
Emociones tóxicas: "Soy muy exigente conmigo mismo"
1 minuto de lectura'

Frente a un error, muchas personas tienden a castigarse a sí mismas. Viven torturándose y, cada vez que se equivocan, sienten que no se pueden perdonar.
Te invito a considerar el tema desde tres posibles variables:
- Todos tenemos un yo que actúa y un yo evaluador. Este último yo es quien evalúa lo que hace el primero. En ocasiones, el yo evaluador es omnipotente, tirano, castigador, y emite frases como: "Te equivocaste"; "No voy a permitir que cometas ese error". Este yo torturador es un narcisista que condena, lastima y hace que el yo que acciona se sienta débil, inservible, con su estima disminuida. Y que, como resultado, no tenga voluntad de comenzar nuevos proyectos y avanzar.
- En esta segunda posibilidad, hay un yo que actúa y un yo evaluador que no se dirige directamente hacia el primero, sino que está proyectado en la mirada de los demás. Ahora, es el otro quien posee esa actitud punitiva y se queja: "Vos me estás exigiendo"; "Vos me tratás mal". Es la proyección del yo evaluador en la mirada ajena. "¿Por qué me estás mirando así?".
- Y, en tercer lugar, tenemos un yo que actúa y un yo evaluador, pero en lugar de evaluar al primero, este último evalúa a los demás. Como resultado, castiga, corrige; incluso, se burla de los errores de otras personas.
Todos los seres humanos necesitamos tomar a este yo evaluador -que es una parte de nosotros mismos- y sacarle el traje de narcisismo y omnipotencia para colocarle un guardapolvo. Es decir, transformarlo en un maestro que forma, en un amigo que corrige. De este modo, logramos, frente al error, aprender la lección, corregir lo que haga falta y seguir adelante. Así, su función no será la de un "super yo": una conciencia que castiga y bloquea, que desanima y subestima, que se proyecta en los demás y nos hace sentir que es el otro quien me juzga y me castiga. Es decir, el típico condenador de los demás.
Cometer errores es parte de la vida. Todos nos equivocamos en algún momento. Los errores son solo datos que siempre es posible corregir y de los cuales podemos aprender. Necesitamos revestir a nuestro yo evaluador de amor, compasión y afecto. Pues, la vida se trata de ensayo y error, de aprender, crecer y seguir adelante sin detenernos.
Después de todo, ¿quién no tiene un cartel colgado que dice: "Estoy en construcción. Por favor, ¡ténganme paciencia!"? Tratarnos bien a nosotros mismos nos permite dejar de proyectar que los demás nos condenan; también de juzgar y evaluar los aciertos y los errores de quienes nos rodean. Para darnos cuenta de que, entre todos, podemos seguir creciendo paso a paso hacia nuestra mejor versión.






