"En la Argentina, siempre se inventó"

Especializado en marcas y patentes, el estudio G. Breuer cumple 150 años y pone el foco en la innovación
Especializado en marcas y patentes, el estudio G. Breuer cumple 150 años y pone el foco en la innovación Fuente: LA NACION - Crédito: Vera Rosemberg
Delfina Krüsemann
(0)
20 de octubre de 2019  

La biblioteca se extiende desde el piso hasta el techo y ocupa todo el pasillo central del Estudio G. Breuer. Una pared entera cubierta por tomos y tomos de libros con páginas ya amarillentas y encuadernaciones algo deshilachadas de cuero, donde sobrevuela ese aroma levemente húmedo y a polvo que evoca la historia archivada, el legado escrito para la posteridad, la esencia misma del tiempo. "Hay libros del 1800 que todavía se pueden consultar, porque los principios jurídicos siguen siendo los mismos. Y acá atrás tenemos una biblioteca Thompson. Pensar que en los 60 la gente las tiraba porque se las consideraba viejas, ¡y ahora están de moda de nuevo! Todas las cosas, depende del momento en que las mires, van cambiando de significado".

La reflexión es de Jorge Otamendi, abogado que hace medio siglo trabaja en el estudio fundado por su tatarabuelo Gustav Breuer (un inmigrante alemán) y que este año celebra los 150 años de existencia. "Puede que incluso sea más antiguo, pero la primera documentación que tenemos para acreditar su origen es un poder que un cliente le otorgó a Gustav el 10 de marzo de 1869", aclara Jorge quien, como buen abogado, está acostumbrado a la evidencia. El poder en cuestión es una delicada hoja color sepia de caligrafía rimbombante, propia de la época, firmada por dos examinadores cuyos hijos se convertirían en actores clave de la historia argentina: Carlos Enrique Pellegrini y Mario Tomás Perón, padres de Carlos Pellegrini y de Juan Domingo Perón.

Ya que su especialidad original fue el registro de marcas y patentes, el repaso por la trayectoria del estudio G. Breuer (que es apenas más joven que la Constitución Nacional, que en mayo pasado cumplió 166 años) inevitablemente se fusiona con algunas de las invenciones emblemáticas que acompañaron -y muchas siguen acompañando- la vida de los argentinos. Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, fueron por ejemplo la ginebra Peters, los bizcochos Canale y la gomina Brancato; más tarde se sumaron otras como el calzado Alpargatas y la constructora Techint. También hubo clientes extranjeros que necesitaban proteger sus marcas cuando llegaban al país: la italiana Pirelli, la japonesa Mitsubishi, la francesa Lacoste y la anglo-neerlandesa Shell; esta última sigue siendo cliente del estudio, 105 años después.

El estudio acompañó desde el inicio a empresas nacionales y a muchas extranjeras que necesitaban proteger sus marcas cuando llegaban al país
El estudio acompañó desde el inicio a empresas nacionales y a muchas extranjeras que necesitaban proteger sus marcas cuando llegaban al país Fuente: LA NACION - Crédito: Martín Lucesole

Honrar el pasado no impide poner foco en el presente y futuro. En el estudio, hoy trabajan más de 50 personas, entre las que se encuentran otros tres descendientes de Gustav: Agustina Martínez Estrada, Martín Guerrico y Alejandro Breuer Moreno. No todos son abogados: también hay un físico, un químico, un ingeniero industrial y un ingeniero electrónico cuyo trabajo es analizar, por ejemplo, los componentes de un invento, para determinar si se trata de una verdadera invención en términos legales. "En la Argentina, siempre se inventó. Y ahora hay muchísima innovación, aunque no necesariamente sea toda patentable. Para eso, tiene que cumplir con tres condiciones: tener altura inventiva, tener novedad y ser un resultado industrial. O sea, la idea de crear una plataforma como Mercado Libre o un montón de empresas que se generan en base a ideas novedosas y que brindan servicios novedosos no son patentables", explica Jorge. Alejandro suma: "Actualmente, vemos mucho registro de patentes asociadas al campo, a la industria agrícola y a la biotecnología". Sin embargo, hay cifras que quizás hablan de un déficit importante: anualmente, en el mundo hay unas 3,17 millones de solicitudes de patentes; el top cinco de países solicitantes son China (1,38 millones), Estados Unidos (607.000), Japón (318.000), Corea (205.000) y la Unión Europea (166.000). En cambio, la Argentina registró apenas 3500 solicitudes -número bajo incluso si se lo compara con los de Brasil (35.000) o México (17.000). ¿Esto quiere decir que, a pesar de todo lo que celebremos la innovación y el emprendedurismo argentino, en realidad es sólo un espejismo? "Digámoslo así: el hecho de que tengamos un sistema fantástico de patentes no garantiza que vamos a tener cantidad de patentes y de inversiones, porque hay muchos otros factores que influyen en esto. Pero no tenerlo influye muchísimo", razona Otamendi.

En este sentido, hay un sector en donde él encuentra un problema crónico: el de las farmacéuticas. "Mientras que en el mundo desarrollado, la protección de patentes en este ámbito funciona como tiene que funcionar, en la Argentina se encuentra muy deteriorada", dispara. Este meollo tiene larga data: ya la primera legislación, de 1864, no permitía patentar composiciones farmacéuticas. "Creo que se interpretó mal. Yo entiendo que la prohibición se refería a las mezclas que se hacían en las recetas magistrales, que no se consideraban suficientemente novedosas. Pero se tomó como que ningún producto farmacéutico podía ser registrado". Algo que, según Otamendi, los laboratorios nacionales aprovecharon para simplemente importar las drogas básicas y luego hacer los remedios acá; es decir, dosificarlos y envasarlos y venderlos libremente. Una práctica que, claro, repercutió en la falta de inversión propia en investigación y desarrollo, además de no reconocer el esfuerzo de los laboratorios que sí invierten.

El estudio acompañó desde el inicio a empresas nacionales y a muchas extranjeras que necesitaban proteger sus marcas cuando llegaban al país
El estudio acompañó desde el inicio a empresas nacionales y a muchas extranjeras que necesitaban proteger sus marcas cuando llegaban al país Fuente: LA NACION - Crédito: Martín Lucesole

Si bien la ley cambió en 1995, cuando la Argentina se sumó a la Organización Mundial del Comercio, Otamendi apunta que, debido a la presión de laboratorios locales, los trámites de patentes todavía tardan "10, 12, 15 o 18 años", cuando la protección dura 20 años desde la presentación de la solicitud, por lo cual iniciar el proceso es prácticamente es inútil. A este conflicto no resuelto en un sector particular se suma otro obstáculo para los innovadores argentinos en general: nuestro país no es parte del tratado de cooperación en materia de patentes, un acuerdo internacional (con 152 países firmantes) creado con el objetivo de facilitar y hacer más barato el proceso de presentar patentes en otros países. "Nosotros tenemos casos de inventores que quieren presentar su patente local en el extranjero, pero, como no somos parte de este tratado, ellos tienen sólo un año para encontrar un inversor que pague el dineral que cuesta hacerlo en cada país, en vez de poder generar una solicitud en un plazo de casi tres años en el que puede aplicar a los 152 países miembros, o los que quiera dentro de esa lista, de una sola vez. Esto es un obstáculo muy grande para que el inventor argentino pueda desarrollar su negocio afuera".

Pero la Argentina no reprueba en todo: los descendientes de Gustav aseguran que, en materia de marcas y propiedad industrial, la Justicia nacional tiene una jurisprudencia muy buena. "Ha sido muchísimo mejor, más adelantada que casi todos los otros países de Centro y Sudamérica", concuerdan, y confiesan: "Todos los casos que ganamos nos dan alegría, pero los de mayor satisfacción son los que llegan a la Corte Suprema". En ese sentido, el caso de estudio por excelencia fue el de su cliente Christian Dior versus Mampar, de 1986, que sentó un precedente fundamental. Resulta que Mampar había empezado a vender mamparas de baño bajo la marca "Dior" y, si bien la firma francesa no tenía registrada la categoría de mamparas, la Corte dictaminó que de todos modos Mampar se estaba aprovechando de su nombre y prestigio.

Si algo les demostró 150 años de práctica es que los falsificadores pueden llegar a ser muy creativos. Y eso también exige que los abogados echen mano a su propia creatividad. Como por ejemplo les pasó cuando, una vez más frente a la Corte, debieron argumentar por qué a un producto antipulgas para perros le correspondía tener una patente (las patentes veterinarias, hasta ahora, corren la misma mala suerte que las farmacéuticas). Lo que alegaron desde Breuer es que el producto no era veterinario, es decir: no era para el perro, ya que no lo curaba, sino que el fin era matar al bicho. Así ganaron el caso.

"Hay libros del 1800 que todavía se pueden consultar, porque los principios jurídicos siguen siendo los mismos", dice
"Hay libros del 1800 que todavía se pueden consultar, porque los principios jurídicos siguen siendo los mismos", dice Fuente: LA NACION - Crédito: Martín Lucesole

Basta pensar en La Salada para entender a simple vista cuáles son rubros más falsificados: ropa, zapatillas, juguetes, relojes; la mayoría, importados de China u otros países de Oriente. Pero los socios del estudio también prenden sus radares cuando entran a cualquier farmacia, kiosco o supermercado: fragancias, alimentos y golosinas que imitan a las marcas famosas están a la orden del día. "Está lleno de 'inspiraciones'. Y a veces me maravillo con la sutileza, porque es obvio que están copiando la combinación de colores, la tipografía... Pero se alejaron lo suficiente para que no lo puedas impedir", cuenta Agustina. A su lado, Alejandro hace una revelación: "Había hace poco unas barras de chocolates iguales a Mars y yo me compré unas pensando que eran las originales. ¡Me agarró una indignación! Es que la gente no pone la misma atención para comprarse un chocolate que para un perfume, y ellos lo saben", se ríe.

Ser o no ser copia, esa es la cuestión, y no siempre es fácil de determinarlo. A veces, entre ellos mismos, el debate se pone cuasi filosófico y hasta candente. Dice Jorge: "Pasa seguido que un cliente nos manda, por ejemplo, el envase de una galletita que considera que está demasiado parecido a la propia. Entonces, la miramos y empezamos: '¿Y a vos qué te parece?, 'Está en el límite, ¿no?', '¿Y a vos?'. A veces, es una discusión pacífica, otras nos peleamos un poquito", sonríe Jorge, quien también concede que la cosa puede volverse más subjetiva, según el estado de ánimo, el contexto y el paso del tiempo. "Hace unos años, me quejé en voz alta: '¿Pero quién fue el que dijo que estas marcas no se confundían?'. Y de atrás, una voz me respondió: 'Usted, doctor, hace cuatro meses'. Son cosas que pasan".

El estudio acompañó desde el inicio a empresas nacionales y a muchas extranjeras que necesitaban proteger sus marcas cuando llegaban al país
El estudio acompañó desde el inicio a empresas nacionales y a muchas extranjeras que necesitaban proteger sus marcas cuando llegaban al país Fuente: LA NACION - Crédito: Martín Lucesole

Cuando un cliente quiere registrar un nuevo producto y le pide al estudio que haga la verificación correspondiente -¿es original, novedoso, propio?-, si Breuer dice que puede salir al mercado, su Ok debería ser infalible. De lo contrario, puede ocasionar pérdidas enormes en marketing y publicidad para un lanzamiento que terminará en los tribunales. ocasionando más pérdidas. Y todo en medio de una vorágine sin parangón. "Nuestro trabajo cambió muchísimo. Cuando empecé, hace 50 años, si no mandábamos una carta que tuviera 10 o 12 páginas para dar una opinión legal, no éramos buenos abogados. Y esa respuesta podía tardar días en llegar a la oficina del cliente. Hoy, él te manda un mail y te pide para dentro de 24 horas solo una palabra: 'Sí' o 'No'. Pero la responsabilidad que tenés al dar esa opinión sigue siendo la misma. Más allá de que haya marcas, clientes y negocios, lo que nosotros defendemos, en definitiva, es la competencia leal. Es decir, que la lucha por la clientela se haga dentro de determinados parámetros: que no se copie, que no se mienta, que no se denigre, que no se robe. Ese es nuestro sentido último".

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.