navarra Media, aún hoy se celebra una cena muy particular a fines de julio. Un elenco de actores y músicos -enfundados en túnicas con capucha- son allí los anfitriones de un banquete generoso en sopas, pescados y dulces. Un detalle: los comensales cenan munidos de un único cubierto, una cuchara de madera tallada de la que sólo debe emplearse su parte cóncava, a riesgo de derramar los manjares.




